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Un vallenato de 350 páginas

Por Ilan Stavans

Quiero rendir tributo – indirecto, aunque no por eso menos sentido – al trovador Rafael Escalona, rey del vallenato, que murió el 13 de mayo. Gabriel García Márquez, su amigo, lo menciona en «El Coronel No Tiene Quien le Escriba» y «La Increíble y Triste Historia de la Cándida Eréndira y de su Abuela Desalmada». Pero su mejor firmamento literario está en el vigésimo (y último) capítulo de «Cien Años de Soledad», que incluye esta frase: «En el último salón abierto del desmantelado barrio de tolerancia un conjunto de acordeones tocaba los cantos de Rafael Escalona, el sobrino del obispo, heredero de los secretos de Francisco El Hombre».

En un artículo publicado en El País (22/6/1983), titulado «Valledupar, la parranda del siglo», García Márquez dice que Francisco Moscote Daza (apellidos con ecos en el Gabolario) «a quien se recuerda con el buen nombre de Francisco El Hombre porque le ganó al diablo en un duelo de acordeón, está tan implantado en la mitología popular que ahora no se sabe a ciencia cierta si en realidad existió.»

Por su parte, de Escalona, un parrandero incansable (que, por cierto, no era hijo de ningún obispo) afirma en la misma nota de prensa que «con poco más de quince años, había hecho sus primeras canciones en el Liceo Celedón de Santa Marta, y ya se vislumbraba como uno de los herederos de la tradición gloriosa de Francisco el Hombre».

Santa Marta está en el Valle de Upar, o Valledupar, en el nordeste colombiano, cuna del vallenato, al lado de la cumbia, la más colombiana de las músicas colombianas, que se manifiesta a través de la guacharaca, una tambora especial y el acordeón. Popular, es cierto, pero también populachera. «Las familias encopetadas de la región», atestigua García Márquez, «consideraban que los cantos vallenatos eran cosas de peones descalzos».

Pregunta: ¿cómo sería Colombia sin la docena de canciones que nos legó Escalona, entre ellas «La custodia de Badillo», «Honda herida» y «El jerre jerre»? Respuesta: pobre de espíritu.

A tal grado fue influido el novelista por el parrandero que en una ocasión describió su obra maestra, «Cien Años de Soledad», como «un vallenato de 350 páginas».

Ilan Stavans es ensayista y profesor; entre sus libros se encuentra «La Condición Hispánica».

Imparte la cátedra Lewis-Sebring en Amherst College. Su e-mail es ilan@elplaneta.com.

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