Julio Rodríguez celebra con los Marineros / Foto @mariners

Ronald Acuña Jr. abrió el camino. Cuando los Bravos le ofrecieron más de 100 millones de dólares antes de su segunda temporada en la MLB, una marejada de reacciones inundó la prensa y la afición. Atlanta se ahorraba el posible dolor de cabeza de tener que evitar la marcha del venezolano con sufridas y costosas negociaciones futuras. Y el joven astro de La Sabana garantizaba su vida, enterrarando para siempre los riesgos derivados de perder su estatus de estrella si llegaba a caer su rendimiento o sufría una grave lesión.

El de Acuña no fue el primer pacto multimillonario que un joven veinteañero aceptó en las Grandes Ligas, sacrificando años de arbitraje y el premio de una bien remunerada agencia libre.

No fue el primero, pero después de aquel convenio han seguido muchos más. De pronto, gerentes y representantes de los peloteros parecen haber redescubierto los posibles beneficios de probar por este camino.

Julio Rodríguez se convirtió este viernes en el caso más reciente. Pero de seguro que no será el último.

Entre él y los Marineros no habrá más negociaciones ya. El pacto que casi 40.000 fanáticos aplaudieron felices en el T-Mobile Park puede unir al dominicano con Seattle hasta 2039. Y le reportará, en el mejor de los casos, la bicoca de 470 millones de dólares.

El convenio es realmente imaginativo y pretende beneficiar a todas las partes. A la postre, todos quieren verle convertido en una institución en la divisa occidental.

El club sacrifica los seis años de control sobre el jardinero, a un costo promedio de 20 millones de dólares anuales hasta 2028. Es una cantidad que Rodríguez jamás habría conseguido en este lapso, de no rubricar una extensión. Y el jugador garantiza que luego, si en efecto resulta ser una súper estrella, terminará como el dueño del contrato más grande de todos los tiempos.

En el medio está ese colchón que le sirve de seguro. Si el joven de Loma de Cabrera termina siendo simplemente un pelotero más, todavía podrá ganar unos 19 millones de dólares anuales hasta 2033. Y Seattle podría dejarle ir luego, sin haber perdido tanto patrimonio. Eso, en el peor de los casos.

EL RIESGO DEL FRACASO

Por supuesto que todos esperan ver a Rodríguez convertido en una versión renovada del gran Ken Griffey Jr. Pero también existe el riesgo del fracaso. Siempre. Y puede llegar a ser una verdadera lotería cuando la apuesta se hace a tan temprana edad.

Los Rangers le dieron 120 millones de dólares por 8 campeonatos a Elvis Andrus en 2013. Y lo que parecía una apuesta sensata, terminó con cosechas de mediano rendimiento por parte del venezolano y su ulterior salida de dos organizaciones: Texas, primero, y luego Oakland, que había heredado la relación.

Su compatriota José Tábata fue un caso todavía más radical. Andrus no cumplió con las enormes expectativas, aunque al menos entre 2016 y 2017 sumó 8.4 de bWAR, una cifra estelar, que no tuvo continuidad ante la aparición de lesiones importantes.

Tábata aceptó menos dinero de los Piratas. Pero también había jugado menos. Estaba en su segunda campaña arriba cuando firmó por 14,75 millones de dólares y cinco justas, con extensiones por tres más. El patrullero nunca disputó más de 106 encuentros por zafra y se retiró con apenas 1.9 de bWAR.

Lo que pareció un convenio excesivamente favorable para Texas y Pittsburgh terminó siendo un muy buen negocio para Andrus y Tábata. Así funcionan estas ruedas de la fortuna en la MLB.

LOS NUEVOS MILLONARIOS

¿Y cómo le ha ido a los nuevos millonarios, esos jóvenes prodigios que han aceptado extensiones por enormes sumas de dinero, a cambio de sacrificar su etapa potencialmente mejor en la agencia libre?

Ronald Acuña (Bravos), 8 años por $100 millones hasta 2026. Se mantiene como una de las principales estrellas de Atlanta, aunque perdió la mitad de 2021 por una cirugía y no ha recuperado del todo su capacidad jonronera.

Ozzie Albies (Bravos), 7 años por $35 millones hasta 2025. Actualmente está lesionado. Pero ha ganado dos veces el Bate de Plata y ha ido en dos ocasiones al Juego de Estrellas, incluyendo 2022.

Yordan Álvarez (Astros), 6 años por $115 millones hasta 2028. Acaba de firmar. Y por lo pronto, es firme candidato a escoltar a Aaron Judge y Shohei Ohtani en la votación por el MVP.

Alex Bregman (Astros), 5 años por $100 millones hasta 2024. Ha sido uno de los mejores terceras bases de la Liga Americana durante el convenio.

Wander Franco (Rays), 11 años por $182 millones hasta 2032. Su primera justa bajo estas condiciones ha sido decepcionante. Apenas ha aparecido en 58 duelos, debido a problemas físicos. Y su OPS ajustado señala que apenas ha sido un bateador 6 por ciento superior a la media de la MLB.

Michael Harris (Bravos), 8 años por $72 millones hasta 2030. El contrato apenas empieza ahora, con Harris en su primer torneo arriba.

Eloy Jiménez (Medias Blancas), 6 años por $43 millones hasta 2024. Jiménez ha sido un bateador de respeto cuando está activo. Tiene 132 de OPS+ en 2022 y 120 de por vida. El problema es ese: que esté activo. Porque desde 2020 ha celebrado únicamente 54 cotejos por torneo.

Yoán Moncada (Medias Blancas), 5 años por $70 millones hasta 2024. Desde que pactó ha bateado para .237/.335/.378, con una media de 92 juegos y solo 9 jonrones anuales.

Austin Riley (Bravos), 10 años por $212 millones hasta 2032. El contrato apenas empieza ahora.

Luis Robert (Medias Blancas), 6 años por $50 millones hasta 2025. Firmó antes de hacer su debut en las Grandes Ligas. Y cuando está en el campo es un pelotero espectacular, con 127 de OPS+ de por vida y brillante defensa. ¿El problema? Que hasta ahora promedia 71 juegos por temporada.

Fernando Tatis Jr. (Padres), 14 años por $340 millones hasta 2034. Hasta ahora la relación es agridulce. Tatis fue líder jonronero en 2021, con 42 cuadrangulares, pero dejó de aparecer en 32 encuentros debido a una dislocación en el hombro que renunció a operarse. Tampoco pudo convencer como shortstop, por su defensa. Y estará fuera durante todo 2022 y parte de 2023 debido a un accidente en motocicleta que trató de ocultar al equipo y un positivo por dopaje que ha golpeado duramente su reputación.

¿QUÉ PASARÁ CON RODRÍGUEZ?

Es imposible saber qué pasará con Rodríguez. Como puede verse en la lista de arriba, hay quienes cumplen con lo esperado, hay quienes bajan su rendimiento y hay quienes han sido una decepción. Las lesiones, las presiones de rendir al más alto nivel, los ajustes de los rivales, hasta el azar, todo entra en juego en este indescifrable largo plazo.

Toda decisión conlleva sus riesgos. Scott Boras, el agente de Juan Soto, ha preferido esperar para tratar de conseguir el premio mayor. En el camino, pudiera ocurrir algo que le reste parte de su valor y le impida conseguir esos 450 millones de dólares que le ofrecieron en Washington. O puede que suceda lo contrario. Puede que siga su ascenso y en esta lotería le quite a su compatriota el privilegio de poder llegar a ser el jugador mejor pagado en la historia de la MLB.

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