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La independencia de la prensa es una ficción útil

En Mexican Watchdogs, Andrew Paxman documenta cómo México terminó convertido en una morgue de periodistas.

Hay libros que dejan claro que no vienen a tranquilizar a nadie. Mexican Watchdogs, escrito por el historiador y profesor Andrew Paxman es uno de ellos. Paxman abre con una afirmación que muchos ya damos por sentada, México es uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo.

Esta obra narra como en 2006, el año en que la “guerra contra el narco” de Felipe Calderón desató una espiral de violencia que convirtió a los reporteros en blancos visibles. Paxman es cuidadoso en no simplificar: no fueron solo los narcos. Fueron policías, alcaldes, gobernadores, un sistema judicial incapaz, o cómplice, en castigar, y una sociedad que muchas veces prefirió creer que los periodistas se han sobrepasado.

El autor insiste en descubrir el por qué del desprestigio histórico del periodismo mexicano. Paxman recuerda cómo, durante décadas, los periodistas fueron vistos como mercenarios del poder, operadores políticos disfrazados de reporteros. Durante el largo dominio del PRI, buena parte de la prensa funcionó como un engranaje más del sistema: clientelar, subsidiada, dependiente de la publicidad oficial.

A los periodistas y personas relacionadas con medios, les digo que este libro no me pareció un libro pesimista. Esta obra te prepara explicando que la historia del periodismo mexicano también es una historia de resistencia. Incluso en los años más cerrados de un monopolio partidista (un régimen), hubo grietas. El libro menciona y habla de publicaciones incómodas, editores tercos, periodistas que aprendieron a empujar los límites sin romperlos del todo.

Paxman describe que desde los 90 la prensa mexicana es más plural, aunque implica que la violencia en las décadas más recientes podría percibirse como un retroceso de ese avance.

El libro aplica a interesados en temas parecidos en democracias de otros países donde existe el compromiso a la libertad de prensa. Paxman deja claro el daño que produce un presidente que desacredita sistemáticamente a la prensa crítica, normaliza el insulto y alimenta una polarización que debilita aún más a los medios. No hace falta censurar formalmente cuando se puede asfixiar financieramente o convertir al medio de noticias, o a algún periodista determinado en enemigo público.

En México matan a periodistas y casi nunca se castiga a quienes los mandan matar. La impunidad no es un accidente; es parte del sistema, y cuando el castigo no llega, el mensaje se multiplica.

Leer Mexican Watchdogs no es solo leer sobre México; es leer sobre lo frágil que es el periodismo cuando depende del poder al que debe vigilar, y sobre lo fácil que es normalizar su destrucción. Aparte de denunciar y narrar hechos, este libro importa.

Uno de los aportes más incómodos de Mexican Watchdogs es desmontar una suposición muy extendida: que las democracias protegen a la prensa. En México, la apertura democrática, sobre todo en los estados, coincidió paradójicamente con un aumento de la violencia contra periodistas. Más competencia política no significó más rendición de cuentas; muchas veces significó más caciques locales, más impunidad y menos controles.

El libro describe con crudeza el repertorio de agresiones que enfrentan los medios regionales desde 2006: intimidaciones policiales, secuestros, asesinatos a plena luz del día, acusaciones fabricadas para desacreditar reporteros, y la consecuencia más corrosiva de todas: el silencio. Territorios donde el crimen organizado simplemente deja de ser noticia porque cubrirlo equivale a firmar una sentencia de muerte.

El lector debe conocer un mínimo de política mexicana para comprender mejor los medios descritos, las regiones, los presidentes. Como autor de un libro de historia, reconozco el reto de intentar educar al lector que no es, en este caso, conocedor de lo mexicano. Por ejemplo, hay que entender la trayectoria de la hegemonía del partido PRI como dueños del poder por más de 70 años consecutivos en el gobierno mexicano, su salida y su regreso. Por ejemplo, Paxman explica que Enrique Peña Nieto, presidente de Mexico que representó el regreso del PRI al poder no trajo una restauración autoritaria clásica, sino algo más sutil: la ilusión de normalidad. Paxman describe cómo, mientras persistían las presiones heredadas de periodo de Felipe Calderon surgió una nueva esperanza en el periodismo digital. Medios digitales mexicanos como Aristegui Noticias, Animal Político o SinEmbargo demostraron que era posible investigar, exponer y marcar agenda desde fuera de los grandes conglomerados tradicionales. Sus investigaciones no solo erosionaron al gobierno; también alimentaron el discurso anticorrupción que llevaría a Andres Manuel López Obrador (AMLO) finalmente al poder.

Ahí aparece otra de las ironías centrales del libro. AMLO llega respaldado por el trabajo de la prensa crítica, y una vez en el poder, se vuelve contra ella. El libro describe con precisión el mecanismo utilizado por Lopez Obrador. Por cierto que el propio autor me confirmó que después de publicar la edición mexicana de Mexican Watchdogs, que llevará por nombre Prensa Vigilante, finalizará un trabajo biográfico sobre la vida de AMLO, que según Paxman será una biografía episódica e impresionista” que publicará con el sello Debate de Penguin México. “Será un esbozo periodístico, cuyo objetivo principal no será ni alabar ni criticar, sino explicar a AMLO. Será la primera biografía equilibrada de este personaje tan controvertido, y debería aclarar que su desafortunada relación con la prensa es solo una pequeña parte del todo, en comparación, por ejemplo, con su inédito logro de sacar a 13 millones de mexicanos de la pobreza” afirmó el autor.

Quedé cautivado, como dueño de medios, por la manera en que Mexican Watchdogs describe el carácter de los propietarios de prensa en México. Uno de mis momentos favoritos de mi lectura del libro fue el mismísimo primer capítulo titulado Prensa vendida. Paxman plantea sin rodeos que el periodismo mexicano no nació como un servicio público, sino como una herramienta funcional al poder político, y lo hace a través del retrato preciso de Juan Francisco Ealy Ortiz y su conducción del periódico El Universal. Más que un villano individual, Ealy encarna, según Paxman, a un editor que entendió que el lector más importante no era el ciudadano, sino el presidente, y construyó su poder a partir de esa cercanía. Subsidios, publicidad oficial, favores y acceso reemplazaron a la censura abierta: la lealtad se premiaba, la incomodidad se castigaba.

El libro deja claro que este modelo no fue una excepción, sino un sistema. La competencia entre medios no se medía por rigor periodístico, sino por alineamiento político. Una denuncia grave es cuando afirma que la cobertura de El Universal de la masacre de Tlatelolco (si no sabes de que se trata búscalo en Google) lo expone con crudeza. Lejos de arruinar a Ealy, su obediencia lo enriqueció y lo convirtió en un actor político de facto, al permanecer en un silencio “comprado”. Paxman conecta ese pasado con el presente: la desconfianza social hacia la prensa. Antes de los balazos, hubo décadas de domesticación. Por eso este capítulo es una clave para entender por qué el periodismo mexicano arrastra una herida de origen que aún no termina de sanar.

Suscríbete a esta cuenta y recibirás entregas como esta de “Librero”. También escribo “Caciques” donde intento calmar la angustia de estos momentos raros utilizando la historia como antídoto. Y recibirás Translating America sobre temas variados en inglés. De cuando en vez subo algunos audios de conversaciones que he tenido que me autorizan publicar. La sección de audios la he llamado Truth Across Borders .

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Si tuviera que explicar por qué Mexican Watchdogs es un libro imprescindible para los periodistas de cualquier región del mundo, no hablaría primero de censura, ni de presidentes autoritarios, ni siquiera de Televisa. Hablaría del capítulo 8: La prensa y los poderosos. Porque aquí Andrew Paxman nombra algo mucho más difícil de señalar: el momento en que el poder deja de gritar y empieza a comprar.

Este capítulo es brillante porque trata al billonario magnate mexicano Carlos Slim como parte de un sistema. Habla de Slim como un hombre que no necesita controlar portadas si puede controlar mercados, reguladores, publicidad y silencios.

Paxman explica como a Slim lo desnuda un medio pequeño, casi artesanal. Pero el capítulo se vuelve incómodo, y por eso es tan bueno, cuando muestra lo que pasa después.

Este libro obliga a buscar respuesta a la siguiente interrogante: ¿puede existir un medio de noticias verdaderamente independiente cuando el mercado publicitario está concentrado en tan pocas manos? Aquí en Estados Unidos, varios medios han optado por convertirse en organizaciones sin fines de lucro (non-profits), pero me pregunto si los donantes no ejercen una presión igual, o incluso mayor, a la hora de defender la línea editorial.

Recuerdo una conversación que sostuve con Stephen Mindich, fundador y dueño del semanario Boston Phoenix, quien me confió que, si no conseguía que su legado continuase con el periódico, lo cerraría antes de morir. Mindich vendió su estación de radio WFNX a Clear Channel y cerró el Boston Phoenix en 2013. El empresario de medios falleció en 2018 después de combatir por varios años contra un cáncer. Con Mindich y otros editores de medios anglosajones aprendí en carne propia que ser empresario de medios implica manejar un activo muy difícil de valorar financieramente: la independencia. Lo considero un activo frágil y muy personal.

Mexican Watchdogs es el resultado de más de treinta años de convivencia, investigación y afecto crítico hacia la prensa mexicana por parte del autor. Según el propio Paxman “como sucede casi siempre en el oficio del historiador, el trabajo tardó muchísimo más de lo que esperaba. Pensé que completaría el borrador en 18 meses y me tardó cinco años. ¡Qué ingenuo fui! Gran parte del problema fue que, mientras más me acercaba al presente, más entrevistas tenía que hacer para cruzar versiones. Cuando un sujeto está muerto uno tiene más libertad para interpretar sus decisiones, siempre con base en las evidencias, por supuesto. Pero cuando está vivo, hay que hacer un esfuerzo por buscar su propia versión y luego cruzarla con la de otros, porque a muchos les gusta o dar relatos incompletos o ponerle crema a sus tacos, como dicen en México. ¡Y en mi libro hay más de cien sujetos!”.

Le pregunté a Andrew Paxman ¿Qué te gustaría que los lectores se lleven después de conocer esta historia?. Aquí su respuesta: “Espero que los lectores perciban de nuevo la importancia de una prensa libre para pedir cuentas al poder, lo que a su vez ayuda a preservar una democracia más saludable. Desde 2018, los presidentes de México y su partido Morena han desacreditado la prensa independiente mientras subsidian a la prensa afín: primero, Andrés Manuel López Obrador, que atacaba a periodistas de manera diaria y con un tono estridente, y ahora Claudia Sheinbaum, si bien menos a menudo y con un tono menos amargado. Todo esto, aunado a problemas persistentes en la misma prensa—como por ejemplo una falta de derecho de réplica—, ha socavado la confianza de los mexicanos en el periodismo, que nunca era fuerte, debido al generalizado oficialismo y a la dependencia financiera durante el siglo XX. Entre los años 90 y la década de 2010 hubo una evolución rápida y profunda en la calidad y el profesionalismo de la prensa, pero estos logros han sido erosionados, en parte por el régimen —en su discurso y en su selectividad en los subsidios—y en parte por una creciente precariedad económica en el mercado de los medios.”

A los que trabajamos y vivimos de difundir noticias el autor Andrew Paxman nos recuerda que vigilar al poder sigue siendo indispensable, incluso cuando hacerlo resulta peligroso e ingrato.

Datos del libro:

Título: Mexican Watchdogs

Idioma: Inglés

Disponible en Amazon.com versión física y Kindle

Autor: Andrew Paxman, historiador, periodista y académico británico radicado en México. Su trabajo examina la relación entre medios, poder político y élites económicas en Mexico.
Es también autor de El Tigre: Emilio Azcárraga y su imperio Televisa y En busca del señor Jenkins. Paxman es una de las voces más autorizadas para entender cómo se construyó, y se controla el poder en México.

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