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Amores que matan: La violencia doméstica entre los latinos

Por Josiane Martínez

Miguel había pasado la noche entera tomando. Se despidió de sus amigos a las 2:00am y decidió volver a casa. En su casa dormían sus niños y su esposa tranquilamente; sin embargo, Miguel tenía otra cosa en mente.

«El abuso más grave que cometí contra la madre de mis niños fue llegar esa noche borracho a la casa y pegarle porque creí que tenía otro hombre», mencionó Miguel sobre el incidente de violencia que colmó la copa para su familia.

Ya había utilizado la violencia física hacia su esposa en varias ocasiones, incluso la había engañado con otras mujeres y hasta la había amenazado con no permitirle arreglar su estatus migratorio, pero esa noche su falta de empatía y falso sentido de privilegio masculino, llevaron a su esposa al hospital. «La verdad no sé que más pudo haber ocurrido esa noche porque estaba borracho, lo único que vi en ella es que estaba bien asustada y afligida, y ahora reconozco que ella pensó que yo la iba a matar», explicó el joven de apenas 27 años. Miguel, como muchos inmigrantes, no sólo trajo consigo su deseo de tener una mejor vida, sino su bagaje social y cultural sobre cómo debe tratar a su pareja y sus niños.

Miguel es uno de los cientos de hispanos que participan cada año en uno de los 15 programas certificados de intervención para agresores en Massachusetts.

Cinco de ellos proveen servicios en español. De acuerdo a estadísticas del Departamento de Salud Pública de Massachusetts, aproximadamente un 20% de los hombres que asisten a tales programas son de descendencia latina. El 84% de los casos son referidos por las cortes después de haber sido arrestados, el 7% vienen referidos por el Departamento de Niños y Familias, y un 3% son referidos por abogados, terapeutas privados o bien asisten al programa voluntariamente.

«Aquí se aprende a reconocer los problemas que trae el ser violento. Descubrimos que hemos estado ciegos y que los problemas se pueden resolver si ponemos de nuestra parte», dijo Miguel sobre el programa al cual asiste.

Los programas de intervención consisten en grupos educacionales a personas que abusan de sus parejas íntimas por un periodo aproximado de nueve meses, dos horas por semana. Por lo general, las metas de esta intervención son enseñar al agresor a tomar responsabilidad por su comportamiento y ayudarle a entender que el comportamiento abusivo es una opción, y que sí es posible adoptar nuevas maneras de respeto y comunicación hacia las personas que se aman. Según David Adams, psicólogo y co-fundador de Emerge, el primer programa de asesoría creado en el país para hombres que han abusado de sus parejas y con sede en Cambridge, el abuso es un comportamiento que daña, despierta miedo o evita físicamente que una víctima haga lo que él o ella desee.

La coerción y el asalto físico hacia parejas pueden ser encontrados en relaciones de casados, divorciados, heterosexuales, lesbianas, y homosexuales.

Entre las distintas formas de abuso doméstico que existen se encuentra el abuso físico o utilización de violencia; el abuso o asalto sexual; el abuso emocional y verbal, que consiste en la utilización de tácticas de control tales como intimidación, coerción, amenazas, aislamiento o degradación; y el control económico que incluye la retención o prohibición de acceso al dinero o a otros recursos básicos y el sabotaje del empleo u oportunidades educativas.

«La filosofía de Emerge es que los abusadores saben cómo comportarse de manera no abusiva en la mayoría de las situaciones», añadió Adams, también autor del libro Why do they Kill?, el primer estudio norteamericano sobre homicidios domésticos que incluye entrevistas en detalle con asesinos.

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