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San Ted

Que la muerte haya visitado al legendario senador Edward Moore Kennedy, conocido como Ted, el menor de los barones de esa dinástica familia de irlandeses católicos que transformó el haber político norteamericano de la segunda mitad del siglo XX, no de una bala asesina sino de un cáncer cerebral es, en sí mismo, prueba de su heroísmo.

Las tretas del destino no terminan de asombrar. Sus dos hermanos, John y Robert, prometedores desde su adolescencia, terminaron siendo mártires; en cambio él, disoluto desde una edad temprana (era el bebé), es hoy un titán cuyas huellas se dejan sentir en casi todo lo que hacemos en el país, de una visita al médico en Kansas a la amnistía de un trabajador indocumentado en Texas.

Basta un ligero vistazo a su biografía para darse cuenta cuán rapaz fue su historia personal. Era alcohólico y mujeriego. De estudiante fue expulsado de Harvard por haber persuadido a un amigo para que tomara un examen de español en su lugar. En 1969 estuvo en un accidente automovilístico en Martha’s Vineyard, que abandonó inmediatamente y en el que murió una mujer que había trabajado con uno de sus hermanos. Y en una ocasión posterior, un sobrino suyo que trasnochaba con el senador fue acusado de violación.

Felizmente, estos percances, y las numerosas tragedias de que fue testigo, no menoscabaron su carácter sino que lo engrandecieron. Confieso que cuando me enteré que había fallecido, el 25 de agosto, derramé un par de lágrimas. Soy, por naturaleza, escéptico, sobre todo en materia política. Quizás esa lucidez me venga por ser mexicano: la política y la hipocresía, para mí, son hermanas gemelas.

Lo opuesto distinguió al senador Kennedy: su honestidad. Tuvo una cualidad envidiable: supo transformar sus defectos en virtudes. Confrontado con el desmantelamiento de sí mismo y su circunstancia, asumió la mayor de las responsabilidades con las que nos enfrentamos: mejorar el orden universal.

De no estar preocupado por ocultar las mil y un torpezas del Papa actual, el Vaticano debería animarse a santificarlo. San Ted: un modelo a emular.

Ilan Stavans es ensayista y profesor; entre sus libros se encuentra «La Condición Hispánica». Imparte la cátedra Lewis-Sebring en Amherst College. Su e-mail es ilan@elplaneta.com.

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