El precio del pitcheo en la MLB se ha multiplicado de golpe. Justin Verlander ha encabezado la danza millonaria, cuando todavía falta la firma del cubano americano Carlos Rodón. Y en medio de este reparto, los Mets acaban de conseguir –a precio de ganga– a la nueva maravilla japonesa: el fenomenal Kodai Senga.
Esta puede ser la mejor adquisición ultramarina de las Grandes Ligas desde Shohei Ohtani. Y los Mets la consiguen sin tener que entrar en una guerra económica con otros interesados.
Nueva York acaba de comprometer 86,67 millones de dólares para asegurarse a Verlander hasta 2024. Fue la respuesta a la pérdida de Jacob deGrom, el antiguo as de los metropolitanos, que acaba de firmar por 185 millones y cinco campeonatos con los Rangers.
Senga costará menos de la mitad del cheque que Texas entregará a deGrom. El pacto para convencerlo a mudarse a la Gran Manzana es por 75 millones de dólares y también abarca cinco justas. Y a cambio de eso, han conseguido al mejor lanzador de los últimos campeonatos en Japón.
El derecho nacido hace 29 años en Gamagori tiene un historial impecable en la NPB, el competitivo circuito nipón. Durante 11 zafras ha sido uno de los más consistentes tiradores del archipiélago. Tiene 2.59 de efectividad en más de 1.300 innings. Suma casi 1.500 ponches y menos de 100 jonrones permitidos en ese tiempo, con 509 bases por bolas.
Ha puesto a un corredor en circulación por cada entrada lanzada durante más de una decada (1.01 de WHIP). Y ha sido un brazo consistente, que ha escapado de las grandes lesiones.
Senga acaba de conseguir una de sus mejores cosechas con los Halcones de Fukuoka Softbank. Cerró con 1.89 de efectividad, con 9,8 abanicados por cada nueve pasajes y 3,1 bases gratis en ese mismo recorrido. Y porque por fin logró el derecho a ser agente libre, decidió probar suerte en la MLB.
«Uno, como profesional, quiere siempre medirse con un reto mayor», ha declarado, segun los medios de su país.
Pero ¿es tan bueno como dicen los números? Pues parece que sí, a simple vista.
Por supuesto que aún falta la prueba de fuego: triunfar en el Big Show. Pero Senga parece tener lo esencial.
Posee una recta poderosa y engañosos envíos secundarios.
Ha construido una larga carrera que cumple con creces el requisito de ya estar formado para afrontar la más alta competencia.
Y cuenta con un historial de éxito que se remonta a 2012. No una, sino cuatro veces ha cerrado con promedios entre 1.68 y 1.99, defendiendo a uno de los clubes más ganadores en Japón.
Senga parece potencialmente superior a Taijuan Walker, el ex pitcher de los Mets a quien los Filis acaban de darle 72 millones de dólares por las próximas cuatro temporadas. Y su salario anual será igual o inferior al que recibirán serpentineros que están justo en la línea o un poco por debajo del nivel de excelencia, como Walker (18 millones), Jameson Taillon (17 millones, Cachorros) y Chris Bassitt (21 millones, Azulejos).
De hecho, apenas va a recibir algo más que los miembros de la tercera fila entre los monticulistas agentes libres en esta ocasión, tipos como Zack Eflin (13,3 millones, Rays), José Quintana (13 millones, Mets) o Sean Manaea (12,5 millones, Gigantes).
Senga no ha soltado una pelota en el sistema MLB. Y su número de bases por bolas, aunque aceptable, no está en la élite. Pero Ohtani tenía 2.52 de promedio, con 10,3 ponches y 3,3 pasaportes por cada nueve actos. Son los mismos números que ha puesto durante más tiempo su sucesor. Y está más que claro que al cruzar el océano Pacífico triunfó.
Es verdad que Ohtani ya golpeaba el home a 100 millas por hora con buena frecuencia. Senga lo hace de cuando en vez. Pero el dominio es similar.
La danza de los millones gira al ritmo de lanzadores consagrados y muchos otros que no lo son. Y en ese carrusel millonario, los Mets parecen haber conseguido un estupendo balance.