Por Rafael Prieto Zartha*
Envalentonados por la convocatoria multitudinaria que tuvo la manifestación del llamado Tea Party (Motín del té) el pasado 12 de septiembre en Washington, D.C., los anti inmigrantes están invitando a la realización de protestas contra la legalización de los indocumentados en todo el país para el próximo sábado 14 de noviembre.
La convocatoria a los Tea Parties Contra la Amnistía y la Inmigración Ilegal fue hecha el mismo día en que el congresista Luis Gutiérrez anunció los principios del proyecto de ley que presentará en la Cámara de Representantes para lograr una reforma migratoria integral.
No tengo la menor duda que el llamado a los motines del té contra los inmigrantes es una respuesta al efecto positivo que ha tenido la vigilia del pasado martes 13 de octubre para volver a traer al ruedo el tema migratorio y la necesidad de un cambio amplio y justo que resuelva el problema de papeles a millones de trabajadores y sus familias.
La actividad desarrollada en el ala oeste del Capitolio fue ampliamente difundida, al igual que las concentraciones que hubo en otras localidades de la nación. El mensaje también se hizo sentir en los pueblos fronterizos de Texas, en las montañas de Colorado, cerca del lago salado en Utah, en el Centro de Los Ángeles, en Oregón, en Wisconsin, en Nevada, en Pensilvania.
La presencia de delegaciones de nueve estados para cabildear en Washington y la participación de familias de cinco estados y el Distrito de Columbia para impulsar la reforma provocan optimismo y son una señal de que la preocupación por lograr la reforma no es el desvarío de una minoría de quijotes desorientados que han decidido colocar sus lanzas en ristre para luchar en contra de molinos de viento.
Nuevamente el representante Gutiérrez demuestra que su obstinada terquedad de luchar por los que no tienen voz no se desvía del norte de ofrecer las mayores garantías para sus constituyentes sin voto.
No hacer que los beneficiados de una posible legalización tengan que viajar a sus países de origen a arreglar la documentación, que no se impongan penalidades excesivas, que haya un camino expedito para los estudiantes indocumentados y los trabajadores del campo, y que la reunificación familiar sea pronta, son las premisas del plan del Paladín de los Indocumentados.
Pero yo, que casi todo el tiempo me convierto como el «presentao» en la fiesta, como se dice en Puerto Rico, en el «party pooper», en el individuo que arruina el jolgorio, debo decir que la contraparte está muy bien armada y la coincidencia de la inconformidad de algunos sectores de la sociedad estadounidense con la administración del presidente Barack Obama, les ha caído de perilla.
Glenn Beck, presentador de televisión de la cadena Fox, comentarista radial que transmite su programa por cerca de 400 estaciones afiliadas a la red de Premiere Radio Networks, logró lo que la derecha conservadora no había hecho en mucho tiempo: reunir a más de 70,000 personas en Washington, D.C., esta vez con el objetivo de despotricar del presidente y atacar todas sus iniciativas.
Beck ha llegado a expresar que Obama odia a los blancos y su cultura. Y en el tren de Beck están los resentidos de noviembre, que no aceptan a un afroamericano como presidente; los que sabotearon con sus airados desplantes los cabildos públicos de la reforma de la salud; los que eligieron a George W. Bush, y ahora se quejan de la crisis económica y el gasto público; los supremacistas raciales; y por supuesto, los anti inmigrantes.
En una jugada maestra los opositores a la legalización de los indocumentados están ligando su causa al movimiento de los Tea Parties. Para impulsar su ofensiva han creado el sitio de internet www.AgainstAmnesty.com, donde ya se han matriculado más de una docena de concentraciones para el 14 de noviembre.
La primera de