Por Marcela García
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En enero pasado, el doctor Julio Frenk, ex Secretario de Salud de México, se convirtió en apenas el séptimo decano de la ilustre Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard. Frenk llega a Boston dejando tras él una impresionante estela de logros en México, su país natal, y en muchos otros organismos por los cuales ha pasado, como la Organización Mundial de la Salud, la Fundación Bill & Melinda Gates, y el Instituto Carso de la Salud, creado en México por el billionario Carlos Slim. Graduado de medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, Frenk ha vivido de cerca muchos de los problemas médicos más graves que como decano quiere atacar con excelencia en investigación. Su esposa, Felicia Knaul, sufre de cáncer de seno, y se ha unido a su esposo en su cruzada por mejorar la salud pública y global. Frenk conversó con Salud y Familia sobre sus metas como decano, el seguro médico universal, y hasta la gripe porcina.
-¿Cómo entró en el campo de la salud pública?
-Muy pronto en mi carrera, y en mis estudios universitarios, me di cuenta de que había tanta pobreza y desigualdad en México. Al mismo tiempo, a mí me interesaba mucho saber por qué la gente se enferma, cuáles son las causas sociales y eso fue lo que me llevó a estudiar Salud Pública, porque esas son las preguntas que la salud pública contesta. Toma no solamente al individuo sino a toda la sociedad. Se pregunta «Â¿Por qué alguna gente se enferma y otras no? ¿Por qué en ciertos grupos la muerte es más frecuente que en otros?» Ciertos niños no llegan a ser adultos porque mueren de enfermedades que muchas veces se pueden prevenir. Entonces, de alguna manera, lo que yo decidí siendo aún estudiante de medicina fue hacer de la sociedad mi paciente y por eso me fui a Estados unidos a la Universidad de Michigan a estudiar salud pública.
-¿Tenía usted en mente por aquel entonces el llegar a ser Ministro de Salud en México?
-Nunca fue una meta explícita, pero era algo que siempre pensé que si se diera el caso siempre sería una gran oportunidad. Yo lo que quería hacer era regresar a México para que pudiera haber más investigación, porque aunque hay mucho que ya sabemos, nos queda mucho por saber aún, por qué las cosas son como son y qué podemos hacer para mejorarlas. A mi regreso de Estados Unidos, donde estudié maestría y doctorado, había en México un Ministro de Salud [Guillermo Soberón] muy inteligente y muy comprometido con mejorar las cosas. Él me ayudó a establecer las bases para el Instituto Nacional de Salud Pública, que es ahora, más de 25 años después, el principal centro de investigación y entrenamiento en cualquier país en desarrollo, no sólo en México o en América Latina. Este centro es reconocido como el más avanzado y así fue como yo empecé.
-Como Secretario de Salud de México, ¿cuál considera que fue su mayor logro?
-Hice muchas cosas en seis años, pero si tuviera que escoger una, sin dudas sería el haber diseñado un sistema universal de salud para lograr lo que ahora es el centro de debate en Estados Unidos, que es un seguro de salud que cubra a todo el mundo. Lo que pasaba en México, que no es distinto a lo que pasa aquí, es que la mitad de la población no tenía seguro. La otra mitad tenía el seguro social que, al igual que en Estados Unidos, está ligada al empleo. Lo que yo planteé es que tener seguro no es una consecuencia de estar empleado, sino un derecho de las personas, estén empleadas o no. Tener la posibilidad de la atención médica sin arruinarse económicamente. Esa fue una forma diferente de enfocar el tema del seguro. Como nos faltaba la mitad de la población por asegurar, lo que hicimos fue crear ese seguro que es muy parecida a la discusión que hay ahora sobre el ‘public plan’, en donde las personas que no tenían seguro socia