Martín Pérez vive su mejor inicio de temporada / Foto captura de MLB Network

El zurdo venezolano Martín Pérez regresó en grande a los Rangers. Han pasado casi 15 años de su salto al beisbol profesional y finalmente se ha convertido en el pitcher que tanto prometía en las granjas de Texas.

Pérez se adueñó este fin de semana del liderato de efectividad en todas las Grandes Ligas. Su promedio de 1.60 es brillante. Tiene un blanqueo y no ha permitido aún el primer jonrón, a casi dos meses de temporada.

Durante siete presentaciones consecutivas ha limitado a sus rivales a solo una o ninguna carrera. Nunca había vivido un período tan largo con un dominio así.

Y Pérez, sin embargo, no tiene grandes respuestas cuando se le pregunta por qué. ¿Que ha hecho diferente, qué ha cambiado o agregado, para haber podido llegar hasta aquí?

“Creo que nunca debes perder la concentración”, asevera el venezolano, de acuerdo con el Dallas Morning News. “Son nueve innings. Cualquier cosa puede pasar en la parte final del juego. He aprendido a jugar, simplemente, y a no tratar de hacer más de lo que puedo hacer».

No parece una gran pista, aunque Pérez insista en el punto.

«Si haces eso, pasarán cosas buenas», asegura. «Si mantienes la calma y puedes ir lejos en el duelo, le darás a tu equipo la oportunidad de ganar”.

Pérez, según algunos baremos, es el mejor pitcher del beisbol. Tiene una efectividad ajustada de 241 que le pone a la cabeza de toda la MLB. Y ese registro dice que su actuación supera la media de la Gran Carpa por 141 por ciento. Una barbaridad. Pero su FIP de 2.44 sugiere que sus numeritos globales no son casualidad.

Está dando menos bases por bolas y no le han sacado la pelota del parque.

Pérez sigue utilizando los mismos envíos con los que tuvo 4.88 de efectividad entre 2019 y 2021. Ya no emplea tanto la cutter como en ese lapso, pero se apoya en ella, en el cambio y en la recta de dos costuras para hacer un daño mayor.

Pero una diferencia crucial pudiera estar en su actitud. El periodista Evan Grant señaló en el Dallas Morning News que el nativo de Guanare ha trabajado constantemente con la coordinadora de desempeño mental de los Rangers.

Jon Daniels, el gerente general de los vigilantes, cree que ese aspecto está influyendo de manera decisiva.

“Dos cosas se han destacado con él desde el principio del campeonato”, señaló Daniels. «Su mentalidad, porque es mucho más agresivo y está atacando a los bateadores; y su ejecución de los lanzamientos”.

El control tiene mucho que ver en todo eso. Pérez exhibe la mejor relación de boletos por innings en su carrera, con solo 2,2 por cada 9.0 entradas. De por vida tiene 3,2 y llegó a tener un tope de 4,1 en 2020, con los Medias Rojas.

“Lanzar strikes”, afirma el lanzador sobre la gran diferencia. “Ya no tengo 20 o 21 años. Y he estado aprendiendo”.

Más que el control, que también, la llave del éxito está en su fineza, en la localización exacta de los envíos.

Un estupendo análisis del sitio PitcherList.com demuestra claramente lo que está sucediendo.

Pérez está trabajando mejor las esquinas. Ha bordeado el home con mayor maestría. No está regando lanzamientos lejos de la zona y tampoco ha vendido un exceso de pitcheos en el medio.

Ha hecho eso especialmente con la recta de dos costuras y con el cambio. Al mismo tiempo, ha trabajado bajito y sus rivales han reducido el ángulo del swing en su contra. Las pelotas, en consecuencia, han volado menos. Y han rodado más.

Pérez ha explotado eso para desplazar a Justin Verlander como el pitcher del momento en la MLB. Sus resultados no son casualidad ni producto del azar.

Pero tampoco están escritos en piedra. Si el portugueseño puede mantener ese comando excepcional, debería seguir en esta senda brillante que le tiene encumbrado como el inesperado as de Texas. Si no lo mantiene, probablemente lo pagará.

Pérez llegó a los Rangers en 2012, con solo 21 años de edad y la etiqueta de ser el mejor prospecto de pitcheo en la organización. Hoy, finalmente, es el número uno de su staff. Y seguirá siéndolo, siempre que pueda mantener la destreza de los buenos cirujanos con el bisturí.

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