Jonathan Soto, periodista senior de El Tiempo Latino especializado en la fuente deportiva

México fue sancionado por la FIFA ante los gritos homofóbicos de sus aficionados contra los porteros rivales. En Panamá, el colombiano Gustavo Chará fue insultado por su color de piel. El fútbol está enfermo y mucho.

Que en la disciplina aún se vivan episodios como los mencionados es preocupante. No debería existir caso alguno, aunque es inevitable que más de un desadaptado quiera imponer su absurdo criterio.

El famoso grito que sigue al saque del portero rival es obsoleto. En un mundo que abraza el criterio sexual de cada quien, la ofensa se convierte en la voz de quienes no deberían tener espacio en las canchas.

Lamentablemente, por unos pagan todos. México, por ejemplo, jugará a puerta cerrada dos encuentros de local en la eliminatoria rumbo a la Copa del Mundo 2022 por esta situación, una que la Federación Mexicana de Fútbol observa de cerca en la Liga MX.

El racismo tampoco es cosa menor en la región, una tontería dada la diversidad cultural de nuestras tierras.

¿Qué gana un fanático rival lanzando improperios a sus contrincantes por su raza?

Las malas prácticas de convivencia siguen teniendo un espacio que no debería existir en el deporte. Afortunadamente son cada vez mayores las sanciones y reproches hacia los grupos que se dedican a romper con la dinámica del fútbol.

Nadie quiere ver a su equipo perder. Nadie. Pero eso no lleva a estas acciones.

El balompié es lucha en su máxima expresión. La necesidad de sus protagonistas por imponerse a los de enfrente. Así como si se tratara de vida o muerte, el todo o nada es parte del día a día de los clubes, pero eso no debe abrir las puertas a que el fanático, algunas veces vehemente en su misión por impulsar desde la grada a los suyos, se deje llevar por la incoherencia.

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