Jeremy Peña / Foto captura MLB Network

Los Astros de Houston perdieron como agente libre a una de sus principales piezas, Carlos Correa, a quien tomaron en el Draft Colegial de 2012 con la convicción de que ese movimiento les permitiría echar las bases de un equipo capaz de ganar la Serie Mundial. Y 10 años después, el joven Jeremy Peña comienza a darles razones para no lamentar su adiós definitivo.

Los texanos disputaron tres ediciones del Clásico de Otoño desde 2017, gracias a Correa y a un reluciente grupo de figuras que él lideró. Han sido la fuerza dominante del último lustro en el Oeste de la Liga Americana. Y parecían depender especialmente de esa formidable llave de dobleplays que el puertorriqueño formaba con el venezolano José Altuve.

Porque el boricua es bueno en la defensa. Muy bueno. En 2021 fue reconocido con el Guante de Platino al mejor de todas las posiciones y de todo el beisbol. Y también es bueno con el madero. Muy bueno. Tanto, que superó la veintena de jonrones en cinco de sus siete temporadas con los siderales, y en dos ocasiones rebasó las 90 carreras empujadas.

¿Cómo se puede sustituir un talento así, en una posición crucial como lo es el short?

Démosle la bienvenida al dominicano Peña.

Peña disputó menos de 200 juegos como profesional, antes de ser llamado a probarse como el heredero de Correa. Y en su segundo juego ya había dado demostraciones de que el alto mando de los Astros quizás no esté equivocado con él.

Tiene 24 años de edad y apenas fue a batear 160 veces en todo el torneo pasado, contando lo que sumó en categoría Novatos. Una lesión en la muñeca le envió al quirófano y le costó casi todo el calendario. Regresó en la recta final. Y sacudió 10 jonrones en Triple A, uno cada 13,3 apariciones legales. Bárbaro.

Mientras Correa discutía los términos de una posible extensión multimillonaria que le permitiera quedarse en Houston, su posible heredero tocaba las puertas de la MLB. A partir de noviembre demostró en el circuito de su país natal que estaba listo para enfrentar pitcheo de alta competencia. Y se presentó al Spring Training como el plan B de su organización, tras brillar en LIDOM.

Este viernes envió a todos los aficionados un mensaje con el madero: este novato tiene condiciones para montar un espectáculo.

CEREBRITO UNIVERSITARIO

Peña llegó tarde a la pelota rentada. No dio el salto en República Dominicana, como la mayoría de sus compatriotas. Por el contrario, acudió a la Universidad de Maine para estudiar y jugar.

Ya había rechazado ser una selección de los Bravos de Atlanta en el Draft Colegial de 2015, cuando cursaba el high school. Estaba a punto de cumplir los 21 años de edad cuando, finalmente, puso la rúbrica en su primer contrato.

Pero este quisqueyano, elogiado por sus instintos e inteligencia para jugar, tiene pedigrí. Su padre, a quien tan sonriente vieron en el Angel Stadium, la noche de su primer cuadrangular, fue infielder de los Cardenales de San Luis y los Indios de Cleveland, entre 1990 y 1996. Y se nota que le enseñó a su hijo cómo hacer las cosas bien.

«Estoy feliz, feliz, feliz», repetía el padre, tras el estacazo.

La agencia The Associated Press reportó que el as Justin Verlander vio la entrevista a sus parientes, justo cuando sacudió el bombazo. Y se lo dijo de inmediato, en el dugout.

«Eso fue muy bueno», celebró Peña. «Es imposible planificar algo así. Cuando me dijeron que lo grabaron en cámara… fue increíble poder verlo».

Nativo de Santo Domingo, es una apuesta segura para muchos. Baseball Prospectus le ubicó en el puesto 16 entre los mejores talentos emergentes de 2022. Baseball America le consagra como el mejor guante de toda su organización. Y MLB Pipeline, el sitio de MLB.com dedicado a los prospectos, vaticina que algún día conseguirá cosechas de 20 vuelacercas y 20 bases robadas.

Esa, precisamente, era la marca de Correa, un torpedero atlético, con perfil ofensivo que además brillaba al campo. El puertorriqueño dejó en Houston topes personales de 26 jonrones y 14 estafas.

Los Astros trataron de retenerlo, antes de este campeonato. El diario Houston Chronicle reportó hace meses la propuesta de 150 millones de dólares por 5 temporadas que le hizo su escuadra original. Su agente Scott Boras la rechazó, como también rechazó la oferta calificada por 18,4 millones para 2022, cuando se declaró en libertad.

Correa terminaría firmando por un año y 35 millones de dólares con los Mellizos de Minnesota, mucho menos de lo que se esperaba. Y ese día, en marzo, en plenos entrenamientos primaverales, Peña supo que era el elegido.

Para el Día Inaugural ya estaba en el campo corto de los texanos. Se completaba el relevo generacional.

Su equipo lo drafteó en 2018 con la idea de que era alguien especial. Y decidió apostar por él, convirtiéndole en la llave de dobleplays de Altuve y en una de las sensaciones jóvenes en el inicio de zafra. Es la historia que vivió Correa en su momento. Y es la historia que ahora vive su heredero.

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