Aaron Judge recorre las bases, feliz / Foto @yankees

El martes parecía ser un día más en la vida de Aaron Judge. Como fue rutina a partir del 21 de septiembre, tomó su práctica habitual con los Yanquis, se preparó para protagonizar un juego histórico y otra vez se fue del encuentro sin conectar cuadrangulares.

Tal fue la fallida rutina que siguió en 12 de los 13 encuentros que disputó desde que el 20 de septiembre se montó en 59 jonrones, uno menos que el Babe Ruth de 1927 y dos por debajo del Roger Maris de 1961.

Pero este martes no era un día cualquiera. Los Bombarderos del Bronx no tenían uno, sino dos compromisos en la jornada ante los Rangers. Y Judge volvió a aparecer en lo más alto del lineup de Nueva York, una hora después.

Entonces, por fin, ocurrió la magia. Un pitcheo del venezolano Jesús Tinoco en la zona de poder salió volando a más de 100 millas por hora sobre la barda del left. Y así, por fin, el slugger californiano pudo entrar a la historia con su bombazo número 62.

Judge recorrió las bases como siempre. Los más grandes jonroneros son así. Nadie verá a Albert Pujols o a Miguel Cabrera hacer desplantes ni jactancias en el home. Al más puro estilo de los Hank Aaron o los Tony Armas, soltó el bate, vio salir la bola y trotó por las almohadillas sin ostentación.

La reverencia de sus compañeros en la cueva expresó mejor que nada el respeto que ha causado la campaña admirable del toletero derecho, mucho más que la fiesta que ellos mismos montaron en el terreno. Las cámaras captaron cómo todos le aplaudían al entrar finalmente al dougout.

No eran solo los Yanquis. Era todo el beisbol el que ovacionaba al nuevo Rey del Jonrón.

Y arriba, en la tribuna, su madre Patty era el testigo más feliz.

NUEVA ERA

El 62° vuelacercas de Judge es la última prueba de que sí se pueden lograr marcas que parecen inalcanzables en los tiempos posteriores a la Era de los Esteroides.

Roger Maris Jr. lo recordó por última vez, al tuitear su felicitación por lo que desde ahora será una efeméride. Lo llamó «el Rey Limpio del Jonrón», por aquello de haberse sometido a exámenes antidopaje una y otra vez, sin mancha.

Los únicos tres grandeligas que han superado este nuevo registro son sospechosos de haberse dopado (el dominicano Sammy Sosa) o incluso admitieron que en efecto consumieron esteroides (Barry Bonds y Mark MgGwire). Y aunque no puede haber sanción para ellos, porque las normas no pueden aplicarse en retroactivo, los votantes les han castigado, al dejarles fuera del Salón de la Fama.

El nuevo récord queda instaurado solo en la franquicia de los Yanquis y en la Liga Americana. Bonds, McGwire y Sosa jugaron en la Nacional. Y desde ya es un momento que la capital del mundo para siempre recordará.

«UN GRAN ALIVIO»

Tinoco, la víctima, no estuvo con remilgos ni miedos. Desde aquel 21 de septiembre, Judge recibió 18 bases por bolas y un pelotazo en 13 compromisos. Le hicieron tantos envíos lejos del home, que se embasó a un promedio de .483, a pesar de caer en slump y solo batear para .231 de average.

Quizás al venezolano no le importaba entrar al libro de récords junto a su victimario. O puede que no se tomara las cosas con el tremendismo que mostraron muchos de sus colegas.

«Esto es parte del juego», declaró Tinoco, de acuerdo con ESPN.com. «Yo lo reté y él dio su jonrón».

Es posible que la búsqueda de una nueva marca le haya costado la Triple Corona a Judge. Puede que por la presión. O tal vez porque apenas le lanzaron strikes y así es más difícil darle con la maceta del bate. Lo cierto es que el bajón dejó su average en .311 para el último día, aparentemente demasiado lejos de ese .315 que exhibe el líder de la Americana, otro venezolano, Luis Arráez.

El slugger es número uno en cuadrangulares y también lo es con sus 131 carreras impulsadas. Pero luce casi seguro que Cabrera se mantendrá como el único triplecoronado de la MLB en los últimos 54 años.

No importa. Judge logró lo que tanto ansiaba. Lo demás sería un simple bonus track.

«Es un gran alivio», confesó El Juez. «Creo que ahora todos podrán volver a sentarse en sus asientos y ver el juego de pelota. Pero ha sido un viaje divertido».

«Tener la oportunidad de hacer esto, con el equipo que tenemos, con los muchachos que me rodean, con el apoyo constante de mi familia, que ha estado conmigo durante todo esto… ha sido un gran honor», suspiró.

La ocasión también fue feliz para Corey Youmans, el afortunado aficionado de los Rangers que capturó la pelota en los bleachers. Dijo a la prensa que aún no sabe qué hacer con ella. Y el jonronero, aún queriéndola para él, admitió que se trata de un souvenir que le pertenece al fan.

Puede que Youmans tarde en decidirse. Pero algo hará. En las redes se corre que la bola ya vale entre 1 y 2 millones de dólares. Nada malo para ser un simple recuerdo. Aunque quizás sea el precio justo para un récord que hace dos semanas parecía seguro, y que al final tanto se hizo esperar.

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