Dario Lemos, nació en Buenos Aires- Argentina y estudió biología en la Universidad de Buenos Aires. Se mudó a Estados Unidos cuando tenía 25 años e hizo su doctorado en Oregon. Luego, se mudó a Canadá por 6 años, para realizar un entrenamiento en medicina regenerativa. En 2015 vino a Boston y trabajó en Biogen. “Se sacrifica mucho cuando uno se va del país, te pierdes muchos eventos familiares, pero ahora estoy trabajando en lo que quiero”, contó el científico.

Dario tiene un laboratorio afiliado a Brigham and Women ‘s Hospital y Harvard Medical la cual se dedica a la investigación en regeneración de tejidos. Su laboratorio tiene dos tipos de líneas de investigación:“Nos dedicamos a investigar la regeneración de daño agudo en riñón, esto se puede dar en personas que reciben trasplantes, que tienen una embolia o punción en la uretra. Nuestra segunda línea de trabajo se dedica a utilizar células humanas para regenerar tejidos humanos”, dijo. En el laboratorio también surgió una tercera línea de investigación dedicada a estudiar porqué algunas degeneraciones de tejidos son genéticas.

A Dario siempre le interesó este campo de investigación. “Cuando estaba en Buenos Aires estudiaba plasticidad neuronal y el hecho de que las neuronas tuvieran la capacidad de modificarse para guardar una memoria a largo plazo en el hipocampo me parecía fascinante”, contó. Por lo cual, el científico consideró que algo parecido podía pasar con los tejidos.

Por otro lado, también lo impulsó una razón personal. “Me desagrada el concepto de la muerte, no me gusta la idea que se deteriore el cuerpo.Por ejemplo, mi abuela estaba muy lúcida y se murió de falla renal a los 72 años”, contó. Ese fue el momento en el que entendió que el fallo de un órgano puede causar la muerte de la manera más cruda.

Todavía este tipo de investigación es experimental, pero los estudios están avanzando. En caso de ser aprobada la aplicación de esta tecnología en el futuro, los pacientes deben entregar una muestra de sus células madres y luego proceder dependiendo de la necesidad del paciente. “Tal vez, el paciente necesite que modelemos la enfermedad que padece, y así podemos ver que droga mata las células del tumor, sin matar las células benignas. También podemos regenerar tejidos cuando el daño no es tan profundo, en particular, en el riñón”, dijo. “Otro ejemplo, puede ser, para casos de terapias cardíacas, tomar cardiomiocitos e integrarlos al corazón lesionado”.

Sin embargo, estos estudios ya tienen aplicación actualmente. El laboratorio de Dario tiene colaboraciones con compañías farmacéuticas las cuales le piden pruebas sobre sus drogas con sus prototipos de organoides creados en el laboratorio a partir de células madres. “Estas empresas nos piden que revisemos la toxicidad de una droga a través de nuestros organoides, y así podemos ver que tal funcionan”, agregó.

Estos estudios podrían traer una solución en el futuro para las personas que necesitan trasplantes de órganos y ya no tendrían que lidiar con la espera de donantes de órganos ya que la reconstrucción sería con sus propias células. “Yo creo que en las próximas dos décadas vamos a tener sistemas implantables y uno de los principios con lo que nosotros abogamos es que las personas tengan control de sus propias células y que sepan que está pasando en cada paso”, dijo Lemos. Vale acotar que hay patologías irrefrenables que abarcan un gran espectro en el cuerpo, en este caso, la tecnología no podría ser eficiente ya que está pensado para zonas más específicas del cuerpo.

Dario cuenta que para lograr estos estudios, tuvo que atravesar un largo camino como latino. “Cuando llegué a Estados Unidos lo hice con una beca y cuando se terminó tuve que volver a Buenos Aires, y en este momento estaba a medio camino de mi doctorado y eso fue una lucha para que me extendieran la beca. La gente del laboratorio buscó la forma de que me pudiera quedar y me contrataron. Pero de nuevo, mi visa se caducó y me tuve que ir a Canadá. Pero creo que hay algo en los científicos que hace que no nos rindamos”, aseguró. “A pesar de todo, ahora estoy haciendo lo que quiero, y trabajo mucho por mantener mi laboratorio”.

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