Gleyber Torres encendió los motores el 24 de abril / Foto captura de MLB Network

Los Yanquis se sacaron la lotería con Geyber Torres en 2016. Era uno de los principales prospectos del beisbol y fue el precio que pagaron los Cachorros para adquirir durante tres meses al cerrador cubano Aroldis Chapman. En Chicago estaban dispuestos a pagar el sobreprecio con tal de reforzarse en la recta final.

Chapman volvió a Nueva York, después de ganar la Serie Mundial con los Cubs, y Torres irrumpió en las Grandes Ligas poco después, para convertirse en una de las figuras jóvenes más llamativas de la MLB.

El venezolano sacudió 24 jonrones en su año de novato, en 2018. Y eso, a pesar de solo disputar 123 juegos. Siguió en 2019 con 38 cuadrangulares más y se convirtió en piedra angular en los planes de largo plazo de Nueva York.

Torres era todo lo que podían pedir en el Bronx. Tenía los numeritos, la mentalidad de equipo y la fuerza de espíritu para asumirse protagonista en los playoffs.

Eso es oro en polvo para una organización donde octubre es siempre una obligación. Luego de 92 apariciones legales en postemporadas, sus promedios son .325/.413/.575, con 5 vuelacercas, 15 empujadas y .988 de OPS en 22 compromisos.

¿Qué pasó con el caraqueño? ¿Cómo es posible que aquella joya se disolviera, al punto de caer a .256/.337/.366 en las últimas dos temporadas?

¿Fue la dificultad añadida de tener que dar un paso al frente como shortstop, dejando la relativa comodidad de la segunda base? ¿O acaso las críticas de periodistas y fanáticos impacientes causaron mella en su ánimo y producción?

Torres siempre tuvo la misma respuesta: estaba trabajando en ello. Y ahora, finalmente, parece de regreso.

ESPERANZAS CON MOTIVOS

La muestra es pequeña. Demasiado pequeña. Pero permite creer en el fin del prolongado slump.

El venezolano puso un average de .308, con 2 bambinazos y 9 empujadas en los 7 juegos que los Yanquis disputaron a partir del 24 de abril. En ese lapso dejó un OPS de .975 y se pareció mucho más a aquella esperanza hispanoamericana que en 2018 saltó impetuosamente a la MLB.

«Solo intento ser yo mismo», declaró Torres esta semana, rodeado por las cámaras y micrófonos de la cadena YES y otros medios neoyorquinos. «Trato de estar en control y hacer las cosas pequeñas».

«No quiero ser súper agresivo», agregó. «Sé que tengo otros compañeros atrás. Eso me ayuda a relajarme. Sé que si no me lanzan algo para batear, el que sigue atrás puede hacer el trabajo».

Es el mismo discurso que Torres repetía en la recta final de 2018, y de nuevo en 2019. Como también apuntó, en medio de esta charla: «Me enfoco en creer más en mí».

Los Yanquis viven su mejor momento en varias temporadas. Y casualmente también lo vive el nativo de Caracas. Puede que una cosa no esté estrictamente relacionada con la otra. Después de todo, Anthony Rizzo y Giancarlo Stanton están sacando pelotas casi a diario. Y el staff de pitcheo encabeza la Liga Americana.

Pero Torres también es buena noticia. Y sí, la muestra es muy pequeña. Pero está comprobado que su talento existe. Alguien que puede sacudir 38 jonrones en una temporada de la MLB –y más siendo camarero o campocorto– es alguien que puede batear bien.

Por eso el entusiasmo. Sí, hay razones para sostener la esperanza y pensar que quizás este sí sea el regreso de aquel talentoso joven veinteañero, ese que tantas veces hizo recordar lo que en sus inicios hacían Mickey Mantle y Joe DiMaggio.

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