José Altuve es un gran bateador. Tres títulos de bateo con los Astros de Houston soportan con firmeza su estatus estelar en la MLB.

Es la cara más visible de su equipo y uno de los jugadores más reconocibles del beisbol. Pero también es una especie de Hulk cuando llegan los playoffs.

Altuve conectó este sábado su jonrón 23 desde que debutó en postemporadas de las Grandes Ligas. Es una cifra insólita. Porque la ha conseguido en apenas seis años y porque le convierte en uno de los más grandes aporreadores de la historia.

Los seguidores del venezolano –que son muchos– saben bien que el camarero ya se adueñó del segundo puesto de todos los tiempos entre los bateadores con mayor cantidad de cuadrangulares.

Es el bigleaguer más bajito con bombazos en una Serie Mundial. Oficialmente mide 1,68 metros de estatura (5 pies, 6 pulgadas), aunque en verdad es menos. Lo demostró el ocurrente y muy recordado narrador Beto Perdomo en su Venezuela natal, al plantear una divertida competencia con el también diminuto Alexi Amarista, grandeliga antes que Altuve.

Su estatura real es 1,66 (o 5 pies, 5 pulgadas). Como ha atestiguado el principal responsable de su firma, Alfredo Pedrique, el informe original de los scouts «agigantó» la medida para suavizar la posición de los Astros y asegurar su entrada a la organización.

Pero ese dato es solo una curiosidad, por más que la altura corporal haya tenido siempre relación con la fuerza de los toleteros en la Gran Carpa.

Porque Altuve es también el infielder con más bombazos en estas etapas. Y se supone que los defensores de su posición –especialmente intermedistas y campocortos– no están físicamente dotados para sumar tantos estacazos de vuelta completa.

Se supone que la agilidad necesaria para hacer dobleplays y alcanzar rodados al fondo del abanico es menor con cuerpos esculpidos con prominente musculatura.

O a menos era lo que se suponía antes de esta generación, que incluye a Fernando Tatis Jr., por ejemplo. Y claro, a Altuve.

Pero el venezolano es un verdadero Hulk cuando llega la acción decisiva de octubre. Puede pasar de ser un estupendo bate a ser el máximo exponente del poder desde el nacimiento de los playoffs. Y hay más pruebas que lo demuestran.

La frecuencia jonronera es la más elocuente de todas. Manny, el único grandeliga con más cuadrangulares que él en la suma de todas las postemporadas, necesitó 11 años para su cosecha, casi el doble que el camarero.

La colección del antiguo jardinero y designado de los Indios, Medias Rojas y Dodgers ocurrió en 111 encuentros y 493 apariciones en el plato. Su ya enconado perseguidor llegó a 77 choques y 354 viajes al plato con su desempeño de este sábado.

Ramírez disparó un cañonazo fuera del campo cada 14,1 turnos. Altuve lo hace cada 13,6.

Bernie Williams, escolta de ambos con 22, sacudió uno cada 21,1 turnos. Derek Jeter, cuarto con 20, dio uno cada 32,5.

El contexto más claro lo impone el contraste entre los dos Altuves. Ese buen bateador que es en campeonatos regulares saca una pelota cada 35,2 turnos. El Hulk en el que se convierte cada mes de octubre reduce esa frecuencia a la mitad. O dicho de otro modo: multiplica su fuerza por dos.

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Altuve pareciera imitarlo gracias a una capacidad que va más allá de lo ordinario, que le permite rendir por encima de sus propias condiciones físicas y que le convierte en uno de los toleteros más poderosos de todos los tiempos cada vez que llegan los playoffs.

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