Víctor Cruz, profesor de salsa: la popularidad del wide receiver de los Gigantes de Nueva York no parece tener límites.

Tras comenzar la temporada como un jugador sin un puesto seguro, Cruz es todo un ídolo en Nueva York y atrajo el martes a una multitud a una tienda de ropa deportiva en el corazón de Times Square para enseñarle cómo se baila salsa.

Cruz ha sido la sensación de los Gigantes. Aparte de su inesperada alta producción, el jugador de ascendencia puertorriqueña cautivó a Nueva York desde su peculiar manera de festejar cada vez que anotaba un touchdown tras un pase de Eli Manning.

El primero de sus nueve touchdowns fue el 25 de septiembre y lo que hizo fue bailar salsa en la zona de anotación.

Fue una idea que se le ocurrió para alegrar a su abuela, Lucy Molina.

«Soy medio puertorriqueño y mi abuela fue quien me enseñó los pasos, lo hago para ponerla contenta. Salió de la nada», dijo en inglés el receptor de 25 años. «El éxito fue inmediato y no he dejado de hacerlo».

Cruz, de padre de raza negra y madre boricua, se ha convertido en el rostro de la creciente presencia de jugadores de origen hispano en la NFL.

El fútbol americano es un deporte que aún está muy lejos de ser el más popular en la isla, donde el básquetbol, el boxeo y el béisbol dominan.

Pero Cruz entiende que este Súper Bowl servirá para que le presten atención: «Somos más gente con nombres hispanos. Yo quiero ayudar para que más niños se interesen en jugar».

«Todo esto me divierte. Me gusta que la gente me considere como un modelo», añadió.

Cruz se crió en Paterson, una ciudad en Nueva Jersey con una importante población hispana y a sólo 15 minutos del estadio Meadowlands, la sede de los Gigantes.

En vez de otros deportes, se inclinó por el fútbol americano en el equipo de la escuela secundaria, en el que si acaso había un par de hispanos.

Cruz siguió después a la Universidad de Massachusetts, donde estuvo dos veces a punto de ser apartado por sus malas calificaciones en las clases.

Su llegada a la NFL se concretó como agente libre en 2010. El primer año fue de mala suerte, al quedar descartado tras tres partidos debidos a una lesión del tendón de la corva.

Se encontró con la titularidad esta temporada gracias a la lesiones de sus compañeros y no desperdició la oportunidad que le dio el entrenador Tom Coughlin.

«Soy consciente que al comenzar el año buscaba ganarme una plaza en el equipo, demostrarle a mi entrenador que tenía el talento suficiente y que era capaz de hacer grandes jugadas», afirmó.

Además de sus nueve touchdowns, Cruz terminó la temporada regular con 82 atrapadas y batió el récord del equipo al acumular 1,536 yardas.

«Todo esto ha sido un sueño que no cambiaría por nada. Pero aún queda un partido, el más importante de todos y tenemos que ganarlo», indicó.

Hasta ahora, en tres partidos de postemporada –ante Atlanta, Green Bay y San Francisco– no ha podido anotar un touchdown y así bailar. ¿Qué tal si lo consigue en el Super Bowl, el mega evento deportivo más visto de la televisión estadounidense?

«No estaría mal hacerlo en ese fin de semana», dijo.

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