Jonathan Soto, periodista senior de El Tiempo Latino especializado en la fuente deportiva

La nueva generación de futbolistas tiene un alto listó por superar. Puede sonar injusto, pero todo aquel que quiera ser grande deberá apuntar a Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. Menos es vivir en la sombra de dos de los más grandes en la historia de la disciplina.

La conquista es, hasta cierto punto, odiosa.

Hacerse un nombre sin importar qué hizo tal o cual es el verdadero reto pese a que los registros siempre obligan a ver a los dueños de los récords. Es esa presión la que ha aniquilado a más de uno.

Para jugadores como Kylian Mbappé y Erling Haaland el llamado es simple: en los ojos de propios y extraños son estos dos los elegidos para tomar el testigo del argentino y el portugués aunque sus carreras aún transiten por cortos caminos.

Pero, ¿es ese el único factor capaz de enterrar el talento de una promesa?

En ocasiones, la falta de respuesta ante el reto está motivada por los propios aplausos del entorno.

Las imprudencias de algunos que se esconden en los lujos de sus altos sueldos para hacer y deshacer, como si de la prerrogativa del deporte se tratara, solo los apartan de lo que deberían hacer.

No es que el error extradeportivo los condene de por vida, son las repeticiones las que los marginan.

El dinero siempre ha estado ahí para garantizar a los poderosos equipos hacerse de los servicios de las estrellas; no obstante, la disciplina no siempre está garantizada. Los episodios que llenan a los medios con el bochorno protagonizado por algunos de los más grandes futbolistas del mundo pone en entredicho la condición económica como un factor que solo potencia la falta de sentido común.

Pero lo más importante aquí pasa por el grupo que rodea al profesional.

Pese a su incalculable talento, el brasileño Neymar es conocido por encabezar un séquito conocido como los «Toiss», conformado por sus amigos de la infancia y quienes incluso trabaja para él. Pero detrás de la figura laboral existe un colectivo llamado a ir junto al astro del PSG de fiesta en fiesta.

Neymar, por cierto, era llamado a ser el tercero en discordia en la lucha por un Balón de Oro junto a Messi y CR7.

Ese es, tal vez, el más reciente y poderoso ejemplo de cómo alguien con mucho brillo puede también decantarse por otros elementos fuera de la cancha. Al futbolista no se le pide dejar de disfrutar, pero como buen atleta también se debe a un régimen que no cualquiera es capaz de soportar.

De eso va la advertencia para los nuevos cracks.

Puede que jamás veamos a otros como el argentino y el portugués, especialmente porque ambos, aunque con distintos ritmos de vida, han respetado al máximo el fútbol, pues al final del día es su trabajo y enaltecerlo es también una manera de ser los más ejemplares representantes de su deporte.

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