Lo que habría sido una ceremonia rutinaria para el otorgamiento de la ciudadanía estadounidense tuvo un toque especial el miércoles: una representante de la oficina de inmigración presentó su certificado a un médico peruano que le salvó la vida con una neurocirugía de emergencia.

Frente a 450 personas de 75 países que aplaudían y vitoreaban en un centro de convenciones en Florida, Melissa Wingerd presentó al doctor Gabriel Gonzáles Portillo su certificado de naturalización.

El año pasado, Wingerd sufrió una hemorragia cerebral que casi le causa la muerte, un día después de haber celebrado la fiesta de los cinco años de su hija. Fue llevada al hospital donde Gonzáles Portillo era el neurocirujano en turno.

El médico le dijo a Wingerd que se le había reventado una vena del cerebro por una malformación congénita y que necesitaba operarse de inmediato o moriría. El peruano la operó y en dos semanas la vida de Wingerd regresó a la normalidad.

El miércoles, Wingerd relató su historia ante cientos de nuevos ciudadanos.

«Quería que estas personas vieran un lado diferente de los oficiales de inmigración. Quería que supieran que diario nos damos cuenta del valor que tienen [los nuevos ciudadanos], lo vemos todos los días», dijo después de la ceremonia. «Los inmigrantes traen mucho a este país en muchos aspectos. Traen muchas cosas valiosas. Ellos son este país».

Wingerd, de 32 años, ha trabajado para el Servicio de Inmigración y Ciudadanía de Estados Unidos desde 2008 procesando solicitudes de naturalización y residencia permanente. Sin embargo, ella no fue la encargada de atender la solicitud de ciudadanía del médico peruano.

Gonzáles Portillo, de 48 años, vive en Estados Unidos desde hace 20 años. Anteriormente trabajaba como profesor asistente en el departamento de neurocirugía de la Universidad de Arizona en Tucson. Desde hace casi siete años vive en Tampa, Florida, con su esposa y tres hijos, quienes nacieron en este país.

«Estoy muy feliz, muy emocionado. Fue un largo camino para volverse ciudadano», dijo el médico. «Estoy feliz de saber que voy a poder ejercer mi derecho de votar».

Después de entonar el himno nacional, decir el juramento de ciudadanía y darle un abrazo a Wingerd, Gonzáles Portillo tuvo que irse: tenía varias neurocirugías que realizar.

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