Por Darlene Superville

El presidente estadounidense Barack Obama firmó el martes una histórica ley de reforma al sistema de salud por $938,000 millones que ofrecerá un seguro médico a 32 millones de ciudadanos que no lo tenían y que representa el mayor logro de su presidencia hasta ahora.

Obama y la presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi recurrieron a toda su fuerza política para lograr la aprobación de la histórica reforma al plan de salud que será probablemente gran punto de referencia en las elecciones de mitad de término, a fin de año, y más allá.

La suerte desempeñó también un papel importante.

Tres semanas después de perder la banca de Edward M. Kennedy en el Senado, y con ello el voto que garantizaba la aprobación del proyecto, los demócratas estaban en retirada, peleándose entre ellos, sin saber cómo hacer frente a la nueva realidad de que los republicanos podían bloquear leyes mediante maniobras dilatorias.

Justo en ese momento una compañía grande de seguros médicos anunció que aumentaría sus tarifas un 39%. Ese fue el golpe de suerte que necesitaban Obama y los demócratas, una decisión torpe de la aseguradora californiana Anthem Blue Cross, que le recordó al electorado lo costoso que es no hacer nada. Fue un «momento esclarecedor», relata Nancy- Ann DeParle, una de las principales expertas de la Casa Blanca en el tema de salud. Obama tenía una nueva oportunidad. El proyecto, que había sido dado por muerto, había resucitado. Luego de otras siete semanas de negociaciones y concesiones, los demócratas lograron que se aprobase la iniciativa en la cámara baja, con apenas tres votos más que el mínimo requerido. Fue un vuelco inesperado.

Antes de la firma, Obama alabó a los miembros del Congreso que impulsaron la reforma diciendo que han demostrado «un liderazgo histórico y un coraje poco común».

El proyecto, que representa el mayor cambio en la política nacional desde los años 60 y que culmina un año de amargos debates en un ambiente divisivo, podría contribuir a definir la orientación de los votantes en las elecciones de noviembre.

Celebrando «una nueva era» en la nación — el logro definitorio de su presidencia hasta ahora, que había eludido a otros antecesores — Obama convirtió en ley el proyecto estampándole su firma en una ceremonia en la Casa Blanca.

Lo acompañaron jubilosos demócratas de las dos cámaras del congreso como también otras personas cuyas luchas con el sistema de salud conmovieron al presidente. Obama planeó varios actos para celebrar la ocasión y junto con una amplia comitiva se dirigió al Departamento del Interior después de la firma.

«Con todos los sabihondos, los gestores, las maniobras que se hacen pasar por gobierno aquí en Washington, por momentos era fácil dudar de nuestra habilidad para lograr algo tan grande y complicado», dijo Obama, interrumpido por aplausos.

Los republicanos se mantenían firmes en su oposición total a la reforma por considerarla demasiado costosa e inefectiva. Incluso, secretarios de justicia de 13 estados interpusieron el martes una demanda contra el gobierno federal, asegurando que la reforma del sistema de salud es inconstit

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