Claudia Ginestra
Desde hace años sabemos que el cambio climático es una realidad, pero muchas personas no ven la relación que existe entre este fenómeno y la salud humana. «La separación de la política sanitaria y medioambiental es una peligrosa ilusión. Nuestra salud depende completamente del clima y de los demás organismos con los que compartimos el planeta. Necesitamos unir a estas comunidades. Se han logrado algunos avances para abordar el riesgo de propagación de patógenos de los animales a las personas. Pero en gran medida, todavía consideramos el medio ambiente y la vida en la tierra como algo separado. Podemos y debemos hacerlo mejor si queremos prevenir la próxima pandemia infecciosa. Eso significa que debemos combatir el cambio climático y hacer mucho más para salvaguardar la diversidad de la vida en la tierra, que se está perdiendo a un ritmo nunca visto desde que los dinosaurios, y más de la mitad de la vida en la tierra, se extinguieron hace 65 millones de años», así lo dice la página de Salud Pública de Harvard.
Conversamos con el Dr. Aaron Bernstein, director del centro para el clima, salud, y medio ambiente de la escuela de salud pública de Harvard (Harvard Chan C-Change) , quien nos explicó que las condiciones que se han creado por el cambio climático, como la polución del aire, generado por las emisiones de carbono, agravan los síntomas de las personas que tienen COVID-19 y aumentan las probabilidades de morir. También aumenta la rapidez con la que se propaga el virus. «El cambio climático agrava la situación de una pandemia global, por ejemplo, necesitamos mucha agua para poder lavarnos las manos a cada rato, pero cada vez hay mayor inseguridad de este elemento», contó el experto. También tomó el ejemplo de las olas de calor. «Normalmente cuando hay una ola de calor, la gente va a centros de enfriamiento, pero ahora con las restricciones es más complicado, por lo que una persona vulnerable puede vivir un calor intenso en su casa que afecte su salud», dijo.
Por otro lado, los comportamientos y actividades ocasionadas por el cambio climático también pueden ocasionar pandemias. Entre las principales actividades humanas que predisponen al mundo a desarrollar pandemias se encuentra la deforestación. «Prevenir esta actividad es uno de los aspectos claves para no generar futuras pandemias ya que de esta manera no irrumpimos el espacio de los animales», dijo Bernstein. «La deforestación hace que los patógenos salten de los animales a humanos y así se generan las pandemias». Es bueno recordar que en los bosques viven personas que han estado allí desde hace mucho tiempo. «Destruir esos bosques es destruir hogares», agregó.
La reciente epidemia de ébola en África occidental probablemente se produjo en parte porque los murciélagos, portadores de la enfermedad, se vieron obligados a trasladarse a nuevos hábitats porque los bosques en los que solían vivir habían sido talados para cultivar palmeras.
Ante este panorama, podemos hacer muchas inversiones inteligentes para evitar otro brote. Las agencias federales, estatales y locales pueden apoyar el liderazgo de la salud pública y la ciencia. Se puede proporcionar más fondos para la investigación necesaria, la respuesta temprana a los brotes y los suministros para las pruebas. Y podemos hacer mucho más para controlar el comercio ilegal de vida silvestre.
El experto apunta que estas medidas ya se han tomado, y países ricos han enviado dinero a países más pobres, como por ejemplo a Brasil, un país que en el 2005 comenzó a tomar medidas en contra de la deforestación y la protección del ambiente. Sin embargo, al llegar la nueva administración del presidente, Jair Bolsonaro, todos los planes cambiaron. «En Brasil se invirtieron miles de dólares, y el gobierno había decidido aprobar políticas que protegieran los bosques y las comunidades indígenas, luego llegó una nueva administración y todo fue un desastre, y ahora con todo el tema del virus, Brasil estará muy afectada», aseguró el director. Cuando bajó la deforestación en Brasil, el rendimiento del cultivo subió y la economía mejoró.
Con respecto al tráfico ilegal de especies todavía estamos muy lejos. «Realmente no tenemos organizaciones que se encarguen de sancionar estos casos. Tenemos a la OMS (Organización Mundial de la Salud) para vigilar la salud humana, tenemos OIE (Organización Mundial de Sanidad Animal) la cual monitorea la salud animal, Pero no hay equivalente que monitoree la vida salvaje y las posibles enfermedades que pueden propagar. «Además, los países ricos importan una gran cantidad de animales salvajes de países pobres, y las compañías que hacen esto deberían tener estándares sanitarios muy altos para evitar enfermedades», agregó.
El modelo ideal para prevenir una pandemia, o el brote de una enfermedad infecciosa la tienen países como Bangladesh, un lugar en donde existe un virus mortal llamado Nipah. «Se descubrió que el virus se estaba transmitiendo desde la savia de una palmera datilera hacia los humanos. Pero en ese país, entienden que la salud animal y la humana están relacionadas y así pudieron identificar el problema y evitar la propagación», aseguró.
Para combatir el cambio climático, debemos reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero. La generación de electricidad a partir de fuentes de energía bajas en carbono, como la eólica y la solar, reduce los contaminantes atmosféricos nocivos, como los óxidos de nitrógeno, el dióxido de azufre y el dióxido de carbono, que provocan más ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares, así como obesidad, diabetes y muertes prematuras que ejercen más presión sobre nuestros sistemas de salud. Repensar nuestras prácticas agrícolas, incluidas las que se basan en la cría de decenas de millones de animales en espacios reducidos, puede evitar las transmisiones entre animales y el contagio a las poblaciones humanas. Reducir la contaminación del aire causada por la quema de combustibles fósiles como el carbón, el petróleo y el gas natural también ayuda a mantener saludables nuestros pulmones, lo que puede protegernos de infecciones respiratorias como el coronavirus.
Los gobiernos y las autoridades tienen que ser conscientes a la hora de tomar decisiones con respecto a la salud y el clima. «Debemos demostrar a las personas que toman las decisiones que invertir en salud y cambio climático nos ahorrara muchísimo dinero en el futuro», dijo el director. El centro publicó un estudio en el que explica cómo estamos gastando mucho más dinero ahora con la crisis sanitaria, que lo que nos costaría una buena inversión en prevención. «Si tomáramos las medidas para prevenir el cambio climático nos costaría entre 20 y 30 billones de dólares al año globalmente, eso suena a mucho dinero, pero el mundo está gastando entre 10 trillones de dólares por la crisis de COVID-19 y la cifra anterior es solo un 2 o 3 por ciento de ese monto», aclaró Bernstein.
Gastamos poco más de $ 3 billones cada año en los Estados Unidos en atención médica. Y según algunas estimaciones, más de la mitad de las muertes en los Estados Unidos se pueden prevenir, en gran parte debido a la contaminación, la dieta, el ejercicio y los hábitos de estilo de vida como fumar. La escuela de Harvard invita a pensar en lo que podríamos ahorrar simplemente reduciendo la contaminación del aire, comiendo menos carne e incorporando el ejercicio en nuestro día caminando o en bicicleta con más frecuencia. Podríamos usar los ahorros para invertir en la prevención del cambio climático, entre otras cosas como la educación y el pago de salarios justos.
En 2011, un estudio de la Agencia de Protección Ambiental que analizó los costos y beneficios de la Ley de Aire Limpio encontró que cada $ 1 invertido para reducir la contaminación del aire devuelve hasta $ 30 en beneficios. «Lo único que nuestra salud y nuestra economía no pueden permitirse es la inacción climática», aseguró el experto.