Albert Pujols y Yadier Molina no jugarán más, pero sus leyendas tendrán eco en Cooperstown / Foto captura de MLB Network

Fue un final dulce, emocionante, a pesar de la derrota. Y probablemente ninguno de los asistentes olvidará lo que vio. Los Cardenales estaban abajo en la pizarra y ya no podrían remontar ante los Filis. Pero el último turno de Albert Pujols este sábado, en el octavo inning, y el último de Yadier Molina, luego, en el noveno, fueron batazos en hit.

Terminaba la temporada para San Luis. Pero también terminaban las carrera de dos grandes de la MLB, que en 2028 volverán a ser noticia, cuando sean elegidos para formar parte del Salón de la Fama del beisbol.

Los pájaros rojos fueron sorprendidos en su casa. Eran favoritos para derrotar a Filadelfia, según todo lo que sucedió en la temporada regular. Pero las series cortas son traicioneras, y mucho más si son tan cortas como esta nueva Serie del Wildcard.

Pujols se marchó del encuentro en medio del aplauso de su gente. Dentro de todo, la fortuna le permitió ser sustituido por un corredor emergente y salir en medio de una ovación de pie. No respondió a ella saludando a los aficionados. No era el momento del adiós. Pero su último recuerdo en un terreno de juego será ese aplauso más que merecido.

El orgullo de República Dominicana sumó 12 temporadas inolvidables con los Cardenales. Entre 2001 y 2011 labró su leyenda y su placa de bronce en Cooperstown. No debió irse nunca, pero el deporte profesional es un negocio para todas las partes. Incluyéndolo a él.

En Anaheim y Los Ángeles no pudo siquiera acercarse a lo que consiguió en San Luis. Pero los amantes de la pelota tuvimos el privilegio de verle regresar para un último viaje. Y que se creara la figura del designado en la Liga Nacional, lo que facilitó este reencuentro. Y que este Tour de Despedida se convirtiera en una campaña verdaderamente inolvidable.

Pujols superó los 700 jonrones, dejó atrás las empujadas de Babe Ruth y, sobre todo, volvió a ser un bateador temible. Un reporte de MLB,com reveló hace poco que estuvo a punto de adelantar su retiro en junio. Pero remató con tal vigor, que cerró con 24 cuadrangulares y .270 de average, pese a contar 42 años de edad.

Ese OPS de .895 lo dice todo. Nadie le regaló una sola felicitación, él se las ganó todas. Porque ese OPS fue su mejor registro en más de una década, precisamente desde que defendía a los alados, en 2011. Y porque el OPS ajustado nos recordará para siempre que en su última temporada fue un toletero 54 por ciento superior a la media de las Grandes Ligas en aquellos estadios donde jugó.

Molina, a quien Pujols llama «hermanito menor», también tuvo su momento poético. Pudo ser el último out del juego, el de la eliminación. En cambio, destapó una línea a tierra de nadie por la banda contraria.

No daba hits desde el 25 de septiembre, en medio de dolores y lesiones. Pero también pudo irse con el corazón abrigado por el aplauso general, al ser sustituido por un emergente y recibir el último abrazo de su afición.

EMOCIONES

Molina mostró su garra, su tantas veces vista capacidad para hacer un último esfuerzo y rendir para su equipo. Y Pujols mostró su alegría por el compañero de tantos combates.

«Me sentí muy feliz por él, porque es como mi pequeño hermano», declaró el dominicano, de acuerdo con MLB.com. «Estoy contento por Yadi porque su último turno al bate fue un hit. A él, al igual que a mí, le llevará un tiempo asimilar esto. Pero en realidad más a él, porque él ha estado en esta organización durante 19 años».

«Ambos hemos sido muy bendecidos, porque hemos tenido carreras increíbles”, continuó. “Siento que dejamos una marca: él aquí y yo en cada lugar donde jugué».

Por doquier surgieron homenajes. Periodistas, fanáticos, medios de comunicación, abundaron los mensajes de aliento ante dos grandes historias que han llegado a su fin.

San Luis siguió siendo una divisa competitiva, tras perder a Pujols. El reto ahora será seguir siéndolo al perder al astro de Puerto Rico, uno de los mejores catchers de todos los tiempos y el legítimo capitán en el terreno.

«En esta organización se va a extrañar su voz», advirtió Pujols.

Molina será parte del Salón de la Fama, aunque a algunos no gusta mucho que su ofensiva estuviera por debajo de otros afamados receptores, como Mike Piazza o el venezolano Salvador Pérez. Pero es injusto exigir bateo en la posición más demandante del juego.

Al boricua habría que pedirle defensa. Y de eso mostró a raudales. Se va con 9 guantes de oro y 4 de platino, el trofeo que se entrega al mejor defensor de cada la liga, incluyendo todas las posiciones.

El WAR defensivo calculado por Baseball Reference le tiene como uno de los mejores 14 de todos los tiempos, incluyendo infielders y jardineros. Su registro está por encima del brillante antesalista dominicano Adrián Beltré, por ejemplo. Y en ese conteo es mejor que todos los catchers de la historia, con excepción de su compatriota Iván Rodríguez.

Así que Molina será inmortal, porque es una referencia fundamental en la receptoría, y porque a pesar de eso, también largó 408 dobletes, empujó 1.022 carreras y conectó 2.168 hits. Su nombre aparecerá a finales de 2027 en la planilla de votación del Salón de la Fama y la duda no estará en saber si entrará a Cooperstown. La duda, en todo caso estará en ver si lo hace junto a Pujols.

Porque su «hermano mayor» será elegible junto a él y, por su carrera impecable, es posible que roce la unanimidad. En 2028 verá su placa de bronce junto a la del resto de inmortales. Y es muy probable que entonces el beisbol vuelva a aplaudir a ambos, con gran emoción.

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