Por Stephanie Brown
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Ailyn Flaherty no ha vivido muchos Juegos Olímpicos de Invierno. Pero con apenas 8 años, ya es fanática, en parte gracias a alguien que conoce de cerca.
El viernes pasado, ella y sus amigos se apretaron, nerviosos, frente al televisor en el Skating Club of Boston para ver competir a dos patinadores del club de Norwood —Maxim Naumov y Aleksandr Selevko— contra algunos de los mejores del mundo. También estaban en Milán los miembros del club Emily Chan y Spencer Howe para la competencia de parejas.
“¡A mí me entrena uno de los olímpicos del mundo!”, exclamó Flaherty.
Patinadores, familias y amistades siguieron cada momento con tensión. De cierta forma, todos sentían que habían llegado juntos hasta ahí.
Cuando Naumov salió al hielo para el programa libre masculino, la sala quedó en silencio. Pero para la mayoría de los que estaban en Norwood, lo técnico no era lo principal. Habían ido a celebrar, sobre todo, la fortaleza de Naumov por presentarse en Milán, sin importar el resultado.
Los padres de Naumov —quienes también eran sus entrenadores— estuvieron entre las 67 personas que murieron cuando un helicóptero Black Hawk del Ejército de EE. UU. chocó con un avión regional de American Airlines cerca de Washington, D.C., en 2025. En ese vuelo también viajaban otros cuatro miembros del club: Spencer Lane, de 16 años; Jinna Han, de 13; y sus madres, Christine Lane y Jin Hee Han.

Un poco más de un año después, Naumov y otros tres miembros del Skating Club of Boston volvieron a pisar el hielo olímpico.
“Verlo cumplir en vivo el sueño que esa familia tuvo durante los últimos 20 años es algo simplemente mágico”, dijo Kelly Flaherty, mamá de Ailyn y coordinadora de eventos del club.
“Que haya seguido adelante en medio de una tragedia así demuestra su fortaleza, su resiliencia y el amor que siente por sus padres”, agregó Beth Lindberg, madre de otra patinadora.

Mientras veía competir a Naumov, Flaherty dijo que pensaba en Ailyn, quien recientemente fue seleccionada para Tomorrow’s Champions, un programa de desarrollo juvenil fundado por los padres de Naumov.
“Creo que Max es un modelo a seguir increíble”, dijo Flaherty. “Y pienso que trabajó durísimo este año, y es muy especial que les esté enseñando [a mis hijos] estas lecciones desde cientos de millas de distancia".
“Se siente muy mágico poder patinar en una de las mejores pistas de hielo”, dijo Ailyn Flaherty, de 8 años.
Tras la tragedia, Naumov no solo regresó como patinador: también asumió como director y entrenador del programa que habían creado sus padres, mientras seguía entrenando para los Juegos Olímpicos.
“Como mamá de una patinadora, es un ejemplo enorme para mi hija: ver que esto puede pasar”, dijo Lindberg. “Incluso cuando enfrentas algo tan duro y tan trágico, que te cambia para siempre, igual puedes volver a tu centro, levantarte y seguir adelante”.
La hija de 8 años de Jing Tu se graduó recientemente del programa y patinó con los padres de Naumov.
“Eran muy pacientes, como un familiar”, dijo Tu, y añadió que Tomorrow’s Champions es “donde empezó el sueño de patinaje de mi hija”.

Para muchos de los patinadores adultos que estaban en la sala, el momento tuvo un sabor agridulce.
“Cada día que patino aquí pienso que Spencer debería estar en este hielo”, dijo Niko Cohen, de 31 años.
“Tanto Niko como yo éramos muy cercanos a Spencer Lane y a Christine Lane”, contó Elizabeth Arvantis, de 27. “Y poder ver que su memoria sigue viva, que se mantiene presente… es bonito pensar en eso".
Naumov terminó en el puesto 20, después de que Selevko quedara en el 16. En la competencia de parejas, Chan y Howe se ubicaron en el séptimo lugar.
En la sala se escucharon suspiros y aplausos mientras Naumov completaba un debut olímpico con algunos errores. Cuando terminó, el lugar estalló en celebración: una especie de desahogo colectivo tras las emociones del año pasado y, al mismo tiempo, una ola de entusiasmo mientras se preparaban para recibir de vuelta a su entrenador ya como olímpico.
