La tensión en la oficina de Cameron Micheroni & Silva, donde trabajan los abogados de inmigración Matt Cameron y Kelly Zimmerhanzel, se percibe incluso a través de la pantalla. Una tarde, ambos están sentados en silencio, con el rostro tenso y el ceño fruncido, mientras se reúnen de forma virtual con un cliente con asilo y detenido en Massachusetts, cuya audiencia está programada para la mañana siguiente.
Desde un centro de detención a cientos de millas de distancia, el cliente, quien no será identificado por motivos de privacidad, habla a través de un sistema de audio de baja calidad, con la voz entrecortada. Si lo deportan, dice que su vida estaría en peligro. Pero también teme perder su juventud tras meses en prisión.
Para ellos, casos así se han vuelto rutina. Cameron, quien es socio director de Cameron Law Offices desde 2009, señaló que el trabajo ha cambiado en el último año. Bajo las políticas migratorias de la Administración actual, explicó que la detención se ha convertido en una de las principales preocupaciones entre sus clientes.
“Antes podía decirle a la gente que, si eran detenidos, al menos podríamos lograr su liberación, porque llevaban mucho tiempo aquí”, explicó Cameron. “Ya no puedo decir eso, y toda esa incertidumbre lo hace mucho más difícil”.
Desde que el presidente Donald Trump asumió el cargo hace más de un año, se ha producido una amplia transformación de la política migratoria en Estados Unidos, centrada en la aplicación de la ley de inmigracion, la seguridad fronteriza y las restricciones a la entrada legal al pais. A través de acciones ejecutivas y cambios regulatorios, la Administración ha deportado a unas 350,000 personas desde el 20 de enero de 2025, ha incrementado la presión sobre las llamadas ciudades santuario y ha convertido al Immigration and Customs Enforcement (ICE, por sus siglas en inglés) en la agencia de seguridad pública con mayor financiamiento en el país.
Entre las ciudades señaladas por las autoridades federales se encuentra Boston
Las autoridades federales han intensificado las operaciones en todo Massachusetts, incluyendo redadas de varios días de ICE que resultaron en cientos de arrestos. Y Boston específicamente ha sido parte del debate nacional sobre las políticas migratorias del presidente Donald Trump.
Esto se debe en gran parte a que es una ciudad santuario bajo el Boston Trust Act, que limita la cooperación entre la policía local y las autoridades federales. Trump y su partido argumentan que estas políticas obstaculizan la aplicación de la ley federal, mientras que las autoridades de Boston, incluida la alcaldesa Michelle Wu, han señalado que este enfoque fortalece la confianza comunitaria y la seguridad pública

Zimmerhanzel, abogada asociada, señaló que el miedo crece cada vez más y está presente en prácticamente todos sus casos, sin importar con quién hable.
“Creo que la gente está realmente asustada, hay mucho temor con el que llegan a las citas”, dijo Zimmerhanzel. “Reciben solicitudes de entrevistas o de lo que serían chequeos con ICE u otras cosas que no entienden y que antes no ocurrían”.
La labor de los abogados ya no se limita a la representación legal
Los clientes de Cameron y Zimmerhanzel son recibidos con calidez por su equipo en una oficina donde destaca un colorido póster de East Boston y dibujos de hijos de antiguos clientes.
Con frecuencia vienen acompañados de toda su familia: padres o hermanos que actúan como apoyo para entender la información, e incluso sus hijos.

Muchos de ellos son residentes que llevan mucho tiempo en el país, tienen lazos familiares y enfrentan órdenes de deportación, negaciones de visas o cargos penales que impactan su estatus migratorio. También sus servicios incluyen casos de residencia, naturalización, defensa en procesos de deportación, y representación ante agencias como ICE y los tribunales de inmigración. Además, manejan casos de apelación que impugnan decisiones migratorias o penales, y brindan defensa penal limitada cuando un cargo criminal puede afectar el estatus migratorio de un cliente.
Una vez que llega un cliente, Cameron explicó que, aunque la capacidad de pago es un factor al asumir casos, no es “lo primero de lo que hablamos”. Por eso, los casos que toma son aquellos en los que cree que al menos hay alguna posibilidad de éxito.
“Lo hago sabiendo que no iba a ser especialmente rentable. Hay una forma de hacerlo extremadamente rentable, pero me niego a hacerlo”, dijo Cameron.
Emily Figueroa, asistente legal e intérprete de español de Cameron, atiende muchas de las llamadas antes de dirigirlas con los abogados. Señaló que muchas de ellas implican ayudar a los clientes a manejar el miedo.
“Cada vez que hablo con alguien, los primeros cinco a diez minutos de la conversación son para tratar de calmarlos y tranquilizarlos lo mejor que puedo”, dijo. “Hay muchísimas personas a las que he abrazado mientras lloraban”.

Cuando Cameron empezó a trabajar como abogado de inmigración, nunca imaginó con qué frecuencia tendría que desempeñar también un rol casi terapéutico con sus clientes. Fue formado en derecho, pero ahora gran parte de su trabajo implica acompañamiento emocional. En los momentos más difíciles, su rol también es decirles a los clientes que no podrán permanecer en Estados Unidos.
“Cuando uno estudia medicina, no le enseñan cómo decirle a alguien que tiene cáncer; son los oncólogos que han aprendido cómo hacerlo”, dijo Matt Cameron. El equivalente, explicó, son las malas noticias legales. “Y eso es lo que a veces tengo que decirle a la gente, incluso a personas que llegan aquí pensando que tienen un caso”.
El peso emocional en una oficina de abogados de inmigración
Cameron señaló que desempeñarse a la vez como confidente y como abogado puede ser difícil. Especialmente en los casos de asilo, muchas veces él es la primera persona en escuchar lo peor que le ha ocurrido a alguien. Pero, a diferencia de un terapeuta, Cameron es un participante activo en el proceso.
“Lidiar con ser la persona que no solo tiene que escuchar el problema, sino también hacer algo al respecto, es algo muy inusual para los consejeros”, dijo.
Para manejarlo, Cameron separa su “yo” del trabajo de su vida personal.
“Me despierto, me pongo un traje y empiezo a interpretar un personaje, y eso lo hace más fácil. Creo que los médicos también hacen eso”, añadió.
Cameron tiene otros mecanismos para sobrellevar la carga emocional una vez que se quita el traje. Toca piano, pasa tiempo con su esposa y tiene un par de “vicios”, aunque asegura que uno siempre debe mantener el control.
“Creo que mi mayor consejo para los nuevos abogados, y en general para los nuevos profesionales, es: conozcan cuáles son sus vicios y cómo manejarlos”, dijo Matt Cameron. “No todo el mundo lo identifica al empezar, y hay niveles muy serios de consumo de sustancias y alcoholismo entre abogados”.
La oficina ha tenido que adaptarse a la carga emocional del trabajo: en cada sala hay cajas de pañuelos, e incluso cuentan con un perro de terapia. Aunque están pensadas para los clientes, estas herramientas también apoyan al personal. Para los abogados, el trauma secundario sigue siendo una parte inevitable del trabajo.
“Estoy teniendo muchas más noches sin dormir. Soy una abogada relativamente nueva, así que de repente tengo mucha más responsabilidad de la que había tenido antes, y me descubro pensando en los casos fuera del trabajo. Intentas no hacerlo, pero se trata de la vida de alguien, y eso pesa mucho”, dijo Alana Speich, abogada asociada en Cameron Law Offices.
“Cuidarse primero a uno mismo” también aplica a los abogados

Margo Murphey, estudiante de Northeastern University está haciendo en programa de co-op en el bufete y explicó que muchas partes del trabajo requieren que el abogado se ponga en el lugar del cliente, como la redacción de declaraciones juradas en primera persona que luego firma el propio cliente.
“Escribes y lo pones en perspectiva como si te hubiera pasado a ti… a veces eso puede ser especialmente difícil”, dijo Murphey. “Terminas absorbiendo un poco de lo que ha ocurrido o de lo que está pasando”.
Tanto Murphey como Alana Speich destacaron la importancia de la terapia y de “cuidarse primero a uno mismo”. Pero, más allá de eso, señalaron que saber que están marcando una diferencia es “lo más importante”. Incluso los pequeños avances, como los permisos de trabajo, se celebran.
“Cuando está pasando tanto en este momento y hay muchas cosas en las que no puedo ayudar, al menos sé que lo que hago aquí es constructivo, y eso ayuda a aliviar un poco la sensación de impotencia o desesperanza”, dijo Murphey.
Speich señaló que, especialmente ante las tácticas de la administración actual, se niega a rendirse.
“Ese es el punto: están intentando desgastarte, están intentando sacar a la gente de este espacio”, dijo Speich.
Murphey añadió que sus clientes son lo que la mantiene motivada. La fe y la pasión que ve en ellos, particularmente en comunidades hispanas, le dan energía.
“Si ellos pueden tener fe en que todo va a salir bien, entonces mi trabajo es hacer lo mismo y dar lo mejor de mí”, dijo Murphey.
La relación con los clientes se percibe en toda la oficina. En la recepción, un tablero de corcho está cubierto de tarjetas de agradecimiento y de felicitación, y en la oficina de Figueroa las paredes están llenas de dibujos hechos por los hijos de los clientes.
“Son personas reales”, dijo Emily Figueroa, “con vidas reales, familias reales, hijos, madres y padres que solo están tratando de sobrevivir”.