La discriminación es una plaga barbárica que hay que erradicar. Desde nuestro equipo editorial, le pedimos a nuestros líderes locales que asuman su responsabilidad histórica. Ante la inexplicable ausencia del liderazgo moral a nivel nacional que tanto necesitamos en estos tiempos de Pandemia y descontento, es casi una exigencia.

El país pide justicia y dice ¡ya basta! Basta de ver a policías blancos asfixiando a ciudadanos negros. Basta de ver custodios de la guardia fronteriza con México violando las leyes para dejar morir a menores latinos y deportar a adultos injustamente. Basta de impunidad para quienes asesinen a inocentes solo por tener una orientación de género distinta.

¿Qué tienen en común estas tragedias? La violación a sus derechos humanos como minorías, pero mas importante aún, la ausencia de justicia ante estos crímenes. Los culpables rara vez son juzgados, los casos son poco conocidos y mientras tanto, el caldero de la frustración sigue subiendo de temperatura. Esto no puede permitirse en una democracia porque si se permite, deja de serlo.

La diferencia entre opresión y libertad reside en el respeto a los derechos de las minorías. La democracia no se define por la fuerza que impone una mayoría que haya ganado electoralmente, no. La salud de una democracia se mide justamente, por lo contrario. La vitalidad de una democracia se basa en su capacidad de limitar las actuaciones potencialmente arbitrarias de la mayoría que gobierna, con el freno del poder judicial y el congreso.

Condenamos enérgicamente la violencia, el robo y la destrucción que desafortunadamente pretenden tomar como rehén una protesta legítima.

Exigimos hoy más que nunca, justicia para las minorías. Queremos ver a los culpables, no solo destituidos de sus trabajos como servidores públicos sino juzgados en un tribunal. Somos inmigrantes que hemos creído en este país, no nos defrauden.

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