CONFLICTO. Talibanes patrullan en Kandahar, Afganistán, el 19 de agosto de 2021. | Foto: Efe.
Ana Julia Jatar, miembro de la Junta Editorial y directiva de El Tiempo Latino.

Este pasado fin de semana nos llenaron de tristeza las terribles imágenes de miles de afganos trepándose por las alas y las escaleras de los aviones norteamericanos que despegaban del aeropuerto de la ciudad de Kabul luego de ser tomada por los talibanes. En medio del caos y la desesperación, algunos se colgaron del tren de aterrizaje y al despegar la nave, cayeron al vacío prefiriendo así perder sus vidas a la opción de regresar al castigo que les esperaría al volver a sus hogares. 

Quienes vinimos a este país, a Estados Unidos, huyendo de dictaduras o de las garras del crimen organizado en nuestras patrias, no podemos hacer otra cosa que sentirnos identificados con esa parte del pueblo afgano que durante 20 años luchó por la libertad para terminar, otra vez, en manos de los opresores. En este sentido, las mujeres están en primera fila. Para ellas vaya todo nuestro reconocimiento unido a la esperanza de que pronto vean los frutos de su larga lucha. No las dejaremos solas. También vale la pena recordarles a quienes en nuestro continente Latinoamericano siguen repitiendo los cantos de sirena de los que creen en soluciones extranjeras a sus problemas y sueñan con una invasión para salir del dictador de turno, que esa no es ni debe ser la solución. Tomemos nota.

Estamos seguros de que habrá tiempo para planificar con la comunidad internacional el destino del gobierno Talibán en Afganistán. En ese sentido, no olvidemos que no son un gobierno democráticamente electo. También tomemos en cuenta que los talibanes de hoy no pueden ser los mismos de hace 20 años, como tampoco lo es la sociedad civil de ese país, ni las mujeres, ni los 250 mil militares que formaron parte del ejército del gobierno apoyado por Estados Unidos. Lo que sucederá en el futuro está lleno de interrogantes, pero lo que pasa hoy no puede esperar. Ahora hay que actuar y ayudar a quienes dedicaron 20 años de sus vidas a construir una sociedad con valores modernos de respeto a las creencias de cada quien. No podemos abandonarlos.

Las imágenes de helicópteros sobre el cielo de Kabul a la espera del personal de la embajada norteamericana para sacarlos del país fueron comparadas con escenas similares del final de la guerra de Vietnam cuando en abril de 1975, la ciudad de Saigón cayó en manos de los comunistas de Vietnam del Norte, el Viet Cong, luego de casi 20 años de guerra con los Estados Unidos. Las comparaciones son tentadoras. Sin embargo, los Estados Unidos y sus aliados tienen hoy la oportunidad de que este no sea un “momento Saigón” en el cual quedaron atrás miles de personas leales al occidente. Este tiene que ser un “momento Dunquerke”, es decir de rescate y no de abandono.  En Dunquerke se realizó en mayo de 1940 la operación rescate más exitosa de la historia moderna. Tuvo lugar en las costas de Francia y allí en la playa del mismo nombre se salvaron a 340 mil soldados ingleses, franceses y belgas atrapados por las fuerzas nazis que fueron trasladados a Inglaterra por barcos militares y decenas de embarcaciones privadas manejadas por sus dueños en voluntariado.

Un número desconocido de afganos (por lo menos 40 mil) aspiran salir de su país para poder rehacer sus vidas en un mundo de libertades como el que soñaron para ellos y por el cual lucharon. Desafortunadamente, su tragedia choca de frente con un momento en el cual la tolerancia a los inmigrantes no goza de suficiente apoyo político en muchos países de Europa.  Pero es el deber de Estados Unidos proveer los mecanismos para proteger a quienes fueron sus aliados durante 20 años, sobre todo cuando vemos que hay indignación en ambos partidos por la forma como se ha ejecutado la salida. Esperamos, entonces, que aceleren de manera unánime el otorgamiento de las visas especiales para inmigrantes (SIV), las cuales han sido ridículamente lentas en ser otorgadas a los afganos debido a la burocracia y papeleo. Estamos convencidos de que sacar al mayor número de afganos que quieran salir de su país es lo menos que Estados Unidos puede hacer en este momento. Es su responsabilidad y se lo debe a su tradición, a su origen y los valores morales por los cuales tantos han sacrificado sus vidas.

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