Por Virginia Gómez

Subió al alambre por primera vez con 12 años, atraído por los equilibristas del circo que dirigía su abuelo. Sus años de ensayo y disciplina, y un número espeluznante sobre dos cuerdas flojas que presenta con sus hermanos y su primo, le han lanzado ahora a lo más alto. El madrileño Ángel Quirós, la quinta generación de una de las familias circenses más reconocidas en España, es uno de los siete artistas hispanos que participan en Kooza, el espectáculo que el Circo del Sol exhibe en el Bayside Expo Center de Boston hasta el 12 de octubre.

-¿Cómo surgió la oportunidad de trabajar con el Circo del Sol?
-Estábamos trabajando en Monte Carlo y un agente del circo nos contactó. No era la primera vez que nos lo proponían, ya tuvimos una oferta cuando el Circo del Sol estaba empezando, pero entonces estábamos con el Gran Circo Mundial. La verdad es que nos gustó la idea, pues esta compañía es hoy por hoy lo mejor que hay.

-¿Cuántas horas de preparación requiere el número?
-Al principio ensayábamos de cinco a siete unas cuatro o cinco veces por semana, sobre un alambre a medio metro de altura. Ahora que ya somos veteranos, lo preparamos durante una o dos horas, ya que aparte lo trabajamos en los shows y agota bastante. Es duro para las piernas y la espalda, pero sobre todo mentalmente, pues requiere mucha concentración, ya que un mínimo fallo puede ser fatal.

-Junto con la rueda de la muerte, protagonizan el número más tenso de Kooza, ¿notan la tensión en el público cuando están arriba?
-Sí, a veces miramos abajo y vemos que la gente se tapa los ojos, pero eso nos gusta, pues comprobamos que lo que estamos haciendo funciona, que el espectador aprecia que no es fácil. Al contrario de lo que parece, los gritos del público no nos desconcentran, sino que nos gustan.

-Corren, saltan y montan en bicicleta sobre el alambre mientras sujetan a su hermano en una silla que descansa sobre una barra, ¿se puede hacer algo más difícil?
-No creo que podamos hacer más, de momento esto es lo máximo. El equilibrista antes caminaba, pero nosotros cambiamos el ritmo del número y corremos, saltamos, luchamos con espadas… Sólo correr rápido es lo más complicado.

-La confianza entre ustedes parece fundamental, ¿cómo se consigue esa compenetración total?
-Es algo natural. Siempre nos hemos dedicado a esto, sabemos lo que hacemos, pero es necesario conocer a la persona y tener mucha confianza. En este caso, ayuda mucho el que seamos familia pues, antes de tirar a mi hermano, me iría yo abajo.

-¿Cómo hacen cuando uno tiene un mal día?
-El cuerpo humano no se siente igual siempre. Si vemos que uno al salir empieza a mover mucho los pies, le hablamos entre nosotros como los jugadores de fútbol. Cuando uno no se siente bien de equilibrio, intentamos arreglarlo con la técnica que nos enseñó mi padre. Fue él quien nos inculcó el estar siempre bien descansados y entrenados y quien nos aconsejó ensayar mucho.

-El Circo del Sol reúne en Kooza a los mejores artistas del mundo en su estilo, ¿cómo está yendo la experiencia?
-Hay mucho estilo revuelto y artistas muy buenos, eso está bien porque estoy aprendiendo sobre la profesionalidad de la gente, de los encargados y los cerebros del show, sobre cómo se monta un espectáculo, lo cual me podría ayudar bastante por si el día de mañana quiero montar mi propio circo.

-¿Es tan dura la vida del circo como pintan?
-Tiene altos y bajos, pero es más bien buena, sobre todo si tienes buenos números y trabajas en los mejores circos. Yo quería ser jugador de fút

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