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OPINIûN: El oprobio de McNamara

Por Ilan Stavans

Hay un momento revelador en el documental de Earl Morris, The Fog of War: Eleven Lessons from the Life of Robert S. McNamara, sobre el arquitecto de la catástrofe militar en Vietnam bajo cuyas órdenes murieron unos 15,000 soldados norteamericanos (muchos más fallecerían hasta 1975, cuando finalmente terminó el conflicto, ni hablar de más de tres millones del lado vietnamita), en el que dice, con descorazonadora certeza, que en una campaña bélica la línea que separa al bien del mal, al ganador del perdedor, es de tal manera frágil que él mismo hubiera podido visualizarse como criminal de guerra.

Ahora que McNamara ha muerto, me gustaría imaginarlo de esa forma: siendo declarado culpable en un juzgado de Ginebra por sus delitos contra la humanidad. ¿Veredicto? Una sentencia de muerte.

En vez de esa condena, luego de su desempeño como Secretario de Defensa para Kennedy y Johnson (1961-1968), presidió el Banco Mundial de 1968 a 1981, luego de cuyo período se dedicó, en la vejez, a caminar las aceras de Washington, D.C. (vivía cerca de la Casa Blanca en la época de Donald Rumsfeld, quien merece un veredicto similar). Para colmo, Johnson lo condecoró con la medalla nacional de la libertad.

Este graduado de Harvard estaba a la cabeza ejecutiva de Ford Motors cuando Kennedy lo invitó a dirigir las fuerzas armadas. Él le dijo al presidente que no tenía la menor idea de cómo ejecutar tal asignatura. Kennedy respondió: «Â¿Y cree Ud. que yo fui a una escuela para presidentes?».

Le debemos, además, algunas hazañas altruistas, entre ellas el desarrollo de un análisis de sistemas. En los noventa, en lo que parecía una empresa reconciliadora, McNamara visitó tanto Vietnam como Cuba para dialogar con sus otrora enemigos. Estos esfuerzos no le permitirán descansar en paz. La posibilidad de que el mundo acabara en una hecatombe atómica durante la Guerra Fría era escalofriantemente concreta, gracias en parte a este anti-comunista empedernido obsesionado con la teoría del dominó: si Vietnam triunfaba, creía, China resultaría ganadora.

La inicial intermedia de su nombre era la s: Robert Strange McNamara. Pero no había nada extraño en él. Al contrario, era un mero burócrata que orquestó un holocausto.

Ilan Stavans es ensayista y profesor; entre sus libros se encuentra «La Condición Hispánica».  Imparte la cátedra Lewis-Sebring en Amherst College. Su e-mail es ilan@elplaneta.com.

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