Los Bravos de Atlanta ganaron solo 88 juegos en la temporada regular de las Grandes Ligas. Y sin embargo, esta semana desfilarán bajo una lluvia de confeti por las calles de la ciudad sureña, enseñando a los aficionados el trofeo de campeón.

Los nuevos reyes de la Serie Mundial no habrían diputado la postemporada en caso de haber militado en cualquiera de las otras divisiones de la MLB.

Habrían sido segundos en el Centro de la Liga Americana. Terceros en el Centro de la Nacional, así como en el Oeste de ambos circuitos. ¡Habrían sido quintos en el Este de la Americana!

La corona de 2021 llegó gracias a una dosis de buena fortuna para los Bravos. Solo otro equipo en el mediocre Este de la Nacional terminó con récord de .500 o más.

Pero Atlanta no es solamente un golpe de suerte. Es también una prueba de cuán exitosa puede ser una política de control de daños cuando se aplica sin pensar en la chequera y a toda velocidad.

El manager Brian Snitker comenzó la campaña con cuatro outfielders. El venezolano Ronald Acuña Jr. patrullaba la derecha, el dominicano Macell Ozuna defendía la izquierda, y para el centro tenía al venezolano Ender Inciarte y al quisqueyano Cristian Pache.

Inciarte y Pache no batearon lo esperado. El primero fue dejado en libertad en agosto, a pesar de sus tres Guantes de Oro. El segundo terminó como jugador de reemplazo en las Ligas Menores, buscando mayor maceración.

Ozuna jugó hasta el 25 de mayo. Luego de eso comenzó su proceso judicial, por un caso de violencia doméstica. Y Acuña se desgarró un tendón de la rodilla derecha el 10 de julio.

REPARANDO LO ROTO

Alex Anthopoulos, gerente general de los Bravos, atacó este problema en el mercado de cambios que cerró el 30 de julio. Necesitaba cuatro nuevos jardineros. Y la jugada le resultó perfecta.

Adquirió a Adam Duvall. Y Duvall terminó la justa con 38 jonrones y 115 empujadas, líder en la liga.

Adquirió a Joc Pederson. Y Pederson dio los batazos claves en la Serie Divisional contra los Cerveceros de Milwaukee.

Consiguió al puertorriqueño Eddie Rosario. Y Rosario resultó el Jugador Más Valioso de la Serie de Campeonato ante los Dodgers de Los Ángeles.

Consiguió al cubano Jorge Soler. Y Soler resultó el Jugador Más Valioso de la Serie Mundial.

Todo funcionó tan bien, que parece irrepetible.

El cuerpo de lanzadores enderezó, mientras todo eso sucedía. El staff tenía una efectividad colectiva por debajo de la media de la MLB, a mitad de calendario. Pero enderezó. Sus pitchers terminaron con 3.88 de promedio global, el cuarto mejor en la Nacional.

Con abridores asentados, con un bullpen que ganó peso, solo faltaba que los cuatro grandes cubrieran las ausencias en el outfield. Y lo hicieron. Con creces.

Esta semana hay desfile en Atlanta. Salió tan bien cada movimiento, que el confeti caerá sobre los Bravos, y nadie más.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.