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MIGRACIÓN. El proceso migratorio, de acuerdo con especialistas, afecta la salud mental de los latinos/ EFE

Pandemia, desempleo, inestabilidad económica. Para los migrantes hispanos que hacen vida en Estados Unidos no hubo tregua en los últimos meses y sus efectos, aunque no siempre están ahí y son palpables, son lo suficientemente reales como para transformarse en consecuencias inevitables e incluso mortales. La salud mental del grupo sufrió un duro daño por numerosos motivos y eso lo confirman los expertos, quienes apuntaron en el pasado reciente a cada vez más diagnósticos relacionados con la ansiedad, trastorno del sueño y depresión. 

Ejemplos de ello fueron los ataques de pánico, adicciones, suicidios y hasta la muerte como consecuencia de obstáculos que terminaron siendo más grandes que los individuos, lo que se potenció con la falta de ayuda.

Aunque Estados Unidos apunta a su recuperación, los estragos siguen causando secuelas en la comunidad latina. De acuerdo con datos de la Administración de Salud Mental y Abuso de Sustancias (Samhsa por sus siglas en inglés), el 12.2% de la población hispana en el país sufrió graves episodios de angustia psicológica. El número se traduce en 7 millones 400 mil individuos que sintieron la incidencia.

No hubo quien no se viera afectado por el arribo de la pandemia del COVID-19; no obstante, las secuelas tuvieron menor o mayor impacto dependiendo de la situación de cada individuo. Para la psicóloga venezolana Meury Rivero, quien habló en exclusiva con El Tiempo Latino, el coronavirus «golpeó la psique del ser humano porque hablamos de coartar su libertad, además que se trató de algo desconocido sobre lo que no tuvimos ningún tipo de control. Cuando no tienes control, pero sí la idea de que los especialistas lo tienen, se genera cierta tranquilidad; sin embargo, nadie sabía qué era esto».

El virus se convirtió inmediatamente en un factor fundamental que generó grietas en la salud mental de los hispanos en Estados Unidos, pues su incidencia se tradujo en una paralización casi total de la actividad económica del país.

«La mayoría de los trabajos que hacen los migrantes son aquellos que el nacional no quiere realizar y justamente fueron estos los que se paralizaron con el arribo de la pandemia”, recordó la experta. “Por supuesto, hubo un incremento en los trastornos de la ansiedad y el estrés porque se convertía poco a poco en una población que no podía ser productiva a nivel económico, pero tampoco podía paralizar sus compromisos financieros».

Prioridades

Las necesidades de los migrantes no necesariamente son las mismas de los nativos. Así lo aseguró a El Tiempo Latino la psicóloga argentina Elizabeth Delicio, quien comentó que la salud mental está en un bajo nivel en comparación con otros tópicos.

“El latino llega a buscar techo, comida, sustento, posibilidades para los hijos, entre otras cosas. Que acuda a un psicólogo a veces indica que ya superó esas otras etapas», sostuvo.

«Lo que nos pasa es que cuando emigramos tenemos necesidades tan inmediatas de adaptarnos, contenernos y conseguir un trabajo, que ir al psicólogo no es una opción primaria». La experta añade que incluso algunos lo hacen cuando ya tienen varios años en el país, pueden afrontar la consulta y tienen un seguro por su propio estatus. «Es por eso que nuestra salud mental como latinos está tan perjudicada».

El estatus se suma como otra traba que influye al momento de buscar ayuda.

Datos de la Alianza Nacional de Enfermedades Mentales (NAMI) señalan que poco más de un tercio de la población hispana en Estados Unidos que padecen trastornos, el 34%, recibe tratamiento médico. Pero esto también va de la mano del acceso a la salud.

Cerca de una quinta parte del grupo étnico (19%) ni siquiera cuenta con un seguro médico, según Kaiser Health Foundation.

Que los migrantes “no tengan posibilidades sociales, como un seguro por su situación migratoria lo lleva a solo visitar al profesional cuando no tiene de otra, en una terrible situación que casi no tiene solución”, lamentó Delicio.

Solo el tema migratorio requiere ayuda, añadió su hermana y también psicóloga, Susan Delicio: «Habiendo sido expulsados de alguna manera de su tierra genera un proceso que necesita asistencia inmediata y no solo no la tienen, sino que se les suman dificultades». Estos, añadió la experta en el área, multiplican sus motivos para ver afectada su salud mental.

Efectos

Las consecuencias de cada uno de estos problemas ponen sobre la mesa un abanico de opciones que nadie quiere tomar; no obstante, la falta de ayuda empuja a sus víctimas a caer en todo tipo de dificultades.

En el caso del consumo de alcohol, según un estudio publicado este 26 de octubre en la revista JAMA Open Network, especialistas de la Universidad de Michigan determinaron que la lista de personas que buscan un trasplante de hígado en Estados Unidos creció un 50%.  De acuerdo con los expertos, «este estudio proporciona evidencia de un aumento alarmante de hepatitis alcohólica asociado con el aumento del uso indebido de alcohol durante el COVID-19».

De acuerdo con los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) las sensaciones negativas se apoderan de las personas cuando más vulnerables se ven. Según un estudio de la agencia federal, el 4.2% de los latinos estaba diagnosticado con depresión, el 3.4% sentía desesperanza y el 7.5% reconocía que alcanzar sus metas generaba un esfuerzo mayor del pensado.

Sin embargo, un puñado fue más allá y no encontró respuestas a su preguntas, con la muerte como un paso cercano. La tasa de suicidios entre hispanos se ubica en 7.4%. Pese al porcentaje, el dato sigue siendo menor en comparación con los blancos no hispanos que viven en Estados Unidos (18.1%).

Para Elizabeth Delicio, atacar los problemas con los que llegan varios de sus pacientes no es tarea sencilla: «A veces no sabemos por dónde empezar, si por el problema interior, el exterior, por el problema social, económico, médico. Son muchos los problemas que traemos los inmigrantes latinos».

Para su hermana, Susana, los casos que nota con mayor frecuencia en los últimos meses tienen que ver con «estados depresivos, conductas compulsivas, trastornos de alimentación y de sueño, así como crisis matrimoniales y familiares».

En el caso de Rivero, en el pasado tenía un variado espectro de posibles diagnósticos (problemas de pareja, autoestima y crisis personales), pero ahora la mayoría de ellos están ligados a la ansiedad y ataques de pánico.

Salud mental en los niños

Una población que en el último año también sufrió duros episodios que afectaron su salud mental fueron los más pequeños. Elizabeth Delicio expresó que «la imposibilidad de no ir a las escuelas, encerrados en casas, les han impedido socializar».

Rivero confirmó y agregó que «incrementó el diagnóstico de ansiedad, depresión e ideas suicidas en niños y adolescentes»; no obstante, la especialista fue más allá y recordó que los efectos en ellos también llevaron a muchos a quitarse la vida.

Los CDC detallaron que la tasa de suicidios en adolescentes hispanos fue del 7.6%; sin embargo, los números fueron más elevados respecto a los pensamientos suicidas y los intentos de hacerlo.

En el informe de los CDC se revela que el 17.2% de los adolescentes latinos consideró el suicidio, mientras que el 8.9% incluso intentó quitarse la vida.

NIÑOS. Los más pequeños también han sufrido las secuelas de la pandemia/Pixabay

Prevención para una buena salud mental

Con la reactivación económica, otro obstáculo. Rivero mencionó que hubo casos en los que el pánico volvió a apoderarse de las personas. Según la psicóloga, la traba llegó en una serie de migrantes que por su estatus no se encontraban en el sistema de salud nacional y sintieron que debían arriesgarse al acudir a su trabajo pese a las consecuencias de no contar con un seguro médico. «Estás entre la espada y la pared: si no trabajas no comes. Además hay un profundo miedo de volver a trabajar por la exposición al virus».

Sin embargo, aunque las expertas aseguraron que las prioridades de los migrantes latinos son otras, invitaron a acudir con especialistas y así evitar consecuencias que tengan un serio efecto sobre el organismo del paciente.

«Hay muchas falsas creencias en torno al psicólogo», sostuvo Rivero. «Hay que ir a terapia porque la mente es el control maestro. Puedes tener alguna condición física, pero con una mente sana serás productivo y aportarás a la sociedad en la que vives. Pero puedes tener un cuerpo con excelente salud; sin embargo, con una mente que no está sana no podrás avanzar».

La meta no es otra que bajar en la mayor medida posible los índices de afecciones mentales y las pérdidas de vida, así como equilibrar cuerpo y mente para conducir una sociedad cada vez más productiva.

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