Por Marcela García

Los llama por teléfono todos los días; si no logra hablar con ellos, les escribe por e-mail; y cuando eso no es suficiente, también puede hablar con ellos a través de videoconferencia por Internet.

Y es que el sargento Rafael Ramos, de 41 años y miembro de la Guardia Nacional del Ejército en Massachusetts, se ha visto forzado a ser padre en la distancia, y ya casi perfecciona ese arte.

Desde marzo pasado, Ramos se encuentra desplegado en el campamento Phoenix en Kabul, Afganistán, y sus cinco hijos – Nilda, de 22 años; Rafael, de 19; Isaac, de 17; Liana, de 16; y Adrián, de 12 – saben que su padre no regresará hasta enero del próximo año.

«Ellos entienden que estoy lejos porque mi primer oficio es servirle a mi país, saben que estoy acá por una razón correcta, no porque quiera dejarlos», según explica por teléfono Ramos a El Planeta, desde Kabul.

En Dorchester, sus hijos y su esposa Luz María lo saben.

«Lo extrañamos mucho», dice Liana.

EL OFICIO DE SERVIR

Ramos, cuyo trabajo en Afganistán consiste en preparar logísticamente a los convoyes que patrullan por todo el país, se enlistó en la Guardia Nacional de Massachusetts en 1984. Esta es la segunda vez que pasa un día del padre alejado de sus hijos. La primera vez fue en 2004, cuando fue enviado a Irak en donde permaneció un año.

El padre de familia, de origen puertorriqueño, es uno de 32,000 soldados que permanecen en la región de Afganistán como parte de la operación Enduring Freedom, lanzada en 2001 como respuesta a los ataques terroristas del 11 de septiembre.

Pero Ramos prefiere mantenerse al margen del aspecto político de su trabajo y, demostrando su cándido pragmatismo, comenta que el país «es muy bonito».

«En Afganistán hay mucha gente rica pero la pobreza es muy grande», explica Ramos, quien creció en Nueva York. «Pero lo que más me gusta de mi trabajo aquí es que estoy sirviendo a mis compañeros, a mi país, al público de Estados Unidos, al pueblo de Afganistán, etc.»

Cuando este puertorriqueño se enlistó en la Guardia Nacional, lo hizo siendo menor de edad porque, según sus propias palabras, quería seguir el ejemplo de muchos de sus primos que también se estaban uniendo al ejército.

«Yo quería seguir su camino, y además sabía que si me quedaba en Nueva York no iba a hacer mucho», añade.

Casi 24 años después, Ramos no se arrepiente, pero sí deja entrever su evidente tristeza al hablar de sus hijos.

«Justo ayer (jueves pasado) se me graduó mi hijo de escuela secundaria, y me dolió mucho haberme perdido eso», dice. «Estar separado de mis hijos es lo más duro del mundo. Me duele que mi hijo más pequeño, de 12 años, esté creciendo y no poder verlo».

Como sorpresa para su hijo y la escuela entera, Ramos grabó un video que fue presentado durante la ceremonia de graduación en el recinto.

«Me conmovió mucho y se me llenaron los ojos de lágrimas», recuerda Rafael hijo.

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