Andrea Lucía Olivo Colmenarez tiene 30 años de edad y nació en Venezuela. Se mudó a Boston en el año 2016 debido a diversos tratamientos médicos a los que ha tenido que someterse por poseer una Malformación Vascular arteriovenosa (AVM).

 Andrea cuenta que por falta de tecnología y de experiencia en su País Natal, sus padres se vieron en la obligación de buscar otras alternativas fuera de Venezuela, y fue entonces que consiguieron a un equipo Multidisciplinario capacitado en el Boston Childrens Hospital. Luego de un largo camino en busca de los medios para cubrir la primera etapa de su tratamiento, lograron traerla a Boston cuando apenas tenia 9 años.

Durante su segunda estadía en Boston, estudió 5to grado de primaria en un colegio de Brookline, y luego de dos años regresó a Venezuela. “Comencé a estudiar Violín y fui integrante del Coro de Manos Blancas (gestual), terminé mis estudios de Bachillerato, trabajé en el Conservatorio de Música impartiendo clases a personas con discapacidad, fui Payaso de Hospital y me admitieron en la Facultad de medicina, en la cual cursé dos años interrumpidos por cumplir con mis tratamientos médicos”, contó. En el 2016 tuvo que viajar a Boston nuevamente para una cirugía importante, y fue ese año en el que decidió dejar atrás su País y emprender un nuevo rumbo en pro de su salud.

Andrea cuenta que su primer año fue retador por todo lo que implica emigrar. Al año de haber llegado obtuvo su primer empleo formal en Michael’s art and craft store en el departamento de atención al cliente donde sirvió por dos años.

Sin embargo, siempre le ha movido su pasión por la humanidad y vocación por la medicina. Así fue como consiguió paralelamente trabajar con una persona con Alzheimer por año y medio, mientras estudiaba en las noches para certificarse como asistente médico. Cabe destacar que Andrea irónicamente desarrolló su pasión por la Medicina desde muy corta edad, a pesar de qué ha pasado gran parte de su vida en Hospitales acompañada de experiencias poco agradables.

A pocos días de graduada, Andrea firmó contrato con un Hospital importante de la Ciudad de Boston, Mass Eye and Ear Infirmary, comenzando así un nuevo capítulo que la acercaría un poco más a su meta.

Durante la emergencia sanitaria se le solicitó apoyo en la unidad de COVID-19 de dicho Hospital. “Estuve durante un mes trabajando turnos de 12 horas en la unidad. Estar ahí ayudando a todos los que padecían y sufrían fue de las cosas más lindas que he vivido, una sensación agridulce totalmente”, dijo.

Actualmente, un día de trabajo en el departamento de otorrinolaringología comienza a las 8:30 am y termina a 5:00 pm durante la semana, y los fines de semana se dedica a evaluar a los estudiantes y staff de Northeastern University. realiza pruebas de Covid-19 alrededor de 750 estudiantes por día.

Andrea da un mensaje de esperanza a todos los seres humanos que se sienten fuera de lugar estando en una sociedad poco inclusiva. “No estamos solos, cada uno de nosotros tenemos un espacio en el mundo, pero solo nosotros tenemos el poder de hacer de esa pequeña porción que nos corresponde algo único y sobresaliente. Lo más importante es ir dejando huellas sin pisar a otros. Hemos sido creados por un Dios perfecto que nos dotó de talentos y virtudes que debemos desarrollar para el bienestar y servicio de la sociedad. Absolutamente nada es imposible, nada”, finalizó.

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