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Ortega llega con su «bocho»

Por Greg Cook

Fue en la Bienal de Venecia en 2003 que Damián Ortega presentó la obra que se ha convertido en la más representativa de su trabajo, titulada Cosmic Thing. Ortega desintegró en su totalidad un Volkswagen Beetle, modelo 1989, y colgó las partes por separado. El resultado parecía un diagrama en 3-D.

Era una especie de monumento fl otante al fi n de la era del carro, que dejó de producirse ese mismo año. La obra hablaba sobre la Ciudad de México, de donde es originario Ortega y en donde el carro es el más popular. El carro separado en todas sus partes era la metáfora de Ortega para los átomos que componen las moléculas, para las rocas y gases que se combinan para formar galaxias, para la relación entre individuos y sociedades. Pero sobre todo, era un escaparate original para un automóvil que se ha vuelto eternamente famoso.

Cosmic Thing está incluida en ‘Hágalo Usted Mismo’, la revisión de 13 años del arte de Ortega en el Instituto de Arte Contemporáneo de Boston. Y es precisamente esa pieza la que ejemplifi ca las fuerzas y las debilidades del estilo de Damián, un estilo basado en la escultura conceptual. Ortega espera que la audiencia norteamericana vea muchas cosas en el «bocho» desintegrado, pero no ofrece lo sufi ciente para llevarnos a México o al cosmos. De alguna manera supone que uno automáticamente reconocerá esas asociaciones, y saber que tales han sido el génesis de su creación.

Entre más se le queda uno viendo al «bocho», o en lo que se camina entre sus partes suspendidas en el aire, las supuestas asociaciones se desvanecen y todo comienza a parecer como un truco.

Ortega comenzó su carrera artística como caricaturista político para periódicos mexicanos. Pero le frustraba ver cómo sus ilustraciones rápidamente perdían importancia. Damián quería que su trabajo perdurara y en los años 90 se cambió a las bellas artes. Sus esculturas a menudo evidencian un deseo de analizar y criticar la sociedad, que proviene de su profesión anterior.

«Movimiento en falso (Estabilidad y crecimiento económico)» (1999) muestra tres barriles corroídos que giran peligrosamente encima de una plataforma de madera, sobre sus bordes. Es una ilusión óptica magnética arraigada en un chiste: la economía basada en el inestable precio de los barriles de petróleo.

En sus obras, Ortega exhibe una ingenuidad física astuta, pero no es lo sufi cientemente distintiva, ni lo sufi cientemente coherente, para que quede permanentemente plasmada en mi conciencia.

Una excepción puede ser «Nueve Tipos de Terreno» (2007), nueve videos proyectados sobre las paredes en las que Ortega muestra el derribo de fi las de ladrillos como si fueran fi chas de dominó. Aquí no se necesita mucho contexto. Saber que fueron realizadas en Berlin – donde el artista vive desde hace dos años – añade interés al trabajo, pero el conocimiento no es requerido para apreciarlo. Basta con mirar la cascada de ladrillos de líneas que serpentean, carreteras con muchas curvas, ver los ladrillos derrumbarse, y después verlo todo de nuevo. Es muy entretenido. Es como ver materializado el sueño de un niño.

«Damián Ortega: Do It Yourself», Instituto de Arte Contemporáneo, 100 Northern Ave., Boston, $15. Sept. 18, 2009 – Jan. 18, 2010. (617) 478-3100. icaboston.org.

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