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Una nueva cara de la frontera mexicoamericana

Por Marcela García

Cuando se piensa en la frontera mexicoamericana, es común conjurar imágenes violentas y tristes que reflejan una rampante inseguridad: cientos de asesinatos y secuestros frutos de batallas encarnizadas entre miembros de carteles rivales, además de los incontables peligros y mini tragedias diarias asociadas con el cruce ilegal de inmigrantes hacia y desde Estados Unidos.

Sin embargo, en los últimos dos años la pequeña ciudad mexicana de Nuevo Laredo – ubicada en el estado de Tamaulipas y frontera con Laredo, Texas – ha vivido una transformación radical. En sus calles – donde antes era común ver comandos armados de los carteles que atemorizaban a los residentes, donde hace cinco años el jefe policial fue asesinado de manera brutal apenas horas después de tomar su cargo – transita ahora una calma tan poco común en la frontera que ha llamado la atención de la prensa norteamericana. El New York Times y NPR, entre otros medios, han reportado sobre este fenómeno reciente en Nuevo Laredo.

Un nuevo modelo gubernamental de participación ciudadana y desarrollo humano es el «culpable» de esta metamorfosis. Ramón Garza Barrios, un político joven que se convirtió en Alcalde en enero de 2008, prometió reformar Nuevo Laredo y hacerla la ciudad fronteriza más segura.

«En 2006 hubo casi 200 homicidios, mientras que en lo que va de este año se han registrado 24», comenta a El Planeta Garza Barrios durante una visita reciente que hizo a Cambridge.

El Alcalde vino a participar en un panel en el David Rockefeller Center for Latin American Studies de Harvard University, en donde se habló de estrategias innovadoras para reducir el crimen efectivamente y sobre el caso Nuevo Laredo, una ciudad de 355,000 habitantes.

«Cuando llegue al gobierno la gente no creía en sus instituciones locales. Yo tenía que buscar un nuevo modelo», dice Garza Barrios, de 47 años, mientras admite que lo más difícil en su administración ha sido el cambiar la inercia y romper paradigmas.

«Ahora la sociedad ha comenzado a participar, no solo en políticas públicas sino que se involucran en cosas como el presupuesto de la ciudad, por ejemplo».

En el tema de la seguridad, Garza Barrios «limpió» las fuerzas policiales.

«En 2008 dimos de baja una tercera parte de la policía, por corrupción y otros factores. Desde entonces hemos hecho cerca de 2,000 exámenes toxicológicos a nuestros oficiales. No solo eso sino que hemos logrado cultivar la cultura de la denuncia entre la población, y ahora el 60% de los ciudadanos confían en la policía de Nuevo Laredo», dice Garza Barrios.

También se reformó la Academia de Policía no solo con mejores programas táctico-policiales, sino incorporando programas de actitud para que los oficiales «dieran una mejor imagen».

«La idea es meterles el amor por el uniforme», explica.

Pero la labor de Garza Barrios profundiza más allá del tema de la seguridad pública, sin dejar de hacer de ella una prioridad.

«Yo lo que quiero es crear una sociedad fuerte que no se convierta en delincuente», dice el Alcalde, quien viene de una familia de agentes aduanales que siempre han vivido en el área.

«La gente quiere ayudar y participar. Mi modelo es que a través de la cultura, las artes, el deporte, la recreación, a través de la promoción de los valores fundamentales del ser humano, podamos lograr empoderar a la población y que exista realmente un gobierno de la gente. Creo también en las organizaciones comunitarias, que a veces hacen un mejor trabajo que el mismo gobierno».

GARCÍA MÁRQUEZ, SIEMPRE EN NUEVO LAREDO

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