ir al contenido

Se avecina un futuro incierto para dueños de restaurantes hispanos

La pandemia del coronavirus ha causado estragos en la economía, especialmente en familias de inmigrantes y de clase trabajadora. Casi 24 por ciento de los trabajadores de Massachusetts ha solicitado ayuda por desempleo, y la ayuda federal para los negocios pequeños ha sido insuficiente.

Los restaurantes de dueños hispanos han sido duramente golpeados, y ahora se enfrentan al dilema de cerrar, mantener abierto el negocio con un estrecho margen de ganancia, o solicitar un préstamo que (si les llega) significa endeudarse.

Hasta el mes de abril, unos 211 mil empleos se han perdido en Massachusetts en la industria de restaurantes, según la Asociación de Restaurantes del estado. Eso pudo generar que hasta la fecha se dejaran de percibir 2.3 mil millones de dólares, montos que mantienen alerta a los propietarios.

Muchos propietarios de restaurantes buscan innovar cada día, pero siempre con la intención de proteger a los trabajadores.

El salvadoreño Saúl Ortega, co propietario de la cadena Pollo Royal con sucursales en Chelsea y Revere, explicó que tras la llegada del coronavirus evaluaron todos los escenarios. “Trabajamos en un plan de contingencia, buscamos cómo proteger a los empleados y a los clientes”. Dijo que el debate entre cerrar y reabrir podía llegar junto a una inversión económica que, ante la emergencia, difícilmente se pudiera tener.

Hay quienes decidieron cerrar pero tras extensión de medidas de distanciamiento social, tuvieron que reabrir sus puertas semanas después, como es el caso de Estefanía Ladner y su esposo José García, propietarios de Ebi Sushi en Sommerville y Sushi Kappo en Fenway. Estefanía explica que sus restaurantes estaban diseñados originalmente para sentarse y pedir del menú en el sushi bar, pero que con las restricciones en pie, se han tenido que adaptar al delivery.

Anteriormente su negocio contaba con delivery pero no era directo sino que a través de una empresa, la cual percibía gran porcentaje de Ebi Sushi. Ahora, en medio de la pandemia, tuvieron que implementar su propio mecanismo de delivery; el único factor en contra es que el chef no puede ofrecer las recomendaciones que normalmente hace en el restaurante.

Durante la crisis y debido a que servicios de entrega como Grubhub y Caviar cobran tarifas cercanas a 30% del costo del product, han surgido nuevas alternativas. Toast Delivery Services es una herramienta que está vigente y no cobra comisiones sino que trabaja con la modalidad de pago único.

Para Ladner, la normalidad de los espacios repletos de clientes no está cerca.“Hemos tenido gran apoyo de nuestros clientes que nos siguen desde hace 10 años. Ha sido una bendición increíble para nosotros”, comentó en entrevista para El Planeta, “pero es muy incierto lo que nos espera», reconoció.

Aunque el presidente Donald Trump ha asomado la posibilidad de lograr la vacuna para el coronavirus antes de que finalice 2020, eso no sería el reinició de la totalidad de las actividades de los restaurantes porque aún habría que asumir los estragos del distanciamiento social.

Una alternativa que ha funcionado para Andrés Branger, propietario del restaurante latino Orinoco, ha sido proveer comida al sector salud que está trabajando en las emergencias. El mecanismo consiste en que los clientes donantes contribuyan económicamente para llevar el pedido a enfermeros y medicos. Esta podría ser una opción sustentable para el future, pero se necesitaría un patrocinio fijo, lo cual es también muy incierto.

Plan de ayuda insuficiente

El Congreso promulgó una ayuda de unos dos billones de dólares para otorgar préstamos potencialmente perdonables, destinados en su mayoría para reforzar las nóminas, pero para Saúl Ortez, propietario de Pollo Royal, opina que los préstamos son insuficientes. “Estamos conscientes del plan de ayuda del Gobierno pero no es suficiente para reabrir un negocio cuando se tuvo que cerrar”, explicó.

Ortez es dueño de seis establecimientos, cuatro de ellos en Massachusetts y aunque tuvo respuesta rápida de dos semanas, lamenta que algunos comerciantes no han tenido buen resultado, lo que a su juicio se verá reflejado en el cierre de los restaurantes y en la imposibilidad para abrir las puertas una vez la pandemia sea superada. “La ayuda debe ser fuerte para al menos sostenerse y pasar lo peor de lo que viene porque la crisis por COVID-19 apenas comienza”.

Las constantes reuniones para evaluar las consecuencias del coronavirus manejan la agenda de los propietarios.  Andrés Branger es dueño del restaurante latino Orinoco en Brookline y tras distintas conversaciones con los empleados, llegaron a un acuerdo de restringir el horario de atención al público. Trabajan seis días a la semana y diariamente, los empleados están cinco horas en el restaurante.

Rich Cuthie, director ejecutivo de la Cámara de Comercio de Chelsea, dijo que la mayoría de los restaurantes en Chelsea, muchos de propietarios minoritarios, trabajan con un margen pequeño en condiciones normales. “Si se les ordena trabajar al 50 por ciento de su capacidad, no va a ser sostenible para ellos a largo plazo», aseguró.

Mientras los comerciantes urgen ayuda económica por parte del gobierno, East Boston Main Streets, sostiene que solo cinco negocios hispanos en East Boston (de los 105 registrados) han recibido el soporte financiero de Small Business Administration.

X