Por: Marta Bebinger

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Mucho se ha discutido sobre la escasez de personal de enfermería y de profesionales sanitarios en general durante la pandemia, una situación que ha llevado a pacientes a reprogramar cirugías o esperar horas en los pasillos hasta que se habilite una cama. Pero los números estatales muestran que actualmente hay más enfermeros y enfermeras con licencia, en casi todas las categorías, que antes del COVID-19.

La Junta de Registro en Enfermería del estado, muestra en junio un aumento del 24% en la cantidad de registrados con licencia en comparación con el mismo mes en 2019. Y eso se suma a las casi 12,000 licencias temporales durante la pandemia. Entonces, ¿por qué muchos hospitales, centros de salud comunitarios y clínicas tienen puestos vacantes?

El principal sindicato del estado asegura que no se debe a una escasez real de personal.

“(Lo que pasa) es que pocos profesionales de enfermería están dispuestos a trabajar en estas condiciones”, dice Katie Murphy, presidenta de la Asociación de Enfermería de Massachusetts.

Condiciones que muchos enfermeros y enfermas dicen que son agotadoras y terminan exageradamente cansados inmediatamente después de un turno. Si bien el estado no rastrea cuántos en sus listas están empleados actualmente, muchos describen haber dejado sus trabajos a raíz del COVID-19.

Por qué se van de los hospitales

Carrie Pessini recuerda haber llegado a trabajar a una sala de emergencias unos meses antes de renunciar. Un colega informó a Pessini sobre sus pacientes, incluido un joven con una afección cardíaca.

“Cuando entré para evaluar a ese paciente en particular, no respondía”, dice Pessini. “Desafortunadamente, ese paciente había experimentado una posible sobredosis de opioides”.

Las sobredosis de drogas aumentaron durante la pandemia .

“Realmente no creo, en este momento, que las personas puedan ser enfermeras de cabecera durante toda su carrera. No es física, emocional o espiritualmente posible”.

CARRIE PESSINI

Mientras Pessini usaba naloxona para revivir al hombre, pudo ver a otro paciente sangrando de su sien. Un hombre atado a una camilla rodó con un colapso emocional.

Las salas de emergencias son lugares concurridos, pero Pessini dice que el ritmo se volvió implacable. Salía del hospital destrozada, a veces sin poder hablar durante varias horas.

“En un turno de 16 horas, no se tiene tiempo para procesar nada de lo que se ha experimentado”, dice Pessini, “ya ​​sea una gran cantidad de muertes de pacientes, una madre que grita porque su hijo está realmente enfermo o porque podría haber fallecido. Lo que se escucha en ese departamento, todo, te los llevas a casa”.

Pessini renunció para trabajar en un programa psiquiátrico móvil. Ella dice que es una de las muchas enfermeras veteranas que están cambiando su puesto dentro de los hospitales por algo menos estresantes y más gratificantes.

Amy Smith, otra exenfermera de la sala de emergencias, cuenta que durante la pandemia el año pasado, lloraba antes de cada turno. Smith dice que se despertaba, se daba cuenta de que era un día de trabajo y caía en «una derrota realmente emocional».

Smith guarda en sus recuerdos a una anciana que se encontraba en una camilla de un pasillo, manchada de heces y orina. Smith tenía otros siete pacientes en ese turno. Tuvo que priorizar a dos que necesitaban cuidados intensivos las 24 horas. Así que pasaron tres o cuatro horas antes de que Smith limpiara a la mujer.

“Es impotencia y desesperanza, todo al mismo tiempo, sin algo que indique que se acerca un final”, señala Smith.

Smith renunció en noviembre de 2021 y se llevó con ella 25 años de experiencia. Ahora está tostando granos de café, con la esperanza de abrir un café donde pueda mirar a las personas a los ojos, preguntarles sobre sus vidas y ofrecerles consuelo, cosas que amaba en sus primeros años como enfermera.

Amy Smith vierte café recién tostado en una bolsa en el negocio de su casa, My Coffeesmiths, en Pembroke. (Jesse Costa/WBUR)

El personal de enfermería no solo renuncia por las difíciles condiciones de trabajo. Algunos han estado enfermos con el virus. La mayoría regresó, pero otros están fuera por discapacidad a largo plazo. Algunas enfermeras con niños pequeños reducen sus horas de trabajo o están de baja porque el calendario de las guarderías y las escuelas ha sido impredecibles. Y hay enfermeros que decidieron no regresar después de que fueron despedidos a principios de la pandemia.

Los enfermeros y enfermeras también se encuentran entre una pequeña parte de los empleados de hospitales que fueron despedidos por no recibir las vacunas COVID-19. Katelyn, quien ha sido enfermera de la UCI durante 13 años, dice que solicitó al hospital donde trabajaba obtener una exención médica, pero se la negaron. Acordamos con la entrevistada usar solo su primer nombre para este trabajo periodístico.

Ahora, Katelyn es una enfermera itinerante que se traslada de un hospital a otro dentro de Massachusetts. Ella dice que la agencia que reserva sus trabajos y los hospitales donde labora, han aceptado su solicitud de exención de vacunas. No sabe cuánto durará esta fase de su carrera de enfermería. Katelyn dice que algunos de los hospitales que dependen de enfermeros itinerantes tienen condiciones de trabajo terribles.

“Pensé que la posición en la que estaba antes era agotadora, pero esto es horrible”, indica. “Y no sé si puedo pasar por el estrés cada 13 semanas de tratar de encontrar mi próximo contrato”.

Katelyn cuenta que los hospitales que se encuentran al borde de su capacidad, aún ofrecen buenos salarios, $100 por hora o más, pero otros están reduciendo a la mitad la tarifa de los itinerantes o cancelando los contratos a medida que disminuye el número de pacientes en los hospitales.

Incentivos para el personal de enfermería

La Asociación de Salud y Hospitales de Massachusetts asegura que mantener a los enfermeros en centros de salud y abordar el agotamiento al que se enfrentan, es una prioridad máxima. La vicepresidenta de asuntos clínicos de la MHA, Patricia Noga, señala que muchos hospitales ofrecen más flexibilidad.

«Realmente es trabajar con cada enfermero y enfermera de manera individual para saber qué sería más útil para ellos en términos de permanecer en la fuerza laboral», dice Noga, lo que puede significar dejar que elijan sus horas, los días de la semana que quieren trabajar y cuál hospital quieren que se les asigne.

Muchos profesionales de enfermería hablan de otros dos cambios que podrían ayudarlos a permanecer en el trabajo. Primero, limitar la cantidad de pacientes que se les asignan. Incluso, en 2018, una pregunta electoral que habría establecido el número de pacientes por enfermero, no fue aprobada después de una dura pelea entre la asociación de hospitales y el sindicato de enfermeros.

Posteriormente, la MHA creó el grupo de trabajo Caring for the Caregiver, que hizo público un informe a finales del año pasado. Este menciona la importancia de contar con un equipo de salud seguro y eficaz, pero no recomienda un límite específico de pacientes para los enfermeros y enfermeras.

La segunda petición es un mejor pago en reconocimiento al arduo trabajo y el aumento de los niveles de estrés. Noga dice que algunos hospitales brindan asistencia financiera para el cuidado de niños. Otros están ajustando los salarios en función de la demanda de personal de enfermería.

“Algo de eso está comenzando a suceder”, dice Noga. «Hacia dónde avanzará, realmente no estoy seguro».

Muchas personas están reevaluando lo que quieren de un trabajo durante la pandemia, incluyendo a enfermeros y otros empleados de atención médica, comenta Rachel Lipson, quien dirige Project on Workforce en Harvard. Lipson es coautor del informe, COVID-19 and the Changing Massachusetts Healthcare Workforce, publicado en septiembre de 2021.

“Me siento un poco animada de que al menos haya conversaciones sobre cómo podemos hacer de esta profesión una más sostenible”, dice Lipson.

“A veces perdía el sueño por pacientes que no podía atender o tareas que no podía llegar a hacer”.

JUANITA SÁENZ

Durante la pandemia, se permitió que enfermeros y enfermeras de otros estados o aquellos con licencias vencidas, pudieran trabajar en virtud de una orden de emergencia de salud pública emitida en noviembre de 2021. Esas excepciones culminan en junio de este año. Las licencias de enfermería suelen renovarse cada dos años.

Para suplir al personal de enfermería dentro de los hospitales, algunos especialistas ayudan a los asistentes médicos a obtener la educación y la capacitación que necesitan para convertirse en enfermeros. Noga dice que los hospitales están trabajando en estrecha colaboración con las escuelas de enfermería en estos programas.

Rosanna DeMarco, decana interina de la escuela de enfermería de UMass Boston, indica que el desarrollo de estas asociaciones ayudará a sus estudiantes a obtener más experiencia clínica y ampliará al grupo de maestros que la universidad necesita a medida que disminuye el npumero de solicitudes para las facultades de la escuela de enfermería.

DeMarco señala que las inscripciones ya cerraron. Pero los estudiantes han escuchado las historias de enfermeros y enfermeras que han renunciado y tienen miedo de los entornos de trabajo que les esperan a futuro. En respuesta, DeMarco agregó sesiones este año sobre cómo manejar el estrés, encontrar un mentor y desarrollar redes de apoyo entre pares.

“No se trata solamente de cómo se cuida al paciente, aquí están las herramientas», asegura. «Se trata de los recursos mentales que uno necesita tener para trabajar con pacientes, ahora que realmente (la salud mental) debe abordarse de una manera muy directa y formidable».

Trabajar bajo estrés

El debate sobre la escasez de personal a menudo se centra en los hospitales; pero las clínicas, los centros de salud comunitarios y las agencias de atención domiciliaria están luchando para retener a su personal y cubrir las vacantes también. Las decisiones de dos hermanas en Boston, Juanita y Tatiana Sáenz, son muestra de ello.

Juanita Sáenz consiguió su primer trabajo como enfermera en enero de 2020 en un centro de salud comunitario. Sobrevivió al primer año de la pandemia y luego renunció para trabajar en otro centro de salud más cercano a donde vive. Gran parte de la atención fue remota. Juanita dice que pronto se cansó de escuchar a los pacientes frustrados gritarle. Y sintió que su día estaba controlado por el sistema de registro médico electrónico del centro y sus implacables exigencias.

“A veces perdía el sueño por las tareas que no podía hacer”, dice Juanita.

Tatiana Sáenz con su perro fuera de la sucursal de Jamaica Plain de la Biblioteca Pública de Boston. (Jesse Coista/WBUR)

Dejó ese centro para trabajar en una clínica donde las personas reciben las vacunas que necesitan para viajes de negocios o vacaciones internacionales. Juanita dice que ahora tiene un número manejable de citas, con clientes agradables y que puede ocuparse de asuntos personales durante el día cuando sea necesario.

“Hay un gran cambio entre los más jóvenes, quienes se han dado cuenta que son personas antes que trabajadores”, dice ella.

Su hermana, Tatiana Sáenz, entregó recientemente su renuncia en un centro de salud comunitario donde dice que se siente abrumada la mayoría de los días.

“Es una presión en mi pecho”, explica Tatiana, llevándose el puño al esternón. Y ella dice que su cerebro se nubla. “Olvidas los nombres de las personas a pesar de preguntar por ellos tres o cuatro veces en el mismo día”.

El otoño pasado, Tatiana se dio cuenta de que no podía recordar algunas conversaciones con pacientes de un día para otro. Tomó una licencia de tres meses y luego volvió al trabajo, pero todavía se siente abatida. Aquí hay una razón: está cansada de la lucha diaria para encontrar tratamiento de salud mental o uso de sustancias para los pacientes que lo necesitan.

Es esa incapacidad de sentirse seguro al decirles que el mañana va a cambiar cuando en realidad no sé nada más”, dice Tatiana.

Cuando se vaya en abril, después de casi una década en hospitales y centros de salud, Tatiana planea volver a la escuela a tiempo completo. Quiere terminar una maestría en informática de enfermería para poder seguir involucrada en la profesión, pero enfocándose en los datos en lugar de la atención directa al paciente.

“No fue una decisión fácil de tomar”, dice Tatiana, “pero al final del día, no quiero que mi cuerpo pague el precio de continuar haciendo el trabajo que me estresa y afecta mi salud mental”.

Este segmento se emitió el 28 de febrero de 2022.

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