Por Ignacio Laguarda
Un grupo de activistas y líderes comunitarios que residen en Honduras pasaron por Boston para denunciar verbalmente los actos en su país de origen, en donde el presidente Manuel Zelaya fue depuesto por fuerzas militares y trasladado a Costa Rica. Aunque los Estados Unidos no han reconocido formalmente al acto como un golpe de estado, los miembros del panel de seis personas dejaron claro su opinión que así debería ser considerado.
«Â¿En qué planeta se puede explicar que un grupo de más de 40 militares entran con armas largas…ponen [a Zelaya] en un carro militar, lo trasladan a un avión militar, y lo sueltan descalzado y en pijama en Costa Rica y no considerarlo un golpe de estado?», preguntó indignado Luther Castillo, un doctor quien trabaja en zonas indígenas de Honduras.
Sentados en frente de un cartel que pedía la democracia en Centroamérica, los miembros del panel hablaron de las violaciones de derechos humanos en su país y pidieron al público, de más de 60 personas que colmaron una sala de clase de la Universidad Tufts, que hablen con sus representantes locales para conseguir apoyo para restaurar a Zelaya a la presidencia.
Los opositores de Zelaya lo criticaron por haber intentado cambiar la constitución de Honduras a través de un referéndum para que pudiera seguir como presidente después de que terminara su tiempo de cargo. Los panelistas dijeron que no existe ninguna parte de la Constitución que delinea que las acciones de Zelaya de organizar el referéndum fueron ilegales.
Sin embargo, los miembros del panel dejaron en claro que no apoyan al presidente Zelaya y que lo han criticado en el pasado.
«No apoyamos a Manuel Zelaya», dijo Oscar Chacón, salvadoreño y presidente de la Alianza Nacional de Comunidades Latinoamericanas y Caribeñas (NALACC, por sus siglas en inglés), el grupo que organizó la gira de los panelistas, que también visitaron a Washington D.C. y Nueva York y visitarán a Chicago.
«Lo que realmente nos importa es que fue electo presidente por la gente de Honduras de una manera democrática y acorde a sus propias leyes», dijo. El grupo también anunció que 12 de los 13 concejales de la ciudad de Boston firmaron una carta en contra de las acciones militares en Honduras.
«Agradecemos mucho a Boston que nos ha dado su solidaridad», dijo María Luisa Jiménez, ex policía en Honduras y activista social.
Gerardo Torres, un periodista en Honduras y otro de los panelistas que hablaron durante la presentación, dijo que lo positivo de los acontecimientos en Honduras es que ha unificado a la gente.
«Este proceso ha hecho progresar 100 años al movimiento social de Honduras. Atacaron a nuestra democracia y ahora tenemos un enemigo en común», dijo Torres.
Para Jeannette Huezo, quien asistió a la conferencia, los centroamericanos que residen en los Estados Unidos se tienen que unir para oponerse a los acontecimientos en Honduras.
«Nosotros que vivimos aquí debemos apoyar a los que viven allá», dijo Huezo, salvadoreña y residente de Jamaica Plain. También dijo que teme que los eventos en Honduras puedan causar cambios políticos por todo Centroamérica.
«Si esto se está dando, se puede continuar», dijo. «Es como un cáncer que va a crecer». Para hacer sentir su voz en contra de los eventos en Honduras, Huezo está trabajando con grupos locales que están organizando una protesta en Boston para el 11 de agosto, aunque todavía no existen detalles de dónde ni cuándo se realizará.
«Boston tiene a una de las comunidades hondureñas más activas del país», dijo Chacón. «Esta ciudad tiene la característica de que au