Siete semanas de buscar y esperar por el regreso de su hijo se disolvieron el miércoles pasado en un profundo dolor para los padres de Franco Garcia, el estudiante de Boston College cuyo cuerpo fue encontrado en el lago llamado Chestnut Hill Reservoir, cerca del campus de BC.

Sacerdotes rezaron sobre el cuerpo del joven de 21 años antes de que las autoridades se llevaran sus restos en una van.

«Lo encontré», dijo José García de su hijo, mientras lloraba en su casa de Newton la tarde del miércoles. «Pero no de la manera que quería».

García fue visto por última vez en un bar donde se encontraba con amigos la madrugada del 22 de febrero. Había planeado pasar la noche en el dormitorio de un amigo pero nunca llegó. Su carro se quedo parqueado donde lo dejó, no se registró ninguna actividad en su tarjeta de crédito y su teléfono celular no había sido usado desde que se detectó un «ping» en una torre cercana al lago esa noche.

Varios buzos habían buscado las profundidades del lago desde la desaparición de Garcia. Las autoridades nunca encontraron señal de él hasta que un hombre que paseaba a su perro esta semana reportó haber visto un cuerpo la mañana del miércoles.

La familia dijo que la policía les avisó que la ropa que portaba el cuerpo concordaban con la descripción de lo que García vestía la noche que desapareció. La policía además encontró la billetera del estudiante en su bolsillo y recuperó sus lentes, según la familia. Sin embargo, la oficina del procurador de distrito dijo que no podía confirmar con certeza que el cuerpo era de García hasta que las autoridades realizaran la autopsia.

«Esto no se acabará hasta que sepamos la verdad de lo que le pasó», dijo Luzmila Garcia, madre de Franco. «Lo único que yo pido es encontrar la verdad. ¿Qué le paso a Franco?»

Los amigos de Franco dicen que lo vieron por última vez en un bar de Brighton en la madrugada del 22 de febrero. Luego de ensayar con la banda universitaria a la que pertenecía, el estudiante de química se fue a tomar unos tragos en Mary Ann’s, un bar popular entre los universitarios, con algunos amigos.

Pero cuando cerraron el bar, no había rastros suyos. Al día siguiente, los García entraron en pánico a su regreso de unas vacaciones en Nueva York, al ver que no había noticias de su hijo.

Hicieron una denuncia y la policía se movilizó. Un día de búsqueda a pie, desde el aire e incluso debajo del agua, en un embalse cercano, no arrojó resultados.

Luzmila y José emigraron de Perú hace más de dos décadas e iniciaron una nueva vida con sus cuatro hijos en los suburbios de Boston. José trabaja desde hace años en la misma panadería y Luzmila tiene un pequeño negocio de helados en East Boston, «Frío Rico».

Luzmila dijo que a pesar de que sabía que su hijo estaba muerto, ella todavía sentía su espíritu.

«Lo puedo ver diciéndome, Â’cálmate mamá, está bienÂ’, dijo la afligida madre. «Ã‰l me está diciendo eso».

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