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Aumentan precios de medicamentos ¿la producción nacional es la solución?

La industria farmacéutica en Estados Unidos parece haber desempolvado un viejo sueño americano: fabricar más cerca de casa. ¿La razón? Controlar mejor los procesos, reducir sustos con la cadena de suministro y, de paso, alegrar a los consumidores que aman el sello «Made in USA».

SEDE. Centro Corporativo de Eli Lilly and Company en Indianápolis, Indiana. | Foto: Wikimedia

La industria farmacéutica en Estados Unidos parece haber desempolvado un viejo sueño americano: fabricar más cerca de casa. ¿La razón? Controlar mejor los procesos, reducir sustos con la cadena de suministro y, de paso, alegrar a los consumidores que aman el sello «Made in USA». Pero, ¿será una moda pasajera o estamos viendo el comienzo de algo más grande?

Eli Lilly y su megaplán industrial

Eli Lilly encabeza este movimiento con una jugada histórica. El gigante farmacéutico anunció una inversión de $27 mil millones para construir cuatro plantas en Estados Unidos. Con este proyecto, duplicará su gasto en manufactura nacional desde 2020, alcanzando los $50 mil millones totales. Según Fierce Pharma, además de estos números impresionantes, las plantas emplearán a más de 3,000 personas y se dedicarán a producir medicamentos inyectables e ingredientes activos, cortando una buena porción de la dependencia de países como China e India.

David Ricks, CEO de Eli Lilly, lo puso claro y directo. Este megaproyecto es un escudo contra los tropiezos que sacuden las cadenas de suministro globales. “Cuando las cosas se hacen en casa, los riesgos bajan”, afirmó con confianza.

Ventajas de fabricar aquí y para ti

Este cambio hacia la producción nacional no es solo una cura para los problemas de las farmacéuticas; el efecto dominó podría beneficiar a todo el país. Estas son algunas de las ventajas principales

  • Mayor seguridad en la cadena de suministro: la producción local reduce la dependencia de países lejanos como China o India, disminuyendo riesgos asociados a conflictos geopolíticos o interrupciones logísticas.
  • Generación de empleo: Las nuevas plantas crean miles de empleos tanto directos como indirectos. Axios destacó que los proyectos de Eli Lilly también impulsarán unas 10,000 plazas en construcción.
  • Control de calidad más estricto: La supervisión interna en EE. UU. eleva los estándares de fabricación, garantizando medicamentos más seguros.

Pero los baches también llegan

Fabricar en casa suena como un sueño hecho realidad… hasta que los números bajan el entusiasmo. El 90% de los medicamentos recetados en Estados Unidos son genéricos, y su producción funciona con márgenes tan ajustados que apostarle a Asia sigue siendo más barato. Supply Chain Brain subrayó que los costos de mano de obra y materiales en el exterior son tan bajos, que competir desde casa parece una batalla perdida para muchos.

Y si esto ya suena complicado, súmale los precios en constante ascenso. En enero de 2025, más de 250 medicamentos subieron un promedio de 4.5%, con Pfizer a la cabeza, subiendo los precios de más de 60 productos. ¿El resultado? Consumidores haciendo malabares en un mercado cada vez más adverso.

Pero eso no es todo. Fabricar localmente no solo cuesta, sino que enfrenta una pista llena de obstáculos. Impuestos altos, las estrictas regulaciones de la FDA y una infraestructura que no está al nivel complican el panorama. Este cóctel explosivo deja claro que el regreso al “Made in America” necesita más que intenciones patrióticas y buenos discursos.

¿Qué hay para los bolsillos?

Patriótico, sí. Perfecto, no. Global Times advirtió que producir en Estados Unidos encarece las cosas y golpea a los consumidores. Ya un tercio prefiere evitar sus recetas por los precios elevados; los aumentos recientes no ayudan a cambiar esa historia.

Sin embargo, Ricks asegura que este sacrificio inicial valdrá la pena. El sueño de ver medicamentos totalmente accesibles y nacionales no es imposible, pero será un camino largo.

Al final, Eli Lilly está marcando el terreno con ambición, aunque las decisiones de otras farmacéuticas están por verse. Sin incentivos fiscales tentadores, la producción local seguirá siendo un desafío exclusivo para los más valientes.

¿Es esto el capítulo uno de una revolución farmacéutica o solo un coqueteo con la nostalgia? Solo el tiempo dirá si esta apuesta vuelve a hacer común en el botiquín estadounidense algo tan básico y emblemático como la aspirina fabricada en casa. Lo único claro es que, mientras tanto, todos estamos apostando.

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