A propósito de las elecciones chilenas y de la victoria de Gabriel Boric, representante del ala izquierda, no falta quien se autodenomine pájaro de mal agüero, y comience a vaticinar sucesos que aún no han ocurrido.

Todos conocemos a alguien que, tras conocerse los resultados, comenzó a sacar cuanta vieja opinión pudo haber dicho el ahora presidente electo hace más de 8 años en Twitter, como si las personas no tuvieran derecho a equivocarse o como si el cambio de perspectivas no fuese posible. 

Si bien es verdad que en Latinoamérica lo que más sobran son los ejemplos de gobiernos autocráticos, de izquierdas o derechas, con las consecuencias catastróficas que hemos visto en Cuba, Nicaragua y Venezuela; creo necesario llamar a la calma, a fin de cuentas; la ansiedad puede ser la peor de las consejeras. 

Me atrevo a decir que a pesar de que en nuestra región compartimos ciertas similitudes, también es cierto que cada país ha escrito una historia diferente y por tanto; sus políticas responden a situaciones completamente distintas.

Es un error garrafal medir a Chile por lo que pueda estar pasando en otras latitudes del hemisferio, pues es evidente que entre los tres mencionados ejemplos y la nación suramericana existen un garrafal margen diferenciador, enmarcado por unas instituciones del Estado que, hasta ahora, se han mantenido funcionales.

Creo necesario acotar que es buen síntoma que, tras conocerse los resultados, José Antonio Kast reconoció los resultados con buena actitud, y dejó un puente abierto para poder trabajar en conjunto en aquellas áreas que sabe que puede aportar cosas positivas en pro del pueblo chileno.

Quien actúa de manera contraria, con soberbia y haciendo apología a la violencia, debe ser descartado automáticamente para cualquier otra posible candidatura futura, pues está demostrando claramente cuáles serían sus verdaderas intenciones.

Un país nunca es la mitad de su gente. Independientemente de quien hubiera ganado, ninguno de los dos candidatos podría sostenerse enfrentándose constantemente a ese porcentaje de personas que no votó por su propuesta, pues estaría creando un clima de ingobernabilidad que nadie está dispuesto a experimentar.

Mahatma Gandhi decía que democracia se rompe cuando las riendas se tensan, y que por ende, solo puede existir apoyada en la confianza. ¿Qué pasará en Chile? Eso solo podremos saberlo con el tiempo. Mientras tanto, hagamos un llamado a la calma.

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