Como inmigrante y ciudadana actual de los Estados Unidos me impactaron las palabras de Michelle Obama en la convención del partido demócrata esta semana. Fue un discurso inteligente, emotivo, realista, alentador y alertador. Para quienes hemos huido de países donde dictadores por naturaleza utilizaron las instituciones democráticas para colarse en el poder y convertirse progresivamente en dictadores de facto, sus palabras tuvieron el amargo sabor de una pesadilla que podía repetirse. Sabemos por la historia, que los dictadores natos son unos narcisistas sin empatía que desde niños aprenden a mentir patológicamente para lograr lo que desean. No tienen reparo en usar el alago, el soborno, las amistades y la propia ley, para lograr lo que desean. Su objetivo es siempre alcanzar el poder máximo sobre sus amigos, su esposa, familia, en el club, en el país o en el mundo. Cuando por desgracia llegan a ser presidentes se van robando la democracia a mordisquitos, mientras más imperceptibles mejor para ellos, hasta que se la devoran completa. Inventan conflictos, divisiones, enemigos internos y externos para infundir miedo y odio. Por eso las palabras de alerta de Michelle Obama lograron erizar los pelos de la nuca de muchos que ya hemos pasado por ahí. Quienes hemos tenido que dejar a nuestros países precisamente por haber elegido a un populista que acabó con las instituciones democráticas a costa de azuzar la confrontación y el conflicto. Crear a los “buenos y malos” que le conviene olvidándose en el camino de ser el presidente de todos para convertirse en el protector implacable de quienes lo veneran con lealtad ciega. Digo hoy con el cantautor Joan Manuel Serrat: Sino fuesen tan temibles, nos darían risa y sino fuesen tan dañinos nos darían lastima…

La ex primera dama destacó con gran dolor las divisiones en que las cuales se ha sumido Estados Unidos: “Ahora, entiendo que mi mensaje no será escuchado por algunos. Vivimos en una nación que está profundamente dividida, y soy una mujer negra hablando en la Convención Demócrata”. Luego advirtió con gran convicción a los espectadores que, si tenían que llevar consigo algo de su discurso, que se quedaran con la siguiente alerta, las cosas por el rumbo que van, empeorarán. “Si piensan que las cosas no pueden ir peor, confíen en mí, sí que pueden empeorar; y lo harán si no hacemos un cambio en estas elecciones”.

Como primera dama y como testigo presencial de lo que llamó “el peso inmenso y el poder impresionante de la Presidencia”, aseveró: “El trabajo es difícil. Requiere de un juicio lúcido, un dominio de asuntos complejos y competitivos, una devoción hacia los hechos e historia, una brújula moral, una capacidad para escuchar y una creencia permanente de que cada una de las 330 millones de personas en este país, tiene significado y valor”. Esto último resuena en nuestra comunidad latina con especial tono, igual que en todas las personas de color, en quienes somos inmigrantes y también las mujeres que se han sentido señaladas como enemigos internos por parte de la Casa Blanca solo por exigir respeto a nuestros derechos constitucionales.

Más de 170 mil ciudadanos de este país han perdido la vida a causa de la Pandemia que vivimos. Es un secreto a voces que la gran mayoría de quienes han muerto son personas de color, afroamericanos y latinos. Me temo y, ojalá esté equivocada, que la evidente falta de empatía por parte de la Casa Blanca con esta terrible tragedia tiene mucho que ver con la idea de que la vida de los blancos vale más. Asusta que se propague el inconstitucional imaginario de que este país les pertenece y el único derecho que les importa es el de portar armas. El resto, quienes en este momento nos sentimos ciudadanos de segunda, deseamos el país al cual juramos pertenecer cuando nos hicimos ciudadanos: “Sostenemos como evidentes en sí mismas estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. El presidente que no respete estas palabras de los Padres Fundadores de nuestro país, no merece estar en la Casa Blanca tal como lo dijo Michelle Obama.

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