Luis Arráez se ha ganado el respeto en la MLB, incluso de los umpires / Foto captura de MLB Network

Nadie en toda la MLB se embasa con más frecuencia que Luis Arráez. Y es un verdadero desafío tratar de liquidarlo por la vía de los tres strikes.

El venezolano, que comenzó la temporada sin un rol fijo en Minnesota, ahora es una presencia obligada en el lineup.

El manager Rocco Baldelli incluso le ha alineado como tercero en el orden ofensivo, a pesar de que Arráez carece casi por completo de poder.

Puede entenderse lo que Baldelli busca con eso. Porque este yaracuyano, nacido en San Felipe hace 25 años, es una pequeña, pero eficiente máquina de batear.

Y lo ha sido siempre, ojo. Porque Arráez creció en las granjas de los Mellizos como un legítimo prospecto, que dejó .331 de average y .385 de OBP. Y en la pelota invernal, con los Navegantes del Magallanes, ligó para .324 siendo poco más que un veinteañero.

Este camarero devenido utility consigue llegar a salvo a la inicial en casi la mitad de las ocasiones que sale a batear. Su promedio de embasado de .454 cerró este lunes como el más elevado en las Grandes Ligas. El quisqueyano Manny Machado (.432), el cubano J.D. Martínez (.429) y Paul Goldschmidt (.419) son sus escoltas y, sin embargo, palidecen ante ese registro.

También pelea el liderato de bateo de la Americana. Martínez encabeza el joven circuito con .369 y Arráez le sigue con .360, muy cerca de él.

Todo a pesar de quedar transitoriamente fuera en la lista de covid-19, y tras superar molestias en las piernas.

«Es difícil ser un bateador mucho mejor de lo que él ya era el día en que apareció aquí la primera vez», declaró Baldelli a Yahoo! Sports. Y es que, asegura el piloto, su pupilo no deja de crecer. «Es alguien que hace ajustes naturalmente».

Es así como el infielder se ha abierto espacio en los planes de los Twins.

La lesión del dominicano Miguel Sanó le dio un sitio temporal en la primera base. Pero ahora ¿quién podría sentarlo?

Ha defendido la intermedia y la tercera almohadilla. Ha sido emergente y designado. Pero en su corta carrera acumula ya casi 50 juegos en el outfield, también. Quien batea, tiene que jugar, dice la antigua sabiduría del beisbol.

DURO DE PONCHAR

Y tiene que jugar, sobre todo, si se trata de alguien tan habilidoso como es Arráez.

Los rivales lo poncharon apenas 14 veces en sus primeras 163 apariciones en el plato. El cálculo habla de apenas 8,6 por ciento de fusilamientos. Únicamente el quisqueyano José Ramírez (7,8) y Steven Kwan (8,2) están mejor que el venezolano.

También han tratado de vencerle con rectas duras y adentro. Pero ha hecho el ajuste, advierte Baldelli. Y el resultado es evidente.

Que solo falle el swing en el uno por ciento de las veces en que le tira a la pelota es algo notable. Que haya afinado el ojo hasta ganar fama entre los umpires, siendo tan joven, es mucho más notable todavía.

«Ellos ven lo que veo yo», admite Arráez.

El toletero zurdo recuerda con su estilo a otro antiguo camarero que labró su leyenda como productivo bateador de contacto en Minnesota: el panameño Rod Carew.

Y lo dice el mismísimo Carew.

«De todos los bateadores que han tenido los Mellizos, Luis es quien más me recuerda a mí», declaró el canaleño hace días, entrevistado por el diario Minneapolis Star Tribune. «Puedo verlo en mí, casi sentirlo, cuando Luis está fuera de sincronía».

Hace casi dos semanas ocurrió así. Carew vio por televisión que su joven émulo «estaba más erguido en su postura» en el home. De inmediato le hizo llegar un mensaje, con un consejo: «Vuelve a agacharte más».

«He trabajado lo suficiente con Luis como para saber que cuando hace eso, comienza a subir el bate y empieza a poner la pelota en el aire», explicó el inmortal. «Cuando está agachadito, en cambio, baja el bate y muestra ese swing más plano, que produce líneas y hits».

Terry Francona, manager de los Indios, declaró en 2019 que Arráez le recordaba a Carew y Tony Gwynn, otro integrante de Cooperstown.

Desde entonces tiene .319 de average en sus cuatro temporadas arriba.

Carew bateó para .307 hasta los 25 años de nacido. No dejó de subir a partir de allí, hasta terminar con .328 y una placa en el Salón de la Fama.

Arráez es también un bateador de líneas, como fueron aquellos dos. Es casi tan difícil de ponchar como lo fue el panameño. Tiene la habilidad para embasarse como los mejores en la MLB y mejora su reputación con el correr de cada día.

Es la nueva maquinita de bateo de los Mellizos. Aunque su apodo es todavía más elocuente: con toda justicia, le llaman «La Regadera».

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