La presidenta de Brasil Dilma Rousseff cerró su viaje estadounidense con una breve pero intensa parada en Massachusetts el pasado martes, su segundo y último día de visita después de haber estado en Washington, DC. Por la mañana del martes, Rousseff visitó al gobernador Deval Patrick en la Casa del Estado en Boston.

Para Patrick, darle la bienvenida a la primera mujer en convertirse en Presidente de Brasil fue una manera de cerrar importantes acuerdos comerciales, educativos y más; dichos convenios comenzaron a pactarse en una histórica misión comercial que el gobernador de Massachusetts y una delegación de académicos, empresarios y oficiales electos estatales emprendieron en diciembre en Brasil.

Pero para muchos miembros de la comunidad brasilera en Boston, fue una rara oportunidad de ver a su Presidente de cerca; hubo quienes tenían el deseo de quizás poder contarle sus problemas.

Marisa Racini, madre de una joven en Framingham, traía consigo una carta dirigida a Rousseff en donde le relataba cómo su hija no puede asistir a la universidad en Massachusetts por ser indocumentada.

«La Presidenta es mi última esperanza de que alguien ejerza presión con el gobierno [norteamericano] y que mi hija pueda tener un mejor futuro», dijo Racini. Sin embargo, nunca se pudo acercar a Rousseff para entregarle la carta a su llegada en las afueras de la Casa del Estado.

Docenas de familias inmigrantes ondeaban sus banderas verde-amarillas a lo largo de la calle Beacon. Cerca de 100 estudiantes de origen brasilero de escuelas de Somerville y Everett formaron una valla para recibir a Rousseff en las escaleras principales de la Casa de la Estado. Ahí entonaron el himno de Brasil, al cual le siguió el estadounidense.

Después de la breve bienvenida pública, los mandatarios se dirigieron a un almuerzo privado ofrecido en el interior de la Casa del Estado. Al evento asistieron alrededor de 50 importantes líderes empresariales, legisladores y dirigentes educativos del estado. Algunos de los invitados fueron: Victoria Kennedy, Susan Hockfield, Presidenta de MIT, Roseana Sarney, Embajadora de Brasil en EE.UU., Jorge Moran, Presidente y CEO de Sovereign Bank / Santander, Malcolm Rogers, Director del Museo de Bellas Artes de Boston y Robert Caret, Presidente de la Universidad de Massachusetts, entre otros.

Frente a ellos, Rousseff y Patrick dirigieron un brindis reconociendo los lazos que unen a Brasil y Massachusetts. El año pasado, Massachusetts exportó más de $450 millones de dólares en bienes y servicios a Brasil y recibió más de $130 millones en importaciones del gigante sudamericano.

«[Massachusetts] es sobre todo un verdadero centro de educación e innovación», afirmó Rousseff. «Aplaudo los acuerdos de cooperación firmados entre CAPES [un programa nacional de becas en Brasil] y la Universidad de Harvard. Yo preveo que podamos establecer nuevos proyectos con MIT».
De hecho, ella sostuvo reuniones privadas en el Massachusetts Institute of Technology por la mañana del martes.

La educación es una de las muchas áreas en las cuales el estado se asociará con Brasil en los próximos años. El Ministro de Educación brasilero, Aloisio Mercadante (también presente en el almuerzo) confirmó que muchos de los 100,000 estudiantes universitarios que recibirán becas de intercambio podrían asistir a instituciones educativas de Massachusetts.

Por su parte, Patrick mencionó que Brasil, «la sexta economía más grande en el mundo y el hogar de una gran y vibrante parte de nuestra comunidad inmigrante», es un importante aliado comercial.

«BRASIL NECESITA DE HARVARD», Y VICEVERSA
Por la noche, Rousseff dio una charla de 50 minutos, en portugués, en la Escuela de Gobierno Kennedy de Harvard. La Presidenta recalcó que en la última década, 40 millones de brasileros de clase baja alcanzaron estatus de clase media; habló de cómo «Brasil necesita de Harvard», pero, como Brasil es ahora la sexta economía mundial, «Harvard n

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