Leonel Barboza es uno de los 50 migrantes que llegó a Martha´s Vineyard, quien conversó en exclusiva con El Planeta para contar su historia de vida. Foto Jehovagni Santana.
Leonel Barboza es uno de los 50 migrantes que llegó a Martha´s Vineyard, quien conversó en exclusiva con El Planeta para contar su historia de vida. Foto Jehovagni Santana.

El viaje del migrante va más allá del peligro, trae inmerso la ruta de la esperanza, el deseo de conseguir la gloria por su familia que abandonó para darles mejor vida.  Leonel Barboza tiene 45 años, 4 hijos y una madre que lo bendice a diario desde Caracas, donde está su hogar que dejó hace 3 meses cuando decidió venir a Los Estados Unidos tratando de buscar mejores condiciones de vida. “Uno sale de Venezuela por el descarrilamiento de la economía”, manifestó este migrante, oriundo de Caracas, que llegó a Martha´s Vineyard en uno de los dos vuelos chárter que Ron DeSantis, gobernador de La Florida envío a la isla como parte de su plan para reubicar a los indocumentados en los llamados estados santuario como Massachusetts.

Leonel se demoró 3 meses para llegar a Los Estados Unidos, aquí cuando ingresa al río Bravo en la localidad de Piedras Negras, ciudad ubicada en la frontera entre Los Estados Unidos y México, frente a la ciudad de Eagle Pass en el estado estadounidense de Texas.

Perla Huerta sería la mujer latina que la mayoría de los migrantes venezolanos que llegaron a Martha´s Vineyard, reconocen como la persona que los reclutó afuera de un Mc Donalds en San Antonio, Texas, con falsas promesas de trabajo, viviendas y ayuda monetaria para traerlos a Massachusetts. “Yo dije que sí porque con la necesidad que tú tienes, todo el que tiene hambre y le ofrecen comida va a decir que sí. Mi sorpresa es que cuando llegamos a la isla era un espejismo, no había nada”, manifestó.

Leonel salió desde Caracas, Venezuela, con 500 dólares en el bolsillo que se le terminaron en Honduras, a partir de allí ha sobrevivido gracias a la caridad de las personas.

La Base Militar Joint de Cape Cod es el hogar temporal de Leonel Barboza desde el 16 de septiembre cuando llegó junto a sus compatriotas desde Martha´s Vineyard. Foto Jehovagni Santana.

Hoy Leonel junto a sus otros compatriotas viven en la Base Militar Joint de Cape Cod, donde están siendo asistidos con medicinas, consultas médicas, comida, ropa y transportación. “Estoy esperando el proceso, el estado me asignó un abogado, mi cita era San Antonio, Texas, el 13 de octubre, pero el abogado ya se está encargando de eso”, expresó.

Partió de Caracas a Cúcuta, Medellín hasta Necoclí, ciudad en donde se inicia el camino para cruzar la selva amazónica que le tomó 8 días, allí vio imágenes que nunca podrá olvidar: gente muriéndose, exhaustos, con pies y tobillos quebrados, personas muertas. “Cuando estás pasando la selva miras a otras personas en el piso y piensas que no puedes morir con ellos porque en mi caso tengo a mis hijas, a mis hijos, le pedí a dios que me saque de allí, pero que, si me manda la muerte que sea fuera de la selva por lo menos para que mi familia me reclame”, manifestó al recordar que fueron 3 meses de mucha tensión, hambre y sed, aunque nunca se perdió en el camino, el agotamiento y el último tramo que fue de 19 horas caminando, lo hicieron pensar en la muerte. “Parece que vas por un destino sin fin, no ves la luz del túnel, son muchas montañas, tienes que bajar hasta el río y de allí 3 días más, el guía sólo nos acompañó un tramo, de allí seguí solo hasta Panamá”.

En Panamá permaneció 15 días, luego le tomó 3 días para llegar a Costa Rica, cuando apenas son horas. De allí Nicaragua, Honduras, Guatemala y México, el último país antes de ingresar a Los Estados Unidos.

¿Está en tu mente regresar a Venezuela? “Esa pregunta si no la quiero yo”, expresó tajante Leonel, quien tiene un solo deseo y es conseguir un trabajo, aportar a la economía del país, pagar impuestos y por ende cumplir su objetivo de vida que es darle a su familia todo lo que necesita. “Yo tengo una familia allá, si yo no voy, ellos tienen que venir, ojalá y yo los pueda traer porque con mi madre, mis hijos y mi esposa no tiene sentido regresar porque lo que más amo en el mundo lo tendría aquí”.

Leonel junto a tres de sus cuatro hijos y su esposa, a quienes se les distorsionó el rostro para proteger la identidad de los niños y de la señora, por ellos dice seguirá luchando. Foto Jehovagni Santana.

Leonel es uno de los 50 migrantes venezolanos que llegaron a la exclusiva isla el miércoles 14 de septiembre y que con el apoyo jurídico de Lawyers for Civil Rights entabló una demanda en contra del gobernador republicano De Santis, en la cual se describe detalladamente cómo los solicitantes de asilo abordaron los dos aviones bajo falsos pretextos. “Yo soy uno de los demandantes porque me sacaron a lo mejor de una posibilidad de trabajo a la nada por un problema que tiene el señor DeSantis con los Demócratas, cómo me va a utilizar para él zacear su sed de venganza”, aseveró.

El documento de la demanda hace referencia que dichas reubicaciones violaron sus derechos de la cuarta y la décimo cuarta Enmienda Constitucional, así como la Ley de Derechos Civiles de 1964. “Como se alega en nuestra denuncia, “Perla” desempeñó un papel integral de reclutamiento sobre el terreno en el esquema del gobernador de Florida, Ron DeSantis, induciendo a los migrantes en San Antonio a volar con falsas promesas de empleo, educación y vivienda”, manifestó en un comunicado Iván Espinoza-Madrigal, Director Ejecutivo de Abogados de Derechos Civiles, quien dijo que según información “Perla” aparentemente es una ex agente militar y espía, lo cual se alinea con las acusaciones de la denuncia, que describen un plan altamente orquestado basado en secretos, engaños y tergiversaciones.

Leonel Barboza es un inmigrante venezolano que llegó a Martha´s Vineyard a través de falsas promesas y quien accedió a conversar con El Planeta para contar su historia de vida. Foto Jehovagni Santana.

¿Cuándo tú pisaste Los Estados Unidos qué pensaste? “Lloré muchísimo porque pensé en mi compañero primero, me dio mucha lástima que los sueños se le corten en 30 metros de distancia y yo no pude hacer nada cuando se ahogó, pensé que después de tanto sacrificio, después de arriesgar tanto la vida, de pasar mucha hambre, de dormir en la calle, sentí que lo había logrado”, indicó en un tono de voz que transmite dolor, impotencia y que encierra el deseo de reafirmar que todo sacrificio vale la pena por la familia que lo están esperando, que vale la pena por Emmanuel de 19 años, María Alejandra de 15, Metzarí de 13 y Christopher de 5 años, más el apoyo incondicional y el amor de su esposa Denia, quienes son su motor de vida, su motivación para continuar luchando y seguir soñando.

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