Samuel Sarmiento, artista venezolano nacido en 1987 y radicado en Aruba, presentó Relical Horn, su primera exposición individual en EE. UU., en la galería Andrew Edlin de Nueva York.
El artista parte de una idea central: el pasado no es fijo ni lineal, sino una superposición de relatos, versiones y recuerdos que cambian con el tiempo. Esa idea se materializa en sus esculturas de arcilla, modeladas a mano y cocidas en horno, que parecen objetos antiguos descubiertos en el futuro. Son piezas llenas de inscripciones, figuras, capas de color y referencias culturales, como si cada una guardara múltiples historias al mismo tiempo. Además, el fuego, los esmaltes, los pigmentos e incluso el oro cambian la superficie de las obras de forma inesperada, como si imitara la memoria: Algunas partes desaparecen, otras se destacan y otras cambian su significado.
Uno de los conceptos centrales de la muestra es el “relical horn” o “cuerno de reliquia”: ese objeto que, con el paso del tiempo, deja de ser algo común y se convierte en símbolo, en fetiche cargado de historia. Para Sarmiento, así nacen los “clásicos”, las tradiciones y los cánones: no por una fórmula exacta, sino por la acumulación de significados, miradas y relatos. Sus obras preguntan qué cosas de nuestro presente —hoy tan cotidianas— podrían convertirse algún día en reliquias del futuro.

El artista también reflexiona sobre la fragilidad de lo digital frente a la resistencia de los materiales físicos. Por eso escribe a mano largos textos directamente sobre la arcilla: fragmentos de crítica de arte, cuentos, listas, notas. Imagina que, dentro de siglos, alguien podría desenterrar esas piezas y tratar de descifrar su sentido, del mismo modo en que hoy interpretamos artefactos antiguos llenos de misterio.
En Relical Horn, Sarmiento construye una especie de museo ficticio de objetos vivos: obras que no ofrecen respuestas cerradas, sino que cuestionan constantemente el origen de las cosas, la manera en que recordamos y cómo inventamos nuestras propias verdades.
Sarmiento ve la historia no solo como lo que dicen los libros oficiales, sino también como lo que se transmite por tradiciones orales, mitos, música, poesía e imaginación colectiva. Por eso en su trabajo conviven referencias al arte occidental, la filosofía y el cine con elementos de culturas centroamericanas y latinoamericanas, creando un cruce entre lo académico y lo popular, lo institucional y lo ancestral.
Es un trabajo que invita a mirar el presente como si ya fuera pasado, y a pensar que quizá, en el futuro, nuestras historias también serán leídas como mitos.