Por Margarita Persico
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La diabetes tipo 2 de Nancy Rivera se había descontrolado hasta el punto de poner en riesgo su vida.
«Yo era una bomba de tiempo», dice Rivera, de 48 años, madre de cuatro hijos que sufre de diabetes tipo 2.
Ella tenía todos los síntomas: sobrepeso, cansancio y sed constante. Su nivel de azúcar en sangre era superior a 500, cuatro veces mayor a lo normal, que es entre 80 y 120.
Según la Asociación Americana de la Diabetes (ADA, por sus siglas en inglés) hay 24 millones de diabéticos en Estados Unidos. Y estima que 5.7 millones de personas desconocen sufrir esta enfermedad.
«Hablando en términos de salud, la diabetes es uno de los mayores retos de la comunidad latina», dice el Dr. Alexander Green, director asociado en el Centro para las Disparidades de la Salud en el Hospital General de Massachusetts, en Boston.
Algunos doctores se han dado cuenta de que sus pacientes no tienen sufi ciente dinero para pagar los medicamentos.
«Muchos poseen salarios ajustados o sólo reciben dinero cuando trabajan», dice el Dr. Enrique Caballero, director de la Iniciativa para Latinos Diabéticos en el Centro para la Diabetes Joslin. «Ellos no se pueden permitir el lujo de tomar un día libre par ir al doctor, es dinero que dejan de ganar».
Otro problema es el costo de «comer sano» y la relativa falta de establecimientos adecuados en las zonas donde viven. Además, inciden el factor genético y el estilo de vida asociado con los latinos. «Tengo dos hermanos [menores] que son diabéticos, mi madre es diabética, mi padrastro es diabético, mi abuela era diabética», dice Rivera, que ahora está preocupada por su hija, que va camino de tener los mismos problemas.
«La enfermedad es producto de una mezcla genética y de estilo de vida», dice Caballero. «Sabemos que,desafortunadamente, la insulina no es del todo efectiva en la población latina, que poseen una mayor resistencia a la insulina que la población blanca».
Caballero dice que el estilo de vida tiene mucho que ver en el desa-rrollo de la enfermedad. Tanto la mala alimentación como la falta de ejercicio incrementan las posibilidades de desarrollarla.
«Mi abuela comía lo que le daba la gana porque decía que se iba a morir de todos modos, y que se moriría feliz», dice Rivera, que admite enfocar el problema con «la misma actitud». Pero además de la dieta, el ejercicio es básico para evitar los efectos de la diabetes.
«Muchos de nuestros pacientes admiten no querer correr, sin embargo, sí están dispuestos a bailar un poco de salsa», dice Caballero, que considera el factor cultural también importante a la hora de enfrentar los problemas de la diabetes.
Como resultado, Caballero y su equipo han contratado a un instructor de salsa con el que se reúnen mensualmente en una iglesia en Jamaica Plain.
Rivera dice que está controlando su diabetes mediante la dieta y siguiendo los consejos de sus doctores. Está utilizando insulina y sus niveles de azúcar en sangre están entre 155 y 165. No es lo óptimo pero si está mucho mejor que antes.
A Medical and Cultural Approach to Diabetes Treatment
Nancy Rivera’s type 2 diabetes had been so out of control she feared for her life.
«I was a walking time bomb… waiting to explode,»