Mike Krzyzewski tuvo una respuesta para todo. Incluso para cuando su mejor jugador atravesaba su peor momento del Torneo NCAA y quizá de la temporada.

Pero al final el entrenador de Duke encontró los hombres y las jugadas para vencer a la Universidad de Kentucky y consagrarse campeón del basquetbol varonil colegial estadounidense, este martes en Indianápolis.

Krzyzewski ganó su quinto título personal y el quinto en la historia de los Blue Devils, donde ya se comenzará a hablar del más grande entrenador que haya pasado por el basquetbol amateur.

«Los muchachos jugaron con garra», dijo Krzyzewski. «Todos salieron a darlo todo. Nuestra banca fue la diferencia y como he dicho siempre, con los que quieran jugar es suficiente».

Con un equipo casi de preparatorianos; una inmensa mayoría de jugadores de primer año de elegibilidad colegial, Duke derrotó al equipo que parecía invensible este martes y construido para el campeonato.

En especial, después de que Wisconsin había eliminado en las semifinales a Kentucky, que llegó invicto y quizá como el mejor equipo de la historia en temporada regular y en las primeras tres fases del Torneo NCAA.

Pero por algo se llama la «Locura de Marzo».

Un muchacho que salió «de la nada», que promediaba poco más de ocho minutos en la duela y cuatro puntos en su primer año con Duke emergió cuando más se necesitaba.

Grayson Allen salió de la banca con carácter, decisión, puntos y sobre todo antídoto para frenar en seco a los Badgers en el momento que parecían ya imparables y en el que pusieron una distancia de hasta por nueve puntos en la segunda parte. Allen anotó 15 de sus 16 puntos en los últimos 20 minutos; igual que el movedor de bola también de primer año Tyrus Jones, quien marcó 19 de sus 23 puntos en ese mismo lapso.

Y ambos pusieron el ritmo cuando su mejor jugador, Jahlil Okafor atravesaba el peor momento de la noche y tal vez de su temporada.

«Nunca nos fuimos para abajo», dijo Allen. «Eso fue importante. Sabíamos que las cosas estaban difíciles pero que sólo se trataba de hacer una detención a la vez. Una posesión a la vez. Afortunadamente, las canastas y los rebotes comenzaron a llegar».

Jones y Allen fueron el ejemplo perfecto de un equipo de Krzyzewski en el que sus cuatro jugadores que estuvieron en dobles dígitos ofensivos eran novatos a nivel universitario.

«Fue divertido ver cómo mis compañeros sacaron la casta cuando se requería», dijo Okafor. «Ellos me respaldaron toda la temporada y esta noche no fue diferente».

Fue claro que Okafor desmereció en el partido de campeonato frente al centro de Wisconsin, Frank Kaminsky, considerado el mejor basquetbolista colegial de la nación y de manera evidente mejor preparado para la NBA que su colega.

Pero al final Okafor, ya metido en problemas de falta, recibió de nuevo la confianza de su entrenador y respondió.

Encestó dos canastas directas sobre Kaminsky para remontar esos nueve puntos en que llegaron a estar abajo y empezar una carrera que terminó con ocho de ventaja y el título nacional.

Nadie podrá reprochar nada tampoco a Kaminsky, quien de nuevo alzó su juego casi como una fuerza imparable en la cancha, similar a lo que sucedió en la semifinal para derrotar a Kentucky.

Kaminsky, jugador de último año de elegibilidad colegial, logró su segundo doble doble del Final Four; 21 puntos y 12 rebotes. El centro de los Badgers se convirtió en el primer jugador con al menos 20 puntos y 10 rebortes en semifinal y partido de campeonato del Final Four desde Carmelo Anthony en el 2003.

Wisconsin en general jugó bien su partido. Pero fue insuficiente porque Krzyzewski tuvo respuesta para todo.

Nigel Hayes aportó otros 13 puntos para los Badgers; Sam Dekker, 12, y Bronson Koening, 10.

«Estos muchachos son mi familia, literalmente», dijo Kaminsky. «Nos quedamos cortos porque simplemente ellos hicieron más jugadas que nosotros. No pudimos cumplir la meta para que venimos y será difícil decir adiós».

Para Wisconsin quizá lo más doloroso será ver que su mejor generación de basquetbolistas en la era moderna se irá con las manos vacías, a pesar de que hicieron hasta lo imposible por conquistar el primer título de la universidad desde 1941. «Estoy orgulloso de estos muchachos», dijo el entrenador de Wisconsin, Bo Ryan. «He entrenado por muchos años y nunca vi a un grupo que luchara como este en las buenas y en la adversidad. Siempre estuvieron juntos».

«Fallamos algunas oportunidades, ellos metieron algunos disparos, y al final es una lástima que las cosas hayan sucedido para nosotros de esta manera», añadió. «Pero estoy igual de orgulloso de ellos, como si todo hubiera sido diferente esta noche».


ESPN/www.diariorepublica.com

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