Alvin Núñez Peña de 8 años tiene el 50% de su cuerpo quemado, perdió los dedos, la mano, la oreja, el cabello, se le dañó la boca y el ojo no lo puede cerrar. Ha venido 4 veces a Boston a tratarse las quemaduras de cuarto grado, aquí conoció a Jackson Bautista Lastra, de 16 años que fue quemado a los 11 años por tres jóvenes delincuentes en Ecuador, sus quemaduras están en el 65% de su cuerpo y los médicos bostonianos le hicieron injerto de piel, cirugías reconstructivas en la pierna y en la oreja derecha. Foto: Jeaneth D. Santana.
Alvin Núñez Peña de 8 años tiene el 50% de su cuerpo quemado, perdió los dedos, la mano, la oreja, el cabello, se le dañó la boca y el ojo no lo puede cerrar. Ha venido 4 veces a Boston a tratarse las quemaduras de cuarto grado, aquí conoció a Jackson Bautista Lastra, de 16 años que fue quemado a los 11 años por tres jóvenes delincuentes en Ecuador, sus quemaduras están en el 65% de su cuerpo y los médicos bostonianos le hicieron injerto de piel, cirugías reconstructivas en la pierna y en la oreja derecha. Foto: Jeaneth D. Santana.

Manos de Misericordia es una organización, sin fines de lucro, que por 20 años ha ayudado a niños quemados, de bajos ingresos, provenientes de Latinoamérica que llegan a diferentes hospitales de Boston para ser tratados por quemaduras graves, que ponen en peligro su vida. La cubana Martha Garzón es la fundadora de esta organización benéfica, quien es sobreviviente de cáncer, una mujer cristiana, dueña de una dulzura que cautiva y un corazón generoso que trabaja incansablemente por esos niños que la vida, la desgracia o el destino los puso enfrente de las llamas que les arrebató gran parte de su piel marcándolos física y sicológicamente por siempre. Nunca volverán a ser los mismos.

De izquierda a derecha Alvin Núñez, un niño de República Dominicana que se quemó a los 2 años cuando un bombillo explotó en su cama cuando dormía; Martha Garzón, fundadora de Manos de Misericordia que durante 20 años los ha ayudado a niños quemados que vienen a tratar sus lesiones a los hospitales de Boston y el ecuatoriano Jackson Bautista, que tiene el 65% de su cuerpo quemado, a quien este verano los doctores le separaron la oreja que la tenía totalmente pegada al cráneo.  Foto: Jeaneth D. Santana.

Y es justamente Manos de Misericordia que socorre a estos menores latinos que sufren las lesiones dejadas por las quemaduras, les brinda acceso atención médica y recuperación mientras están en Los Estados Unidos, y un mejor nivel de vida al regresar a casa. “Podemos brindar a las familias orientación, asesoramiento, asistencia financiera, alojamiento temporal, comidas preparadas, comestibles, ropa, juguetes y otros recursos”, comentó Garzón.

Cena benéfica para recaudar fondos en beneficio de niños quemados latinos

Noche de Gala, 2 de octubre, 5 pm. Tickets: 617-947-5533. Restaurante Venezia,

20 Ericsson St, Boston, MA 02122

Martha recuerda que, en el 2002, su hija menor estaba haciendo el último año de prácticas en un hospital de Boston antes de graduarse de enfermera, quien pudo constatar las necesidades de los niños quemados, entonces habló con ella y le pidió que sea voluntaria para que los ayude. “Así nació Manos de Misericordia, las primeras niñas fueron dos peruanas que hoy tienen 25 años, aunque oficialmente arrancamos en el 2003”.

Jackson Bautista Lastra es un joven ecuatoriano que tiene 16 años que fue agredido y quemado mientras caminaba para ir a bañarse en el río, por tres adolescentes de entre 15 y 17 años cuando apenas tenía 11 años. “Lo comenzaron a perseguir, lo alcanzaron, lo amarraron, lo tiraron al piso, le pegaron, se lo llevaron a una casa, le rosearon gasolina en todo el cuerpo, le prendieron fuego y como estaba cerca al río, una vez que los malhechores escaparon, se tiró al agua y logra apagarse el fuego”, aseveró Karina Jaramillo Lastra, hermana de Jackson, quien desde el 2017 lo acompaña en su tratamiento médico. Este macabro hecho ocurrió en la provincia de Esmeralda, al norte de Ecuador, en el cantón San Lorenzo, parroquia Carondelet. Los delincuentes ya están libres luego de pagar una condena reducida de 4 años por buen comportamiento.

Karina Jaramillo Lastra es la hermana de Jackson, quien lo acompaña a Boston para realizarse los tratamientos médicos, luego de que tres jóvenes delincuentes lo amarraron, le rosearon gasolina en su cuerpo y le prendieron fuego. Foto: Jeaneth D. Santana.

Jackson tiene quemado el 65% de su cuerpo. Es la tercera vez que viene a Boston, en el 2017 le hicieron injerto de piel, durante el 2019 hasta febrero del 2020 le practicaron varias cirugías reconstructivas en la pierna y en la oreja derecha; en el verano de este año le desprendieron la oreja que la tenía pegada en su totalidad al cráneo. En dos años Jackson regresará a Boston. “Doña Martha y Manos de Misericordia nos ha brindado su ayuda, siempre está en contacto con nosotros en Ecuador, cada vez que venimos está aquí ayudándonos y dándonos una palabra de aliento”, manifestó agradecida Karina.

15 millones de niños sufren quemaduras que los han lisiado, deformado y desfigurado.

Manos de Misericordia

Honduras, República Dominicana, Ecuador, Perú, Bolivia, Colombia, Paraguay y El Salvador son países que tienen un elevado índice de niños quemados, principalmente por el descuido de los padres de familia y la falta de orientación de los pequeños para evitar acercarse al fuego. “Estos niños llegan quemados y electrocutados”, expresó Garzón.

Garzón rememora el tiempo, recorre 20 años de servicio y sitúa su mente en el origen de su obra.  “Mi pastora veía que yo llevaba a estos niños los domingos a la iglesia Congregación León de Judá y que me preocupaba por ellos, me dijo entonces lo que tú haces Martha es misericordia y son tus manos que lo hacen, ella fue quien le puso el nombre Manos de Misericordia”, comentó.

Leonela Peña es la mamá de Alvin y es quien lo acompaña en sus tratamientos, quien ha venido 4 veces a Boston a tratarse las quemaduras de cuarto grado, aún le falta mucho en su tratamiento médico. Foto: Jeaneth D. Santana.

Alvin Núñez Peña es un niño dominicano de 8 años, que tiene la mitad de su cuerpo quemado, a los 2 años cuando dormía le explotó un bombillo que le cayó en la cama e inmediatamente se prendió el fuego. Su mamá Leonela Peña Suero no estaba en la casa, cuando un vecino le avisa fue demasiado tarde, ya el niño estaba envuelto en llamas, lo llevaron al hospital y le dijeron que luego de 11 meses de ingresado en terapia intensiva ya no lo podían atender por las profundas quemaduras y que tenían que traerlo de urgencia a Boston. El trámite para poder venir lo hicieron a través de la Fundación Juan Luis Guerra.

Alvin perdió los dedos y la mano, la oreja, el cabello, se le dañó la boca y aunque el ojo no se vio afectado, no lo puede cerrar. Ha venido 4 veces a Boston, a tratarse las quemaduras de cuarto grado, aún le falta mucho en su tratamiento médico. “A Martha Garzón la conocí en el hospital, ella comenzó a darme seguimiento a mí y al niño, nos ayuda, le damos gracias a Manos de Misericordia, Martha es más que una madre porque nos ayuda en todo, ella siempre está allí”, comentó la mamá de Alvin.

Martha vive en Boston desde hace 50 años, regresó en el 2014 a Cuba luego de 42 años de ausencia para reencontrarse con la tierra que la vio nacer y visitar a sus muertos en el cementerio, especialmente la tumba de su padre. “Los Estados Unidos es mi país, Massachusetts es mi estado y Boston es mi ciudad, a mi no me pregunten de otro lado, aquí soy feliz, desde que llegué nunca me he movido, mis 3 hijas nacieron aquí y aquí me quedo hasta que Dios me llame”, manifestó.

Mientras los niños permanecen en Boston, Manos de Misericordia le provee ropa adecuada al clima, zapatos, artículos de limpieza personal, platos de comida donados por restaurantes locales y sobre todo los asesora y comparte su tiempo con aquellos padres que necesitan de un hombro solidario para llorar y descargar ese dolor que les consume el alma al ver y saber que su hijo tendrá cicatrices imborrables. “Yo me siento tan feliz por hacer algo por las demás personas, soy bendecida con mi esposo, mis hijos, mis nietos, mi biznieto y sobre todo celebro la vida porque soy sobreviviente de un cáncer muy agresivo, aquí estoy porque Dios me sanó”, puntualizó.

“Aquellos que sufren quemaduras graves deben someterse a una curación física y psicológica antes de que puedan volver a tener un sentido de normalidad en sus vidas”.

Manos de Misericordia

Pero detrás de su obra, están los pastores de su iglesia La Congregación León de Judá. Resalta la obra de Roberto Miranda, quien falleció hace poco tiempo y al cual calificó como “un ángel para los niños” porque siempre dijo tocaba la puerta y estaba para ellos.

Su petición es para la Alcaldesa de Boston, el Gobernador de Massachusetts o cualquier persona de buen corazón que le donen una casa libre de impuestos y que tenga los servicios básicos como agua, electricidad y calefacción cubiertos porque hay muchos niños con sus padres que no tienen a donde llegar porque los hospitales de Boston que los atienden no tienen cabida o un lugar de hospedaje. “El hospital no les cobra nada, pero los pacientes con sus padres no tienen un lugar para estar mientras dure el tratamiento, dios me ama mucho y se que un día esa casa llegará a mis manos”, expresó confiada.

Es tiempo de ayudar, es tiempo de extender una mano misericordiosa a esos niños que la vida los golpeó trágicamente y que los ha marcado por siempre, cada niño encierra una historia de horror en medio de las llamas que le consumió parte de su cuerpo, encierra dolor y desesperación, estos niños tienen que sanar a más de sus heridas físicas las heridas emocionales y sicológicas que les dejó el fuego, por ello, Martha Garzón a través de sus acciones caritativas cala honda en la vida de ellos y en la de sus padres porque a más de la ayuda material que les da a través del Programa de Padrinos, los sostiene espiritualmente, los instruye, los aconseja, los consuela y les extiende sus “Manos de Misericordia”.

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