Fluvoxamina, un medicamento antidepresivo usado a menudo para tratar el trastorno obsesivo compulsivo, se suma a un creciente número de tratamientos contra el COVID-19; demostró resultados llamativos con el fin de reducir las hospitalizaciones y las muertes por la enfermedad causada por el nuevo coronavirus.

El fármaco está aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) para el tratamiento de la salud mental, por lo que los médicos pueden comenzar a recetarlo bajo ciertos parámetros. El costo relativamente económico significa que podría ser beneficioso en partes del mundo con bajas tasas de vacunación.

El contexto: La fluvoxamina, que es producida por diversos fabricantes, se usa generalmente para reducir los pensamientos repetitivos no deseados y los comportamientos ritualizados. También se puede recetar fuera de etiqueta para el trastorno depresivo mayor, el trastorno de estrés postraumático, los trastornos alimentarios y otras afecciones.

  • En uso desde la década de 1990, el fármaco es un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina que ayuda a restablecer el equilibrio de la serotonina en el cerebro. Los investigadores explicaron que decidieron estudiar su potencial uso en el tratamiento del COVID-19 debido a sus propiedades antiinflamatorias y posiblemente antivirales.
  • El estudio, publicado el miércoles 27 de octubre en la revista Lancet, encontró que administrar fluvoxamina a los pacientes con COVID-19 de alto riesgo (100 mg dos veces al día durante 10 días) al principio de su tratamiento redujo la necesidad de hospitalización.
  • Los efectos secundarios comunes de la fluvoxamina incluyen dolores de cabeza, náuseas, diarrea y mareos, según la Alianza Nacional de Enfermedades Mentales (NAMI). Algunos pacientes también han informado problemas con el orgasmo o retraso en la eyaculación.
  • NAMI señaló que estos problemas a menudo mejoran a medida que los pacientes siguen tomando el medicamento, con la excepción de los efectos secundarios sexuales. En casos raros, la fluvoxamina puede causar niveles bajos de sodio en sangre, convulsiones, sangrado y otras afecciones.
  • El medicamento se administra en forma de píldora y es relativamente económico, cuesta alrededor de $4 para un tratamiento de 10 días.

Lo último: El ensayo clínico se realizó de enero a agosto e incluyó aproximadamente a 1 mil 500 personas en 11 lugares de Brasil. Los participantes eran adultos que presentaban síntomas de COVID-19 y tenían un mayor riesgo de enfermedad grave debido a otros problemas de salud. La edad promedio era de 50 años, casi 60% eran mujeres y la mayoría se identificaba como mestiza.

  • Aproximadamente la mitad de los participantes recibieron fluvoxamina, mientras que la otra mitad obtuvo un placebo. Tomaron sus pastillas durante 10 días en casa y los científicos las rastrearon durante cuatro semanas.
  • En el grupo que tomó fluvoxamina, el 11% necesitó hospitalización o una estadía prolongada en la sala de emergencias, en comparación con el 16% de los que tomaron el placebo.
  • Entre los participantes que se adhirieron en un 80% al régimen de tratamiento, una persona que tomó fluvoxamina murió, en comparación con 12 que recibieron un placebo.
  • Dos ensayos en desarrollo, uno financiado por los Institutos Nacionales de Salud y otro en la Universidad de Minnesota, analizan el uso de una dosis más baja en pacientes con COVID-19.

¿Qué dicen? “Básicamente, por cada 20 personas de esta población que trataste, beneficiarías a una”, comentó David Boulware, profesor de medicina de la Universidad de Minnesota, quien trabajó en un estudio más pequeño del fármaco. “Ese es un número bastante bueno, particularmente para entornos ambulatorios para COVID-19”.

  • Angela Reiersen, psiquiatra de la Universidad de Washington en St. Louis, a quien originalmente se le ocurrió la idea de estudiar la fluvoxamina para el COVID-19, calificó los hallazgos como “bastante notables”.
  • “Creo que esto es suficiente para convencer a muchos médicos de que prescriban fluvoxamina a algunos pacientes que se encuentran en las primeras etapas del COVID-19, especialmente a las personas que tienen muchos factores de riesgo”, dijo Reiersen.
  • El coautor del estudio Edward Mills, de la Universidad McMaster en Ontario, indicó que la rentabilidad de la fluvoxamina podría beneficiar a las naciones más pobres o aquellas con bajas tasas de vacunación.

Fuente principal de la noticia: The Washington Post.

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