Una a una, las manos se iban sumando en las ventanas de la cárcel Correccional del Condado de Suffolk en Boston. Al principio saludaban; más tarde se fueron pegando a los cristales polarizados: una, dos, tres, cuatro. En una de las ventanas apareció una súplica: «Free Us» (Libérennos), formada con improvisadas letras de papel. Las manos comenzaron a golpear los gruesos cristales, y los mensajes comenzaron a inundar las ventanas: «Sigan la Lucha», «El Salvador», nombres de hispanos detenidos y, a veces, simplemente corazones de papel dibujados improvisadamente.
Abajo, en la calle, tras la barda de la cárcel, un grupo de unas sesenta personas respondía a los mensajes saludando, cantando y exigiendo la libertad de aquellos que la perdieron en busca de una vida mejor, y que ahora están rehenes del sueño americano.
Y aunque la escena parecía digna de algún filme hollywoodense, aquí no había ficción.
Afuera de la correccional, se realizó la vigilia el 22 de noviembre también para recordar a Pedro Juan Tavarez, el dominicano que el pasado 19 de octubre murió en el hospital Brigham and Women’s de Boston a causa de una presunta complicación médica no atendida que se presentó mientras estaba detenido en la correccional luchando contra la deportación a su natal República Dominicana.
«Es una vigilia en apoyo a los inmigrantes detenidos en esta prisión que son cientos», explica Sergio Reyes, integrante de la Coalición Primero de Mayo, dedicada a luchar por los derechos de los trabajadores documentados e indocumentados en este país. «Este ha pasado a ser el mayor centro de detención en Massachusetts, y Juan Tavarez falleció en prisión de neumonía, en un hospital de aquí, algo que podía haberse evitado», dijo Reyes, cuya agrupación fue una de las 10 que se sumaron a la protesta, la primera organizada por iglesias y agrupaciones religiosas del estado.
«La mayoría de los que estamos aquí son gente de iglesia, no los activistas tradicionales, eso es importante, que grupos progresistas religiosos comienzan a involucrarse en esta lucha», explicó Reyes, al subrayar que el caso de Tavarez es uno de los muchos que se registran en las detenciones de inmigrantes. Algunos de esos casos quedan sin resolverse; otros, nunca serán conocidos.
«Hay gente que está muriendo en las prisiones, no solamente latinos, y debemos de hablar en nombre de ellos», dijo Reyes, quien dirigió uno de los cánticos durante la vigilia que inició a las 2:00 pm con oraciones en memoria de Tavarez, un humilde chofer de Rhode Island cuya muerte continua siendo investigada por las autoridades.
De acuerdo con reportes emitidos en agosto pasado por el Sindicato de Libertades Civiles Americanas (ACLU, por sus siglas en ingles), el saldo de inmigrantes muertos en centros de detención de la Agencia de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), alcanzó los 103 casos en los últimos seis años. Desde entonces, y con la muerte de Tavarez y otra más registrada en 2006 también en el condado de Suffolk, serían 105 los decesos ocurridos en centros de detención para inmigrantes.
Michael Glenn, del Movimiento Santuario Nuevo, una de las organizaciones al frente de la vigilia, lamentó la muerte de Tavarez y de miles de inmigrantes que ocurren en la frontera con México, y manifestó su deseo de que tales decesos sirvan para denunciar la gravedad de las acciones contra los trabajadores de otros países y detener la violencia en su contra.
«Hay un ambiente de agraviar a los inmigrantes y para nosotros, en las iglesias, es muy importante decir que los inmigrantes son bienvenidos», dijo Glenn.
Tras las oraciones iniciales y los cánticos en español, los participantes recorrieron la calle