Por: Virginia Gómez

«Dejas caer un solo grano y te crece el maíz entre las piedras, Guatemala es una zona rica en todo». La paradoja es que el 87% de sus habitantes vive en la pobreza y que 15 de cada 100 niños mueren, muchos de ellos por no tener ni qué comer. Con su tono pausado, sin alterarse en ningún momento, el procurador de los Derechos Humanos del país centroamericano, Sergio Morales Alvarado, se vale de las cifras para retratar la situación de un país que retrocede cada año en los puestos de desarrollo humano.

«Ocupamos el primer lugar en desnutrición en América Latina y el cuarto a nivel mundial, según indicadores de las Naciones Unidas, lo cual se ve amenazado con agravarse por la pérdida de hectáreas de siembra de productos básicos como el maíz o el frijol en favor de los biocombustibles», explica Morales durante una visita a Boston para traer hasta aquí su denuncia contra la situación de su país.

Según apunta, el Gobierno esconde «por vergenza» la realidad de Guatemala y eso hace que se desconozca la inmensa miseria que existe a tan sólo dos horas de Miami. «Se nos juzga por el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB), que tiene una tasa de crecimiento interanual de 4.6 puntos; sin embargo, somos una de las naciones más inequitativas y los pobres siguen creciendo. Muchos sobreviven con $3 al mes, qué puede pedir esa gente?», añade.

A la pobreza, se unen el analfabetismo, la violencia intrafamiliar, el crimen organizado y la impunidad. Estos cinco ingredientes constituyen el perfil de un estado que está «muy cerca del fracaso», como lo califica Morales. Uno de los indicadores más preocupantes es el de la seguridad. Actualmente, en Guatemala fallecen cada día 16 personas. En los últimos cuatro años, fueron asesinadas 21,000, de ellas 3,000 mujeres y más de 1,000 niños menores de 15 años. Según estudios nacionales, la tasa promedio de asesinatos coloca a Guatemala no sólo como el estado más violento de América Latina, sino como una sociedad «enferma».

«El Gobierno es incapaz de dar los elementos mínimos de vida al ciudadano, lo cual está siendo aprovechado por los grupos criminales para lograr su impunidad, hasta tal punto que el 97.6% de los 296,000 delitos que se producen anualmente permanecen sin castigar», lamenta el procurador.

HACIA UNA NUEVA VIDA

La realidad de un país en el que la vida se pierde en cualquier esquina y en cualquier momento genera que muchos guatemaltecos decidan huir hacia Estados Unidos, donde ya viven alrededor de un millón. En Guatemala, se hablan hasta 22 idiomas diferentes, por lo que a su llegada aquí algunos son incapaces de comunicarse y se ven obligados a vivir encerrados, sin ninguna posibilidad, y 28,000 son deportados de nuevo cada año.

En este sentido, Morales Alvarado no cree que las políticas migratorias reporten beneficios ni a Latinoamérica ni a Estados Unidos. «Las remesas no compensan, pues las migraciones significan romper familias, abandonar hijos; además, los estados pierden lo que han invertido en el ciudadano y al final no es buen negocio para ninguno», indica.

En este punto, se crea una nueva paradoja, ya que en Estados Unidos el inmigrante se convierte en un motor de desarrollo, pero el país centroamericano no está preparado para afrontar las deportaciones y el emigrante retornado no encuentra las condiciones mínimas para reintegrarse en la sociedad. «Las autoridades permanecen indiferentes, no ofrecen ningún tipo de asistencia para que rehagan sus vidas, ni siquiera les advierten de que atravesar el desierto de Arizona es ir a una muerte segura, no hay respeto por la vida», asegura el procurador.

Desde la Procuraduría de los

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